«En el despacho del presidente hay un cartel que reza: "Atarlos a todos en las tinieblas"»

La editora Silvia Cosio habla de las sombras que ve en Asturias y de lo primero que haría si entrase al despacho presidencial

La editora gijonesa Silvia Cosio con «Darcy», el beagle de la casa.
La editora gijonesa Silvia Cosio con «Darcy», el beagle de la casa.

Siempre he creído firmemente que en el despacho del presidente del Principado hay un cartel en letras élficas doradas que reza: Atarlos a todos en las tinieblas. De otra manera no me explico que Asturies, que tenía todas las mimbres para convertirse en la Filandia ibérica, viva ahora inmersa en la oscuridad. No hace falta caer en el chovinismo infantil o en el grandonismo para reivindicar Asturies. Objetivamente, y a priori, podemos ver que gozábamos de múltiples ventajas: poca población, una situación geográfica privilegiada que combina el campo y el mar, riquezas naturales, un clima suave, una gastronomía sobresaliente en sabor y calorías y un patrimonio cultural y lingüístico milenario imponente. Y sin embargo vivimos oscurecidos por el olvido institucional, por la inacción política a ambos lados de Payares, aislados geográficamente, en cuanto se tuerce el tiempo, por tierra, mar y aire y obligados a pagar un diezmo absurdo por salir y entrar del país por culpa del peaje del Güerna. Envenenados por una contaminación que las instituciones niegan una y otra vez a pesar de las evidencias. Nos acosa el paro y la precariedad laboral, exportamos talento alegremente por culpa del éxodo juvenil, vivimos con una población envejecida, apostando por una industria depredadora, explotadora, contaminante y sin futuro. La llingua y la cultura asturiana sufren el olvido cuando no directamente el desprecio de las instituciones, vivimos aislados de Castilla pero también de aquellos lugares con los que compartinos cultura y señas de identidad.

La Universidad de Oviedo está al servicio de Liberbank y no al de la innovación, la investigación y la vanguardia científica. Aspiramos a ser la Benidorm del Norte replicando un modelo de turismo agotado y empobrecedor. Se han dilapidado millones de euros en sendas forestales y pistas de tenis ahora abandonadas, millones de euros que podían haberse destinado a crear una economía asturiana basada en la sostenibilidad y la innovación técnica, que nos podría haber colocado en la vanguardia, y sin embargo ahora estamos sometidos al chantaje de tener que elegir entre pocos, cada vez menos, puestos de trabajo o nuestra salud.

Se ha hecho de la riqueza lingüística y la coexistencia entre el asturianu y el castellano un problema, desperdiciando la oportunidad de construir una cultura asturiana fuerte y orgullosa de su diversidad. La cultura y la industria cultural asturiana languidecen olvidadas y sepultadas por toneladas de hormigón que contienen el más absoluto y terrible vacío.En cuanto a lo rural, solo parece tener interés si funciona como complemento al sustantivo turismo y nuestra riqueza gastronómica ha quedado reducida a paconadas absurdas como la ridícula moda del cachopo.

Si yo fuera presidenta sin duda lo primero que haría sería arrancar de una vez por todas ese cartel y abrir las ventanas de par en par para que entre al fin la luz.

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