Las reliquias milenarias coronan Oviedo

La catedral de la ciudad contiene una serie de tesoros de obligada visita

La Catedral de Oviedo
La Catedral de Oviedo

Redacción

Oviedo es una ciudad milenaria, y también lo son los tesoros que alberga la basílica de la catedral de San Salvador, un destino ineludible para tanto los turistas que deseen conocer las maravillas de las que disfruta la ciudad como para los creyentes que desean profesar su fe en este sagrado recinto. Su localización, en pleno centro de la ciudad, la hace testigo del paso del tiempo, de los casi cuatro siglos de vida con los que cuenta y del desarrollo de un Oviedo que tiene en este edificio uno de sus principales orgullos. 

El principal tesoro que alberga la catedral, sin embargo, no es visible a simple vista por las personas que acceden a la plaza Alfonso II el Casto. La Cámara Santa es uno de los mayores atractivos de esta joya sacra. Se trata de una estancia que aloja las reliquias que han hecho mundialmente famoso a la Sancta Ovetensis, nombre que hace referencia a la catedral y a la calidad de las reliquias que contiene. Declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, data del siglo IX, y en 2015 fue incluida como uno de los bienes individuales del Camino de Santiago, tras la aprobación de la ampliación de esta ruta de peregrinaje a «Caminos de Santiago de Compostela: Camino Francés y Camino del Norte».

La catedral tiene una peculiaridad que destaca sobre las demás edificaciones de arte sacro presentes en España: solo tiene una torre. La construcción de San Salvador fue un proceso largo que aglutinó casi tres siglos de esfuerzos, derribos y retoques. El diseño inicial del pórtico se remataba con dos torres, aunque finalmente se decidió por la construcción de solo una. De de estilo gótico y renacentista, se inicia su alzamiento en 1508 bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón sobre planos de Juan de Badajoz y se finaliza en 1587. Pero antes de su edificación se sucedieron años de estilos solapados que dieron como resultado final ese toque tan singular de sobrecogedora belleza.

El complejo arquitectónico de la catedral fue descrito maravillosamente por uno de los escritores más importantes de la historia de Asturias: Leopoldo Alas «Clarín». Especialmente precisa fue su forma de dibujar mediante palabras la torre de la catedral. «Torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo diez y seis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura», describía el escritor asturiano: uno de los vecinos más ilustres que ha paseado por las calles de la capital del Principado.

Con la Torre Vieja, se trata de la parte más antigua del edificio, y es de estilo prerrománico. Se encuentra adosada a la Torre San Miguel (Torre Vieja), y cuenta con un a colección de esculturas románicas consideradas como una de las obras cumbre del período en el que fue construida. Se trata de seis parejas de estatuas que forman un apostolado y que está situadas en las cuatro esquinas y una a cada lado en los muros a media distancia de las esquinas, las basas y los capiteles de estas estatuas son también de gran importancia escultórica. Está formada por dos capillas superpuestas y sin ningún tipo de comunicación entre ellas: la inferior es la Cripta de Santa Leocadia y la superior la de San Miguel; nombre que le viene dado por el hecho de estar adosada a la Torre de San Miguel, edificación anterior a la misma y que es de los pocos vestigios que quedan del palacio de los reyes de Asturias.

Las reliquias que contienen la Cámara Santa son el Arca Santa, el Santo Sudario, la Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y la Caja de las Ágatas. Alfonso II el Casto deseo que fuese el lugar donde se custodiasen las santas reliquias que él mandó traer desde el cercano Montsacro. Las reliquias llegaron a Asturias procedentes de Toledo, lugar a donde fueron trasladadas por cristianos con el fin de que no cayesen en las manos de los árabes tras caer derrotado el ejército visigodo en Guadalete. La más destacada y conocida es el Santo Sudario, que se corresponde, según tradición, con el que fue colocado sobre el rostro de Jesucristo en el descendimiento de la cruz y hasta su definitivo entierro.

Una estancia que ha sufrido numerosos ataques a lo largo de la historia. Durante la Revolución de Asturias de 1934, la Cámara Santa fue volada por un grupo de revolucionarios. Fue reconstruida fielmente a la original reutilizando los mismos materiales, y se ve volvió a consagrar en 1942. Tres décadas y media después, tuvo lugar uno de los robos que más conmocionó Asturias: las joyas de la Cruz de los Ángeles, la Cruz de la Victoria y la Caja de las Ágatas fueron sustraídas por unos ladrones que dejaron maltrechas estas reliquias. Cuatro años más tarde, se encontraron algunas de ellas parcialmente desmontadas, mientras que varias permanecen en paradero desconocido desde ese robo.

Cruz de los Ángeles

Esta reliquia, cuya imagen aparece en el escudo de la ciudad, fue donada en el año 808 por Alfonso II el Casto, y se realizó a comienzos del siglo IX. Se compone de dos piezas de cerezo silvestre forradas con una delgada lámina de oro sujeta con pequeños clavos elaborados con este material. La parte principal de la reliquia está adornada con cuarenta y ocho piedras, en forma de cabujón (símbolo más).

Arca Santa

El mito relata que esta reliquia procede de una caja de madera de cedro que albergaba tesoros de Jesús y María, entre los que se hallaba el Santo Sudario. La invasión de los persas en el año 614 dio lugar a que este arca viajase de Palestina a Cartagena. Alfonso II el Casto llevó entre 812 y 842 esta reliquia a Oviedo, donde se guarda desde ese período.

Santo Sudario

Solamente a disposición del público tres días al año (Viernes Santo, 14 de septiembre y San Mateo Apóstol), el Evangelio de San Juan recoge el uso de esta prenda funeraria, que cubría la cabeza de Jesús. Este pañuelo de lino, con manchas de sangre y alguna quemadura de velas, tiene una forma rectangular, y mide 83 centímetros de largo por 53 de ancho, y se trata de una de las reliquias más destacadas del conjunto que guarda la Cámara Santa.

Caja de las Ágatas

El infante Fruela de Asturias, hijo de Alfonso III el Magno, ordenó construir esta arqueta en el año 910. Elaborada con madera de ciprés, está recubierta con láminas de oro repujadas y adornadas con motivos florales. Debió ser restaurada por la Comisión para la restauración de las Joyas Históricas de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, junto con la Cruz de los Ángeles, debido al robo de 1977, que mantuvo en vilo Asturias.

El precio de las entradas individuales (general con audioguía) es de siete euros para las personas de 18 a 65 años; de seis euros para los jubilados, en grupos de más de 15 personas; de cinco euros para los escolares de 12 a 18 años y alumnos universitarios, y de cuatro euros para los peregrinos con credencial, familias numerosas y desempleados. Las entradas individuales para la visita parcial (Cámara Santa, Museo y Claustro) cuestan cinco euros para el público general; tres euros para peregrinos con credencial, familias numerosas y desempleados, y cuatro para los escolares de 12 a 18 años con profesor y alumnos universitarios. La entrada es gratuita para discapacitados, escolares de primaria con profesor, menores de 12 años acompañados de adulto, grupos de catequesis de Asturias con Sacerdote, personas que acudan a La Catedral a las celebraciones litúrgicas, a confesar o a visita al Santísimo Sacramento, así como para los escolares de Asturias con profesor de religión. Los horarios se pueden consultar en la página web.

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