Seis señas de identidad de la «era Barbón»

El futuro presidente del Principado recoge el legado de sus predecesores socialistas pero marca un rumbo propio en el que se siente cómodo.

Adrián Barbón charla con Gimena Llamedo, mientras una fila por debajo, Javier Fernández hace lo propio con Guillermo Martínez, ante la expectación de los medios
Adrián Barbón charla con Gimena Llamedo, mientras una fila por debajo, Javier Fernández hace lo propio con Guillermo Martínez, ante la expectación de los medios

redacción

En dos filas consecutivas de la Cámara asturiana se han sentado los máximos responsables de dos proyectos políticos amparados bajo el paraguas socialista pero de carácter muy diferente. Javier Fernández deja paso a la era Barbón, en la que tanto las palabras como los gestos cobran especial significado. El futuro presidente del Principado se ha sometido al escrutinio público con su discurso y con su actitud. Su saludo correcto con su predecesor, su tono directo en el mensaje, su decisión de salir directo a la tribuna de invitados para saludar a los afines y las autoridades que allí le aguardaban, entre ellos el senador Fernando Lastra, el diputado que más años pasó en el Parlamento y una pieza clave en todos los grupos socialistas, o su gusto por la cercanía han sobrevolado la sesión. No es difícil, por tanto, arañar alguna de sus señas de identidad. Recoge el legado de sus predecesores socialistas pero marca un rumbo propio en el que se siente cómodo. 

Las primeras reuniones y la primera visita institucional son un ejemplo inmejorable de esa nueva era. El primer viaje del presidente Barbón será a Yernes y Tameza, el concejo menos poblado de Asturias, con el problema de envejecimiento más acuciante y con un mundo rural en declive. Lo que pretende es que sea «una expresión de cercanía, de compromiso con el municipalismo y con el medio rural». También encargará a la Federación Asturiana de Concejos (FAC) organizar un encuentro abierto a los 78 alcaldes. Las primeras reuniones que mantendrá serán con la patronal y con los sindicatos, para hablar de la concertación. Hasta aquí no hay nada especialmente sorprendente. Los otros dos encuentros serán con las organizaciones del tercer sector (ONGs) y con los colectivos feministas, para avanzar en la igualdad y en la libertad y para potenciar la agenda social.

Con Vox no ha sentido la necesidad de ser políticamente correcto. En lugar de hablar de manera genérica sobre su intención de negociar y llegar a acuerdos ha preferido ser directo. Ha enumerado a PP, Ciudadanos, Podemos, IU y Foro pero no a Vox. De hecho, no ha pronunciado el nombre del partido ni para criticarlo. Ha lamentado que en el Parlamento asturiano «esté representado un partido que cuestiona el Estado autonómico, desdeña la lucha por la igualdad, abomina el feminismo y ataca la diversidad, un partido que hace de la intolerancia su bandera». Al no citar sus siglas, ha hecho una aclaración innecesaria: «Me refiero a la extrema derecha». Aunque lamenta su entrada en la Cámara, sí que aplaude que su papel sea totalmente irrelevante.

Si alguien tenía dudas de si el PSOE iba a impulsar la oficialidad, la incógnita ha sido despejada. Adrián Barbón se ha dirigido a los otros 44 diputados, al Gobierno en funciones, a los medios de comunicación presentes y a la tribuna de autoridades en asturiano. Ha usado esta lengua para anunciar que trabajará para salvar el asturiano, tomando como referencia el trabajo que lleva décadas desarrollando Galicia. Frente a la «fobia autóctona» de la derecha propone crear «un modelu propiu d'oficialidá basáu na proteición y el consensu». Sabe que va a necesitar de ese consenso porque la izquierda sola no suma los 27 diputados necesarios para reformar el Estatuto de Autonomía, la lleva legislativa.

Igualdad ha sido uno de los términos más repetidos en el discurso. Tanto en positivo como en negativo (desigualdad) ha aparecido en 22 ocasiones diferentes, para referirse a la brecha salarial, a los colectivos feministas, al empleo, la exclusión,... Hasta tal punto, que Barbón ha llegado a dedicar una parte de su intervención al deporte femenino, algo impensable en otras eras anteriores. Ha prometido dedicarle el protagonismo que merece, rompiendo las barreras necesarias. Ha prometido políticas activas para favorecer la plena igualdad entre hombres y mujeres y también para que personas con diversidad funcional puedan practicar deporte. 

En ese mensaje abierto y aperturista, los guiños han tenido un protagonismo propio. Uno de los más señalados ha sido el que ha lanzado a los funcionarios y trabajadores públicos. Ha reconocido su labor clave en el desarrollo de toda gestión y ha prometido prestar especial atención a sus condiciones y aplicar la carrera profesional. En el caso expreso de los docentes, ha prometido rebajar la tasa de interinidad al ansiado 8% y en la sanidad ha hablado de reforzar plantillas, sobre todo, en especialidades con escasez constatada de profesionales.

Los guiños a Podemos han sido constantes. Su discurso ha estado jalonado de asuntos que para la formación morada son cruciales. Ha llamado a la responsabilidad de la izquierda, porque está seguro de que la derecha, de haber sumado, estaría ya formando Gobierno. Reconoce que «sería frustrante, para la izquierda y para Asturias, que los intentos de acuerdo solo acabasen en fracaso». Sabe que la Cámara es más plural que nunca pero que la izquierda juega un papel preponderante. Así que ha hecho múltiples referencias al Estado de bienestar, a la transparencia, a la regeneración democrática, a la política industrial, a la mejora de los servicios públicos y hasta la construcción de vivienda pública destinada al alquiler.

La Asturias digital, la de la innovación, esa es la que quiere Gobernar Barbón. El candidato ha hablado de la «mutación digital», tanto de la economía, como de los mercados, la sociedad y la vida». Sabe que es inexorable y se propone invertir en ella. Hay medidas concretas como el objetivo de destinar el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en las próximas legislaturas a innovación y desarrollo y otras transversales dentro de sus políticas.

Barbón se declara heredero de sus predecesores sociales, de Rafael Fernández y Pedro de Silva hasta Javier Fernández. Ellos fueron construyendo, paso a paso la autonomía. Se siente orgulloso de su legado. Lo ha dicho expresamente. Pero mira al futuro y estrena su propia era, una que encara «cuatro años cruciales para Asturias», que estará marcada por «la proximidad y la cercanía». Eso promete el futuro presidente del Principado.

Barbón ofrece un pacto a todos los partidos salvo Vox sobre cinco líneas maestras

Susana D. Machargo
El candidato socialista a la Presidencia del Principado, Adrián Barbón (d), y el presidente en funciones, Javier Fernández (i) tras finalizar la primera sesión del debate de investidura
El candidato socialista a la Presidencia del Principado, Adrián Barbón (d), y el presidente en funciones, Javier Fernández (i) tras finalizar la primera sesión del debate de investidura

El candidato socialista recuerda en el debate de investidura que «el bloqueo no da resultado». Invoca la necesidad de diálogo

Adrián Barbón ha fijado sus prioridades para los próximos cuatro años. El candidato del PSOE será el próximo presidente del Principado de Asturias, aunque todavía está por ver si lo será desde el viernes -para lo que necesita el apoyo de IU, ya comprometido, y el de Podemos, que parece complicado- o si tendrá que esperar al lunes. Durante la primera sesión del debate de investidura, Barbón ha desgranado las líneas maestras de su próximo mandato y ha comenzado su intervención con palabras de agradecimiento para IU y con un mensaje a Podemos: «El bloqueo no da resultado». También ha reiterado su intención de negociar con todos los partidos con representación en la Junta General, aunque ha hecho una excepción al vetar a Vox de forma explícita.

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