Cómo los reyes de Asturias quisieron falsificar Numancia

Un estudio demuestra que Zamora diseñó un plan para conseguir ser sede episcopal

Copia que José Cornide hizo del ladrillo encontrado
Copia que José Cornide hizo del ladrillo encontrado

Oviedo

Los reyes de Asturias, allá por el siglo X, diseñaron un plan que consistía en convertir Zamora en Numancia para así conseguir ser sede episcopal. Con este fin hicieron todo lo posible por llevar a cabo su plan y para ello falsificaron y destruyeron cualquier prueba que demostrara la verdad. Un estudio del historiador medieval Josemi Lorenzo, titulado El ladrillo de Zamora, existencia, desaparición, reparación y destrucción de la prueba material de que Zamora fue Numancia, publicado en el Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, quiere acabar de una vez por todas con la polémica sobre las falsificaciones que se llevaron a cabo.  

Se cree que todo empezó con Alfonso III el Magno, rey de Asturias. Este quería que hubiera sede episcopal en Zamora, por lo que mandó redactar la Crónica de Alfonso III introduciendo un dato erróneo para conseguir su objetivo, Zamora era en realidad Numancia: «Haciendo avanzar a menudo su ejército tomó por la guerra muchas ciudades; a saber: Lugo, Tuy, Oporto, Anegia, Braga ia metropolitan, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Numancia, que ahora se llama Zamora». Según explica el historiador: «Fueron los intereses del reino los que hicieron apropiarse de la historia y del mito de Numancia para hacer a la ciudad de Zamora heredera de las glorias antiguas [...] Al estar la ciudad junto al Duero y el desconocimiento leonés de las lejanas tierras sorianas, fue fácil la mistificación.

Incluso, diversos autores zamoranos mantuvieron esta versión durante siglos, haciendo oídos sordos al humanista Florián Ocampo, que ya defendía que el Cerro de Garray ocultaba a la Numancia real».

El ladrillo de la polémica 

En 1612 entra en juego un ladrillo, del que Francisco Mosquera Barnuevo habla en su obra La Numantina. Esta pieza contaba con la inscripción «ONUMACIA», prueba que confirmaba que Numancia era la misma Zamora. Mosquera Barnuevo, soriano de nacimiento, decidió dejar pasar la polémica y denunció que el ladrillo lo podía haber colocado el obispo para que fuera hallado de forma casual puesto que quería que la ciudad fuera sede episcopal.  

La pieza estaba expuesta a principios del siglo XVII en una pared del edificio consistorial, pero cuando el muro se derrumbó el ladrillo comenzó un recorrido por las distintas dependencias municipales, donde se defendía que Viriato, el líder de los lusitanos, había nacido en la ciudad, y el escultor Eduardo Barrón le hizo una estatua en la plaza mayor.

José Cornide, secretario de la Real Academia de la Historia hizo una copia del ladrillo y el arqueólogo Eduardo Saavedra encontró la solución: la inscripción era de época romana y había sido traducida de forma errónea. Esta decía de forma abreviada «Oficina del (alfarero) Numanciano», no se refería al emplazamiento celtíbero como se había entendido previamente. 

El ladrillo desapareció justo en el momento en el que un experto quiso analizarlo allá por el siglo XX, se supone que unos operarios lo tiraron a la basura pensando que era un escombro y sin saber lo que tenía escrito por la parte de atrás. Esta era la única prueba que podía relacionar a Zamora con Numancia. 

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