La población de corzos, mermada a una tercera parte por la «larva de las narices»

Los cazadores perciben una leve recuperación en el número de ejemplares, aunque todavía se encuentran animales infectados por un parásito que les obstruye las fosas nasales y merma sus capacidades

Un ejemplar de corzo
Un ejemplar de corzo

Redacción

No hay censos ni de antes ni de ahora, ni estudios actuales que lo corroboren, pero la evidencia indica que en Asturias se ha producido un importante descenso de la población de corzos en los últimos años. La causa de esa merma, que desde diferentes ámbitos cifran en un 70% aproximadamente, es la larva de las narices. Su nombre científico la cephenemya stimulator, una moscarda que en la última década ha infectado a buena parte de los animales del norte de la península. «El insecto pone los huevo en sus fosas nasales y cuando las larvas eclosionan, les obstruyen la respiración, mermando las capacidades del animal», ha explicado el experto en biología de la Universidad de Oviedo e investigador del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot), Carlos Nores.

Los cazadores tienen buena referencia de la situación del corzo. El presidente de la Federación Asturiana de Caza, Valentín Morán, señala que «da la impresión de que la población de este animal se recupera un poco, pero muy lentamente», ya que afirma que aún detectan la presencia del parásito en los animales que abaten o incluso se los encuentran muertos cuando salen a cazar debido a que los corzos se vuelven mucho más vulnerables ante sus depredadores al no respirar bien, por ejemplo, en una carrera ante el ataque de un lobo. La estimación que tiene este colectivo es que la población de corzos mermó en un 70%, aunque Morán matiza que ni hubo ni hay censos para dar cifras en firme. Lo que perciben es que «hay pocos» corzos y que por eso ya no se encuentran tantos muertos cuando salen. Sin embargo, apostilla que los encuentran tienen «mal pelo y están mermados físicamente» porque, «aunque la larva no los mata, les disminuye las capacidades».

Esta explicación la corrobora el doctor en Biología, Carlos Nores, cuya estimación es que el número de ejemplares se redujo «a una tercera parte» de antes de que apareciera la enfermedad a después. Según la información de que dispone por estudios que realizaron algunos de sus estudiantes, la cephenemya stimulator se percibió en Asturias allá por 2009, cuando aparecieron corzos afectados por el parásito en la zona centro occidental de la región, «pero se extendió muy rápidamente a Lugo, al resto de Asturias y hacia el sur de nuestra comunidad autónoma», explica el mismo, que destaca que esta moscarda es «un problema en tanto que es una especie invasora» procedente, según algunas hipótesis, «de países de Europa donde la enfermedad existía». Se conoce que tuvo gran incidencia en Francia o Italia, país este último donde después de unos años se ha recuperado la población de corzo.

Nores confía en que en la actualidad ya se esté produciendo una recuperación de la especie aquí en Asturias también derivada de la propia merma de la población. «Si la densidad de corzos es menor, el contagio también se reduce», indica el doctor en Biología, que apostilla que las condiciones climáticas también favorecen o retrasan la expansión de la enfermedad, además de que el propio animal «va creando resistencias» y evitan zonas «y se hacen más forestales».

«Suelen decir que el problema al cabo de cinco o seis años va remitiendo y aquí los primeros casos se detectaron hace diez, con lo que podríamos estar en un tiempo de recuperación», plantea Carlos Nores, que matiza que lo que conoce es por estudios o trabajos de fin de grado realizados hace algún tiempo y, por tanto, no tiene certezas actuales.

En la Federación Asturiana de Caza también tienen la percepción de que la población de corzos «se recupera un poco, pero muy lentamente todavía», dice el presidente del colectivo. Valentín Morán es consciente de que «es complicado» atajar una enfermedad así porque tendría que hacerse administrando antiparásitos a los ejemplares de corzo «¿pero cómo lo distribuyes?», plantea. Lo que sí pide a la administración es que realice los estudios pertinentes «para ver qué se puede hacer». Según dice, aunque la enfermedad empezó en algunas partes de la región, ahora ya está extendida y considera que el 90% del territorio asturiano está afectado por el parásito. Precisa que zonas de especial incidencia son las de Llanes o Cabranes, «donde había ejemplares de calidad y en buena cantidad y ahora también han disminuido mucho».

Lo que puede corroborar es que la merma de la población de corzos en la región ha afectado al turismo de caza porque «a nivel general, en los cotos ahora se vende lo mínimo». Es más, señala que «si antes se vendían los repechos a 1.000 euros, ahora se venden a 600 porque las posibilidades de éxito son menores». En algunas reservas, incluso, se llegó a vedar la caza del corzo «para hacer estudios y ver si hay medidas para atajar la larva de las narices». Morán coincide con Nores en que «dependiendo de la orografía del territorio y el clima», hay zonas en las que el corzo no está tan afectado por la moscada además de opinar que el animal va creando resistencias al parásito.

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