Podemos y PSOE, cuatro años después e igual de lejos

Ambos partidos siguen diciendo tener la mano tendida pero se han cruzado acusaciones sobre la falta de voluntad real de negociación

Dolores Carcedo conversa con Daniel Ripa y Rafael Palacios
Dolores Carcedo conversa con Daniel Ripa y Rafael Palacios

No parecen ni un centímetro más cerca que hace cuatro años. El intercambio más tenso de acusaciones y críticas en la segunda sesión del pleno de investidura a la Presidencia del Principado lo han protagonizado PSOE y Podemos, Adrián Barbón y Dolores Carcedo por las filas socialistas y Lorena Gil por la formación morada. Los que estaban llamados a ser socios prioritarios siguen instalados en la desconfianza. Coinciden en planteamientos globales y en prioridades pero no son capaces de bajar al terreno de los acuerdos. Ambos dicen tener la mano tendida pero nunca llega a encontrarse. Podemos carga contra los socialistas por despacharles en cuatro días, con un folio y medio. El PSOE carga contra los podemitas por exigir siempre máximos, lo que dificulta en el entendimiento, y por su escasa solidez en las partidas económicas de cada proyecto. Pasó en la legislatura anterior y ha sucedido en las dos sesiones de las últimas 48 horas. Se ha visto, incluso, a una Lorena Gil enfadada, que hasta ha tenido un ligero rifirrafe con el presidente de la Cámara, Marcelino Marcos Líndez, muy estricto con los tiempos de cada portavoz, tras agotar sus 15 minutos en la réplica. No parece posible, con lo visto en sede Parlamentaria, que se firme un pacto.

Dura desde el principio

Podemos no cree que el PSOE haya tenido nunca una vocación sincera de llegar acuerdos. Así ha abierto Lorena Gil su discurso, dejando pocas dudas sobre su planteamiento. Con el actual sistema de elección del Principado, en el que nadie puede votar en contra del candidato, que solo necesita una mayoría simple de votos en segunda ronda, Barbón tiene garantizada su investidura. Los socialistas no les necesitan en este primer tramo de la legislatura. Otra cosa será cuando llegue el momento de aprobar presupuesto. «Las negociaciones para intentar pactar una investidura no se entienden sin la certeza de que la investidura estaba asegurada», ha argumentado Gil.

Ha sido solo el comienzo de una intervención dura, en la que ha cargado contra el resto de diputados -todos, no solo los del PSOE- por su falta de empatía con la sociedad asturiana, por acordar una subida de sueldos y una gratificación de salida, por no asumir el compromiso de abandonar la primera línea tras ocho años, por no poner fin a las puertas giratorias,... «En el mundo real la gente no puede votar subirse el sueldo ni reducirse la jornada laboral. Si a los representantes públicos no les preocupa su futuro, si saben que el partido les garantiza su nivel de vida, ¿cómo van a comprender a los asturianos y a las asturiana?, se ha preguntado. Está convencida del que sistema ha vuelto a las redes clientelares y al derroche, porque nunca asumieron realmente el cambio. Gil ha empezado fuerte.

Contra el PSOE y también contra Izquierda Unida, la única fuerza que hasta ahora ha firmado un acuerdo con los socialistas y ha unido sus dos diputados a los 20 del PSOE. No ha citado sus siglas de manera expresa pero sí se ha referido a Julio Anguita, excoordinador de la coalición en los años 90, y su célebre frase de: «Programa, programa y programa», como base irrenunciable para pactar. Gil ha dicho que en los cuatro días a los que han quedado reducidas las conversaciones solo han exigido puntos del programa y nada sobre el gobierno. Así que se ha dedicado a desgranar sus prioridades, esas que ya remitió a los socialistas como base de negociación y que no han sido bien recibidas al otro lado de la mesa.

La réplica del futuro presidente

Adrián Barbón ha asegurado que no pierde la esperanza y que mantiene la mano tendida pero el resto de su intervención no parecía demasiado optimista. Ha dicho que si la realidad del debate público consiste en exigir máximos, «entonces el acuerdo es inalcanzable». Ha recordado, por experiencia, que el presupuesto «no estira como un chicle» y que lo que tienen que hacer los políticos que gestionan es «priorizar». Ha insistido en la «falta de rigor en la parte de financiación» y ha bromeado con que será necesario jugar al Sorteo del Niño para conseguir recursos suficientes. «El gratis total lo asumimos todos pero ¿y eso cómo se paga?», ha planteado en la Cámara. A este tema también ha respondido la flamante portavoz del PSOE, Dolores Carcedo, y todavía consejera de Hacienda en funciones. A Carcedo no le han hecho falta papeles para recordar propuestas, fechas y recaudación. Ha señalado que Podemos, «más que un gestor, precisaría de un mago» para afrontar ese «gratis total».

No quiere «una mala copia de la legislatura anterior» pero ahora mismo es a lo que parecen abocados. El candidato socialista ha preguntado a los cuatro diputados e la formación morada qué quieren ser de mayores, «influyentes o irrelevantes» y les ha advertido del riesgo de que pasen a la historia «como el partido del no por el no». Ha propuesto salir del «frentismo» para anteponer Asturias. Incluso ha hablado de nuevo de los cinco grandes pactos que va a tratar de relanzar, del demográfico, a la financiación autonómica, la transición ecológica, la defensa de la igualdad o los aranceles ambientales.

No ha tenido demasiado eco. Gil ha seguido exigiendo la educación pública gratuita desde la escuela de Infantil a la Universidad, el transporte público a un euro para facilitar la movilidad, planes concretos -con medidas y partidas- para la reactivación industrial, proyecto para la transición ecológica, incentivación del mundo rural, innovación, tecnología, vivienda públicas,... Todos con sus fechas y sus correspondientes partidas presupuestarias. Hasta ha mostrado a los diputados el folio y medio que el PSOE les remitió a principios de semana, como inicio de las negociaciones.

Han dicho escucharse pero apenas se han movido de sus planteamientos. Barbón, en una réplica conjunta no elaborada de antemano, ha mantenido las mismas ideas que en su intervención como candidato, cuando todavía se estaba negociando. Lorena Gil tampoco se ha movido ni un centímetro de la valoración que hizo a vuelapluma del discurso del futuro presidente. La votación definitiva será el lunes. Entonces los votos de Podemos ya no serán decisivos.

  

   

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