Así será Asturias en 2019

Triple cita electoral, cuarta reconversión industrial, el fin del carbón, el futuro de la llingua, conflictividad social. Este es el año que nos espera

Bengalas en la manifestación en defensa de Alcoa en Avilés
Bengalas en la manifestación en defensa de Alcoa en Avilés

Empieza 2019 con la sensación de que ya no hay marcha atrás y de que la contrarreloj ha acabado. Asturias afronta un año que puede ser disruptivo en lo económico y en lo social, con una cita electoral en mayo que va a implicar una fragmentación total del arco parlamentario y la necesidad de alianzas y consensos. 2016 fue un año de continuismo, 2017 lo fue de transición y 2018 marcó el fin de una era. ¿Hacia dónde vas Asturias?

Dos bloques en el adiós al bipartidismo. El bipartidismo ya es pasado pero la oposición izquierda/derecha sigue formulando la orientación del voto. En Asturias tres fuerzas se disputarán el voto de izquierdas, PSOE, Podemos e IU, aunque está por ver si Llamazares acaba presentándose bajo las siglas de Actúa pese a su voluntad por ser candidato de la coalición. Tras el descalabro en Andalucía, el mantra progresista pasa por una fuerte movilización que evite la abstención, la gran lacra de la izquierda. La ascensión de Vox se presenta como un punto de agarre: viene la derecha y hay que combatirla. La cifra mágica suma 23, la que otorga la mayoría en la Junta. La izquierda cuenta con un colchón de 28 escaños tras una legislatura en la que Podemos ha ejercido la oposición al PSOE. En esta ocasión, las tres fuerzas deben funcionar como un todo si quieren gobernar porque Andalucía ha dado una pista. A las fuerzas de derecha/centro derecha (PP, Foro y Ciudadanos) se les ha unido un nuevo rival, Vox, que puede restar votos a las alas más extremas de PP y Foro. La fragmentación aquí es brutal y la demoscopia tiene un trabajo arduo. Si Mercedes Fernández es finalmente candidata popular y Juan Vázquez encabeza la lista de C’s se unirán a Carmen Moriyón (Foro) e Ignacio Blanco (Vox) y se disputarán una tarta codiciada. Por cierto, que Vox pidió el voto a Moríyón hace cuatro años en Gijón. ¿Llegarán a 23 escaños? Lo que está claro es que su mantra insistirá en sus tesis: destronar al régimen socialista (como en Andalucía) o evitar otro de corte comunista/bolivariano. El bipartidismo ha muerto, pero la política de dos bloques sigue siendo vital y el voto útil (si se vota en términos de izquierda/derecha) puede ser clave. Eso y el toque de distinción política: qué distingue a cada partido de su contrincante y sin embargo posible socio en un tripartito o cuatripartito. ¿Qué diferencia a PSOE de Podemos, a IU de Podemos, a PP de Foro, a Vox de Ciudadanos? Una pregunta transpolable al territorio municipal. Como se puede observar, el centro queda yermo, aunque ya sabemos que el centro puro no tiene ideología y su único objetivo es acaparar el mayor número posible de votos. El centro político es como intentar que una aguja permanezca en equilibrio sobre una hoja. Necesariamente tiene que escorarse.

Reconversión en ciernes. La cuarta reconversión planea en Asturias. El cóctel se va a experimentar este año: inminente cierre de centrales térmicas, aumento de los precios de la electricidad para la industria, aumento del precio de los derechos de emisiones de CO2… El excesivo coste de la electricidad es un punto esencial en el futuro industrial de la región. El mecanismo de las subastas de interrumpibilidad del suministro a cambio de rebajas en la factura no ha convencido a la industria electrointensiva asturiana. La situación de Alcoa o ArcelorMittal son ejemplos de multinacionales con beneficios millonarios que se han beneficiado durante años de las ayudas de las subastas. La capacidad política para cambiar la dinámica será clave en este inicio de 2019. El Gobierno de Sánchez se juega su prestigio en Asturias: en caso de cierre de Alcoa, la ira se contagiará también al Ejecutivo. Es decir, que una decisión empresarial tomada en EEUU tendrá una repercusión política en España. A esto se llama globalización. La marcha de Alcoa puede significar un antes y un después en las subastas de interrumpibilidad y de las deslocalizaciones.

¿Carbón, qué carbón? El carbón es ya historia, devorado por la modernización energética, por las  normativas europeas, por la necesidad de preservar el medio ambiente y por el cinismo que tolera unos combustibles fósiles (petrolíferos, con sus poderosos  lobbies) y otros no. El carbón que impulsó a Asturias (25.000 trabajadores en 1982) era ya una actividad residual, un símbolo, sí, pero que daba de comer a cerca de 1.500 familias entre puestos directos e indirectos. Sobre el Gobierno Sánchez recae la responsabilidad de acertar con la enésima reconversión de unas cuencas exhaustas, silenciadas a golpe de prejubilación. La promesa de crear cuatro empleos por cada trabajo destruido parece utópica. Queda en la hemeroteca el objetivo de Pedro Sánchez, esbozado en Oviedo en septiembre, de convertir a Hunosa en la vanguardia de la transición energética. Para las comarcas mineras son la última oportunidad. Sobre ese plan, todavía por elaborar, debe cimentarse parte del futuro de las cuencas: se trata de un momento clave. ¿Y si no aciertan? Los hechos son obstinados: la tasa de paro de Mieres y Langreo duplica la de Oviedo y Gijón y la caída de población en los municipios mineros encabezan el ránking regional.

El mantra de la innovación. ¿Es posible cambiar un modelo económico con profundas raíces del día a la noche? ¿La Asturias del metal, del turismo rural y de los servicios, de la ganadería y productos agroalimentarios puede ser un nuevo Sillicon Valley? Todo es compatible, pero todo pasa por una mayor formación, centrada y específica, y por la unión de las partes implicadas: Formación Profesional, Universidad, Patronal, sindicatos, administraciones. ¿Puede un exminero o exalbañil reconvertirse en un trabajador de una industria 4.0? Nada es imposible pero para ellos se necesitan fondos cuantiosos, mucha pedagogía y dedicación. Asturias avanza con lentitud en I+d. Tanto empresas como administraciones están a la cola del país. Revertir la tendencia es indispensable para la próxima década. No se trata de encontrar un gran nicho en el que volcarse sino pequeños nichos con los que cambiar el tejido productivo.  

Diálogo social. El año que terminó ya fue un foco de conflictividad y 2019 puede recrudecer la tendencia. Conflictos en la comarca siderúrgica de Avilés, con Alcoa en primer plano, en las comarcas mineras por el futuro de las térmicas (y de las propias Cuencas), en empresas como TUA, en el sector de la justicia, entre los funcionarios de prisiones o las mismas fuerzas de seguridad. Y en empresas sometidas a cambios como Duro Felguera, EDP o Liberbank. 2019 va a ser un año en el que será primordial el diálogo social, una asignatura en la que Asturias ha sacado buena nota en las últimas décadas.

Bendita llingua. ¿Pero qué culpa tiene el asturiano de los males de Asturias? ¿Por qué una lengua que no hace mal a nadie, que no es excluyente, se ha convertido en el pimpampum político? ¿Es negativo para Asturias la cooficialidad de la llingua? ¿Es negativo para los asturianos tener conocimientos de las leyes de la termodinámica o de la hélice del ADN? 2019 va a marcar el futuro del asturiano. Tras los comicios de mayo, se sabrá si la llingua puede ser cooficial o no. Si una presunta coalición de izquierdas consigue la mayoría, el asturiano tomará una dirección; si una presunta coalición de derechas logra la mayoría, el camino será otro. El asturiano, que ha dado pie a una maravillosa generación de poetas en estos últimos años, es víctima de una cruzada surrealista emprendida por partidos como PP o Vox.

El siglo XX aún colea. Una eterna Variante de Pajares, un peaje del Huerna eternizado por el Decreto Cascos y de difícil solución, unas conexiones aéreas internacionales casi inexistentes, un ferry hacia Francia que ojalá arranque, un corredor Atlántico necesario, la finalización de Oviedo-La Espina… Las infraestructuras, que tantos debates han generado, tienen en 2019 que acercarse a su recta final. Para la Variante de Pajares debe ser un año de ejecución de obras de cara a su finalización en 2020. Una rebaja en el peaje del Huerna sería una solución a los agravios con otras comunidades: se verá si el Gobierno se atreve. El ferry a Nantes permitiría recuperar este año a través de Balearia una ruta de gran valor logístico y el Corredor Atlántico podría conectar por tren los puertos de la cornisa cantábrica, de gran fortaleza. El problema de Asturias es que se sigue hablando de infraestructuras (siglo XX) cuando el primer mundo habla de infotecnología o investigación biotecnológica (siglo XXI).

Cohesión social. Dos proyectos de cohesión. Uno en la calle, en las empresas, en los hogares: la igualdad de la mujer. La lucha de la mujer por erradicar la violencia machista, la discriminación laboral, por dar la vuelta a los oprobios del pasado. Miles de asturianas oprimidas por hombres: maltratadas, vejadas, violadas o asesinadas. El siglo XXI debe ser el de la mujer. Otro proyecto de cohesión política: el área central de Asturias. Este se debate en los despachos pero tiene trascendencia en las calles. La capacidad para articular un área metropolitana dea 800.000 habitantes para competir en igualdad de condiciones con otras áreas similares, las de mayor tamaño del país. ¿Podrá ser 2019 un año de puesta en marcha? Es año electoral…

En verde. Asturias es verde y un paraíso natural: es la marca registrada de la región. No se puede dar marcha atrás en las conquistas verdes; solo cabe dar pasos adelante. En la conservación de la fauna y flora, en la limpieza del aire, en el cuidado de los montes, de la playas, los ríos, en las políticas de reciclaje, en la atención hacia el área rural y el difícil equilibrio con especies como el lobo. Asturias es verde en su esencia, un valor añadido de imposible cuantificación en un mundo presidido por el beneficio.

Comentarios

Así será Asturias en 2019