Juegos malabares en Liberbank

Fuentes financieras no ven posible que el intento de Abanca se fraguara de espaldas al consejo del asturiano


La Voz

Reza el viejo refrán que las apariencias -las más de las veces- engañan. Y mucho de eso hay en la frenética historia que han protagonizado estos días Abanca y Liberbank. Una operación que el banco gallego llevaba meses tejiendo y que ha acabado saltando por los aires en apenas cinco días.

Del relato que permiten entrever los hechos relevantes que se han cruzado ante el regulador las dos entidades implicadas, hay ciertas cosas que, a ojos de los analistas, escaman. Y no son pocas. Lo primero que no les cuadra es aquella afirmación de Liberbank, poco después de saltar la noticia el pasado viernes, asegurando que no había recibido «ninguna oferta concreta» ni estaba en conversaciones «para llevar a cabo ninguna operación estratégica distinta» a la fusión con Unicaja. Y les chirría sobre todo porque Abanca admitía poco después -también en un hecho relevante- la existencia de «conversaciones con los principales accionistas de Liberbank para «promover una acción corporativa entre ambas entidades». ¿Cómo es posible -se preguntan fuentes financieras- que el banco gallego hubiese estado negociando con los principales accionistas del asturiano sin que lo supieran en el consejo? Difícil sin contar con el apoyo del primer espada de la entidad, Manuel Menéndez. Porque, recuerdan esas mismas fuentes, la negociación no parece que estuviera en los preliminares. Sino más bien avanzada. O eso por lo menos es lo que deduce de los detalles que la propia Abanca facilitó sobre la operación a última hora de la tarde del mismo viernes. A las fuentes del mercado consultadas les suena mucho más a aquello de que Liberbank habría estado dejándose querer por dos pretendientes. Con la intención de irse al final con el de la mejor dote, y que algo se torció por el camino. O incluso a que hay a quien eso del matrimonio no le acaba de gustar y lo que quiere es seguir disfrutando de su soltería. Por muy difícil que lo tenga. 

Malestar en la CNMV

También escama a los analistas, y no poco, el tirón de orejas de la CNMV. Aunque es posible, apuntan, que no estuviera al corriente y eso molestara en los despachos del supervisor. También subrayan que, en ese tipo de negociaciones, los reguladores suelen estar al tanto. Puede que no todos, pero los bancarios, seguro que sí. Tampoco a nadie se le escapa que los vigilantes llevan tiempo esperando una boda que no acaba de cuajar.

Sea como fuere, duras fueron las palabras que la autoridad bursátil dedicó al, a su parecer, equivocado proceder de Abanca. Le reprendió recordándole que las opas no se anuncian, salvo para formalizarlas; y por su pretensión de acceder a los libros de Liberbank antes de lanzar la opa. Aspecto este último en el que, sin embargo, reculó al día siguiente.

El banco asturiano dijo que no pensaba enseñar sus tripas así como así. Pero, lo que no contó, aseguran fuentes financieras, es que la entidad que pilota Escotet ya le había dicho que estaba dispuesta a desnudarse tan pronto como ellos hicieran lo propio. De hecho, ya tenía encargada la pertinente auditoría. A EY, para más señas. Pero de esa reprimenda de la Comisión también podría interpretrarse que había sido la entidad gallega la responsable de filtrar a la prensa una operación todavía en ciernes. Otra pieza que no encaja. Empezando porque no es la primera vez que los movimientos de ficha en torno a Liberbank salen a la luz antes de tiempo. Ocurrió lo mismo con la fusión con Unicaja. Y eso, dicen los expertos, solo tiene una explicación: alguien interesado en calentar la operación, que se fue de la lengua intencionadamente. ¿Quién? Desde luego algún accionista con intención de vender al mejor postor. Y, probablemente, el mismo que, con la fusión con Unicaja ya sobre la mesa, salió en busca de alguien al que también le pudiera interesar su parte del pastel. ¿Y, a qué puerta llamar? Está claro: a la de Abanca, que ya lo había intentado antes con el asturiano. Directamente al timbre de la entidad gallega o al de alguno de sus asesores para que le hiciera llegar a Escotet que estaba dispuesto a dejarse querer. Pero, ¿quién llamó a esa puerta? Alguien sin vocación de permanencia en el capital de las firmas en las que invierte. Solo el tiempo necesario para rentabilizar su dinero. ¿Quién? Oceanwood es el nombre que a todos le viene a la cabeza. 

La avaricia rompe el saco

Y, en cualquier caso, alguien que puede que ahora acabe quedándose compuesto y sin novia. Al que el tiro, como diría un castizo, le ha salido por la culata. Y es que ya se sabe, continuando con el refranero, que la avaricia rompe el saco.

Fueron la falta de vista del fondo británico, los malabares de Menéndez para mantenerse al frente del banco y las prisas de la CNMV las que acabaron dando tal traste con el intento. Una opa hostil nunca estuvo en la cabeza de Escotet.

 

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