Un estudio vincula el bajo nivel educativo y los infartos (salvo en Asturias)

El Principado rompe el patrón detectado en esta novedosa investigación. Los autores consideran que se debe a otros factores directos como el envejecimiento o la obesidad


Redacción

Un nuevo estudio médico publicado en la revista especializada Rec: Cadioclinics relaciona el bajo nivel educativo con mayor mortalidad cardiovascular. Sin embargo, en esta investigación Asturias supone una excepción. Se trata de una de las pocas comunidades autónomas con un nivel socioeconómico y educativo superior a la media que también presenta una tasa de fallecimientos y de intervenciones vinculadas con patologías cardiovasculares, como los infartos. Así lo confirman los autores de este ensayo, que reconocen que en el caso del Principado es posible que pesen más otra serie de factores, como por ejemplo el envejecimiento de la población. De hecho, este equipo va a ser profundizando en esta línea de trabajo, con la idea convertirse en un instrumento útil de planificación de la gestión sanitaria. Hasta el momento, ya han alcanzado alguna conclusión: educación y sanidad deben ir de la mano y no estaría de más diseñar una asignatura para las etapas obligatorias sobre educación para la salud.

Así lo explica uno de los firmantes de este artículo de investigación, Luis Miguel Pérez-Belmonte, que pertenece tanto al Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Cardiovasculares, del Instituto de Salud Carlos III (Madrid) como al servicio de Medicina Interna del hospital regional Universitario de Málaga y al Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA). Pérez-Belmonte explica que su objetivo último es analizar todos los factores que influyen en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y en los procedimientos a los que se somete a los pacientes. Algunos de esas causas están muy estudiadas. Ese es el caso del tabaco o de la alimentación. Sin embargo, otros se han tenido menos en cuenta. Ese es el caso del nivel de educación. Los autores han tratado de cubrir esa laguna.

Los datos base

Las herramientas que han utilizado son los informes del Instituto Nacional de Estadística (INE) y las conclusiones de los informes Pisa que se realizan a los alumnos para conocer sus habilidades en temas como las Matemáticas o la Lengua y en los que se muestra su contexto socioeconómico. Cruzando todos estos indicadores han llegado a la conclusión de que «se muestran más datos desfavorables de mortalidad y realización de procedimiento cardiovasculares en aquellas regiones con un nivel educativo inferior». Si esto se traduce sobre un mapa hay dos tendencias clara, una que avanza desde el sur hacia el norte y otra del este hacia el oeste. Hay más mortalidad y menos nivel educativo en el sur y esta realidad va cambiando a medida que se viaja hacia el norte. Lo mismo sucede cuando se viaja del oeste hacia el este. 

Asturias se encuentra en una encrucijada. Está en el norte y sus resultados Pisa están entre los mejores del país, sin embargo, su tasa de mortalidad por patologías cardiovasculares está por encima de la media del país. Pérez-Belmonte señala que no está muy por encima, es decir, que tampoco es motivo de alarma pero matiza que sí tiene peores tasas de lo que le correspondería. Está lejos de Andalucía, donde la correlación es muy clara y negativa, y no demasiado cerca de País Vasco o Navarra, el espejo en el que mirarse.  

Para el Principado, los autores aconsejan tener en cuenta más factores que expliquen su situación. El envejecimiento poblacional o la obesidad pueden servir de índices correctores que explican el elevado número de muertes achacables a las patologías cardiovasculares. Es más, indican que el nivel de estudios es lo que se consideran un factor no directo, secundario o intermedio. Así que proponen seguir estudiando para poder presentar una radiografía más completa.

¿Cómo influye el nivel educativo en estas enfermedades? Los investigadores hablan de tres vértices diferentes, por su mayor conciencia de su estado de salud, por la adopciónde hábitos saludables y por su mejor acceso a los medios sanitarios disponibles. «Cuando sabes qué es lo que sucede puedes adoptar medidas saludables», explica Pérez-Belmonte. Por eso es partidario de comenzar la formación desde la base, que es la escuela. Propone crear una asignatura sobre educación para la salud, no centrada exclusivamente en las enfermedades que trata. Para conseguirlo, explica, es fundamental una gestión conjunta de las políticas sanitarias y educativas, lo que requiere de un toque de atención a las autoridades.

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