La Navidad dispara la «compradicción» en Asturias

El incremento de las adicciones en estas fiestas afecta de modo creciente a los compradores compulsivos. Estas son las alertas para identificar una patología aún muy enmascarada

Ambiente de compras navideñas en una céntrica calle comercial de Gijón
Ambiente de compras navideñas en una céntrica calle comercial de Gijón

Gijón

Navidad = licencia para comprar a todo tren. El torbellino consumista de finales de otoño y principios de invierno, con las fiestas navideñas en el centro, es también el gran festín anual para quienes disfrutan haciendo compras. Pero puede convertirse además en la etapa más dura para quienes compran mucho, aunque a su pesar. Son fechas en las que todas las conductas adictivas se disparan o entran en peligro de recaída si ya se las había atajado. Durante el ciclo navideño, entre un 3 y un 4 por ciento de adictos de cualquier género reinciden en sus patologias bajo la presión de los comportamientos asociados a estas fechas y el agresivo bombardeo de estímulos publicitarios y festivos. Entre ellos, cada vez más, las personas adictas a las compras. Y también en Asturias, según advierten quienes conocen de cerca las adicciones (o mejor, la adicción, en todas sus muchas variantes) Con el agravante de que en este caso no todos los afectados identifican su adicción ni tampoco lo hace su entorno. La mayor parte de los adictos a gastar dinero sin tasa más allá de lo que necesitan, e incluso de lo que realmente desean, permanecen todavía enmascarados, incluso para ellos mismos.

Entre los 33 casos de adicción de diversos tipos que ha tratado este año, el archivo de la clínica asturiana de CC Adicciones -una cadena de centros de tratamiento especializados radicada en cuatro localidades españolas, entre ellas Gijón- solo registra dos de personas adictas a las compras. Sin embargo, el número de consultas que recaban información sobre este particular han crecido un 5 por ciento en los últimos dos años. Es una tendencia que las estadísticas aún no recogen en toda su dimensión ni de lejos, según los especialistas. A diferencia de otros adictos, el comprador compulsivo es también un adicto esquivo. Al fin y al cabo, salir de compras y acabar volviendo a casa con mucho más de lo que uno pretendía inicialmente adquirir es una conducta que, hoy por hoy, nadie considera como alarmante en sí, ni mucho menos patológica. Aunque en muchos casos ya lo esté siendo.

«El adicto tiene una dependencia, una necesidad de comprar que no puede controlar. Y es más probable que incurra en compras compulsivas en estas fechas, debido a que es más fácil que su conducta pase desapercibida o que sea más fácil de justificar», explica la psicóloga Sandra Anguita de CC Adicciones: «Cuesta que el propio paciente, su entorno o los profesionales de la salud la detecten, al no generar tanto efectos adversos a nivel orgánico como las sustancias psicoactivas y al existir la aceptación social de celebrar con grandes excesos estas fiestas, tanto de consumo como de grandes compras», señalan desde CC Adicciones. De hecho, aún no está reconocida en las clasificaciones internacionales de enfermedades, debido, en parte, a que es un trastorno recientemente detectado y a su desvinculación de sustancias concretas, como alcohol o estupefacientes, o a conductas tan definidas como el juego.

Las señales de una posible adicción a las compras

¿Cómo saber, entonces, si hemos cruzado la raya de la patología, quizá en nuestras mismas compras de esta Navidad? ¿Cómo distinguir el comprador excesivo -casi todos los consumidores que pueden permitírselo- de quien realmente es adicto a las compras.

Los especialistas sugieren que el posible comprador compulsivo se observe y responda con franqueza a una serie de cuestiones. En primer lugar, hay que identificar si el deseo de comprar se ha vuelto «intenso e irrefrenable». En segundo, si el acto de la compra se asocia por igual a momentos en los que está triste y en los que se está contento. Más sutil, quizá, es llegar a identificar la intensidad de las emociones que se siente mientras se realiza la compra: a más intensidad, mayor posibilidad de conducta adictiva. Lo mismo cabe decir del grado de satisfacción y, más todavía de «alivio» después de haber comprado. Otra pregunta con respuesta clave: ¿Estamos comprando lo que no necesitamos, compramos por comprar? Y finalmente, hay que analizar lo que sucede después del acto mismo de la compra. Si, pasado un tiempo, lo adquirido con tanta vehemencia ya ha dejado de interesarnos y, más aún, sin padecemos sentimientos «de culpa, vacío y arrepentimiento». O si, por ejemplo, incluimos el control de nuestros gastos como compradores en las declaraciones de enmienda de principios de año. En resumen: «Quienes la padecen sienten euforia al comprar algún objeto. Tienen ansiedad por adquirirlo. Pero, posteriormente, una vez adquirido, y a veces de manera inmediata, sienten culpa y caen en depresión por haber pagado. Es una conducta que perjudica su economía, su ámbito social y personal, ya que muchas veces llegan a pedir dinero a sus amigos o familiares», señala Sandra Anguita.

Más, las mujeres

Además de los problemas económicos derivados de este tipo de patología, la adicción a las compras suele estar vinculada a otras adicciones o problemas psicológicos. Aunque también se da en hombres, las mujeres constituyen el 80 % de los casos. Fran Prados, director de CC Adicciones precisa más ese perfil: «Una mujer de clase media, media alta, a partir de 35 años de edad, que gasta mucho dinero, acumula muchos productos, principalmente ropa y complementos de moda, que tiene problemas familiares y laborales debido a su conducta adictiva». El mercado del automóvil, la electrónica y la informática es el que atrae más a los varones con este trastorno. Impulsividad disfuncional, baja autoestima -con frecuencia asociada al carácter neurótico, con inseguridad, hipersensibilidad, timidez y tendencia a fobias sociales- e introversión, asociada a síntomas ansiosos o con antecedentes depresivos son rasgos que pueden favorecer el desencadenamiento de la conducta de compra incontrolable.

Según Javier Porto, coordinador terapéutico en CC Adicciones, «generalmente transcurren varios años desde que aparecen los primeros síntomas hasta que se realiza el diagnóstico porque el paciente no suele tener conciencia de enfermedad y los familiares pueden tardar en darse cuenta de la situación». El tratamiento es similar al de las adicciones a sustancias, pero personalizando cada caso. Se basan «terapias cognitivo-intelectuales» con el apoyo «esencial» de familiares y amigos y profesionales especializados como psiquiatras, psicólogos y médicos de familia. Las terapias de grupo y los grupos de ayuda mutua son algunas de las más utilizadas. Aun así, las recaídas son frecuentes en la adicción a las compras. La mayoría tienen lugar durante los tres primeros meses tras la finalización del tratamiento, pero ya son improbables a los dos años sin conducta adictiva.

¿Y la prevención? La mejor, como siempre, la educación: «fomentar el espíritu crítico en los jóvenes», apunta Javier Porto: «Es muy importante educar en valores, enseñar a distinguir las prioridades y necesidades de cada uno, especialmente en las edades de la adolescencia, entre los 12 y 18 años, un trabajo que corresponde a las familias con ayuda y soporte de los centros educativos y de los profesionales de la atención primaria». Un blindaje educativo que cada vez más se necesita para soportar a los embates del huracán del consumo que arrecia cada año desde el Black Friday hasta bastante después de que los Reyes Magos hayan emprendido el camino de vuelta.

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