La ley del silencio de las limpiadoras

Uno de los sectores más feminizados vive bajo la amenaza de represalias laborales por denunciar la precaridad y temporalidad


Redaccion

Casi en la víspera de que comenzara una huelga indefinida en el sector de la limpieza en Asturias se logró un principio de acuerdo que paralizó una convocatoria que se hubiera podido prolongar todo el mes de octubre. No es para menos, el sector de la limpieza, uno de los más feminizados, lleva demasiado tiempo con el convenio bloqueado en un estancamiento de precariedad que ha hecho más penosos los trabajos. Hasta el punto de que son pocas las voces que se atreven a denunciarlo.  Se trata de un empleo repartido en tiempo y en el espacio, con un cúmulo de centros de trabajo donde se ocupan unas horas o minutos y largos desplazamientos de uno a otro. En muchos casos las trabajadoras llegan a casa después de muchísimas horas echadas en el tajo para que la cuenta efectiva de los ingresos se reduzca a horas o minutos.

Recientemente se denunció que una de las subcontratas de Liberbank ofrecía contratos de 40 minutos semanales, ninguna de las trabajadoras afectadas aceptó salir en este reportaje por temor a las represalias. Otras mujeres denuncian que «en muchas empresas te dicen no hables, no digas, no comentes con los jefes de los sitios. No puedo permitir ciertos lujos, en mi casa no entran más ingresos que los míos y la ayuda de mi marido y somos tres personas que tenemos que vivir todos los meses», explica H. (nombre ficticio) sobre el temor a las protestas. 

«Hoy en día hay mucho paro hay mucha gente que no trabaja y tienes miedo porque te despiden con nada, con cuatro duros vas a la calle, los trabajos son precarios y pueden coger a otra persona porque hay mogollón; además hay represalias y pueden hacer que estés mal a gusto en el trabajo hasta que te vayas tú», explica M (otro nombre ficticio) respecto a los problemas para denunciar la situación laboral que padecen.

En general, buena parte de las demandas de las trabajadoras se enfocan en su deseo de sumar una jornada laboral de más de 30 horas semanales y, como si fuera un sueño casi imposible, cumplirlas en un mismo centro de trabajo. La realidad es que los servicios a veces distan kilómetros y los contratos son casi de instantes.

«Desde mi casa bajo al centro, vuelvo a subir, otras veces vuelvo a bajar y por la tarde lo mismo así que me muevo de mi domicilio alrededor de tres veces. Voy a Tremañes, me vuelvo al centro, me voy a los institutos, tengo que ir al Musel, o sea que me recorro Gijón entero y todas esas horas que pierdes en los trayectos también es tu tiempo», explica H para quien «los trabajos están muy espaciados y al trabajar para cuatro empresas tienes que cuadrar los horarios como se permite. Me pagan por transporte como si hiciera un viaje de autobús, eso me ponen en la nómina, y aunque se multiplique por los 30 días no cubre un abono mensual».

H. recalca que es una situación generalizada «la gente con la que hablo trabaja como mínimo para tres empresas, casi nadie tiene jornada completa en un empresa». En su caso siempre que puede completa el mes con una limpieza a domicilio particular si se presenta la ocasión. En muchas ocasiones no es posible cubrir unas vacaciones a una compañera que es lo que permite a la mayoría sumar la jornada de un mes. « Un mes a lo mejor llegas a esas 30 horas, si cubres vacaciones completas la jornada. Pero si no cubres esas vacaciones, no te llega; tú la jornada completa no la cubres en todo el año».

Para M. la situación es distinta porque trabaja en un único centro pero sólo 12 horas semanales de martes a viernes, tres horas al día. «Salgo de casa por la mañana y cojo el autobús para entrar a las nueves y luego con el regreso eché cinco horas pero de esas yo sólo cobro tres». En opinión de esta trabajadora «para hacer una jornada decente tienes que andar de la Ceca a La Meca. A veces veo llegar a alguien que cubre unas vacaciones en mi centro, que llega con la lengua fuera, que si tenía que estar a las doce llega a y cuarto y tampoco puede llegar a terminar todo aquí porque a y media tiene que estar en otro sitio». Y añade: «a las limpiadoras nos tratan como la última porquería de una empresa y al final somos nosotras las que quitamos toda la porquería que genera».

Para Verónica González Costales, secretaria de Organización de federación construcción y servicios de CCOO de Asturias, el temor de las limpiadoras a denunciar sus condiciones no se puede separar de las condiciones de empleo en el sector. «Por la precariedad del mismo empleo, muchas de las trabajadoras tienen miedo. Y si ahora estoy solicitando que me hagan una ampliación de jornada o que me den cuando salga mi jornada completa en un mismo centro, si yo voy para adelante con denuncias, o doy mi nombre y se les tenga en cuenta para las ampliaciones y lo demás».

A la hora de señalar cuáles habían sido los puntos más relevantes alcanzados en el acuerdo que frenó la huelga en octubre, Verónica González destacó que se había acordado regular mejor la ampliación de jornada «para que se haga por petición por escrito y orden de antigüedad. También se lograron 28 horas para ir al médico, y que se pueda coger una jornada por acompañamiento de padres, hijos y cónyuge, que se pueda descansar por una gastroenteritis puedas coger una jornada completa y no por un día tenga que sacar una baja. Y una subida salarial del 1,5% en 2018, para el 2019 un 2% y para el 2020 también un 2%. Y también se descartó la pretensión de la patronal de quitar la antigüedad». 

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