Así era la gran Asturias, el reino del fin del mundo

¿Cuál fue la extensión máxima de la monarquía astur? Los historiadores destacan que el concepto de frontera era muy distinto en la Alta Edad Media

En los mapas que recrean el reparto territorial de la Europa de la Edad Media aparece a menudo Asturias, en la última esquina del continente, el reino del fin del mundo conocido, mucho antes de que se supiera que había otras tierras al otro lado del océano. Ese reino supera con creces los límites de la comunidad actual y se extiende sobre el noroeste de la península ibérica abarcando Galicia, a veces el norte de Portugal hasta Oporto, casi toda la cordillera cantánbrica y buena parte del norte de la meseta, entre León y lo que hoy es Castilla. ¿Se puede hablar con propiedad de esa Gran Asturias, ese reino del norte, bastión frente al Al Andalus y que teminaría por enviar sus embajadores al emperador Carlomagno?

Pues es rigor no, porque el primitivo territorio sobre el que se fundó reino, en una época con muy escasas fuentes fundamentales y en la que demasiadas veces se confunde la historia con la leyenda, responde a un tiempo en el que la misma idea de frontera y de control administrativo de un espacio estaba muy alejada de la que tenemos en la actualidad. «En esa época no hay un estado territorial como entendemos nosotros, de hecho es la época antiterritorial. Hay que pensar más bien en poderes que tienen espacios concretos que dominan en medio de grandes desiertos que pertenecen a otros poderes», explica el profesor de Historia de la Universidad de Oviedo, Miguel Calleja, experto en manuscritos medievales. Así apunta que la Alta Edad Media media es «una época de disgregación, primero del imperio y luego del reino del Toledo» y precisamento en los albores del reino de Asturias «estamos en el fondo del valle antes de que vuelvan a reconstruirse unos poderes que tengan una dimensión territorial clara».

Calleja destaca que no será hasta el siglo XII cuando las delimitaciones entre reinos van a empezar a definirse, y sólo entonces se podrá hablar de un concepto que empieza a cristalizar como «poder real con todos los elementos, con fiscalidad, con capacidad militar, con justicia también y es cuando podemos empezar a hablar con claridad de fronteras. El vocablo frontaris ahí sí lo encontramos con claridad en los textos; pero antes tienes que hablar más bien de un degradado, de zonas de influencia». En realidad, más que de reinos extendidos sobre un territorio compacto, lo que existe en ese momento son los espacios en los que el rey tiene una influencia determinante. ¿Y cómo se extiende?, pues según explica el profesor Calleja «desde ese siglo VIII muy nebuloso y poco conocido progresivamente van adquiriendo mayor influencia sobre la parte marítima de Galicia, dicen primero, luego sobre Astorga, sobre León y todas esas repoblaciones de Alfonso I. Pero esas repoblaciones, a las que hay que poner muchas comillas, en realidad son entradas militares en las que hacen valer su autoridad pero que luego les cuesta mucho trabajo mantener».

Los reyes de ese tiempo, especialmente en los siglos VIII y IX, «destacan sobre todo por poder militar. Es la idea más clara y la que ellos sacan a relucir permanentemente en los textos que promocionan, en las crónicas en las que cantan sus hazañas. Junto a ese poder militar va un poder económico también, tienen propiedades de tierra extensas, población supeditada, siervos o esclavos que trabajan para ellos; en definitiva son los poderosos a escala local», señala Calleja. 

De los doce reyes de Asturias, el monarca que presumía de contar con un control efectivo más amplio fue Alfonso III. La 'Gran Asturias' -un término que el profesor sólo puede desaconsejar- de este monarca comprende varios territorios, más bien ciudades, en los que su protagonismo es claro. «Desde luego Oviedo, es aquel lugar donde habían creado una sede regia, una corte más que una ciudad, es una sede ceremonial. Quieren hacer una escenografía cortesana porque se quieren llamar y quieren ser reconocidos como reyes. Así que Oviedo va a ser fundamental, porque además es donde tienen el panteón también. Segunda referencia muy importante, Compostela, donde desde principios del siglo IX se había consolidado la tradición de que ahí estaban los restos del apóstol y mira qué listos los reyes de Asturias que van a establecer allí una iglesia propia; en tercer lugar León, Astorga, que si te das cuenta hablamos de la recuperación de territorios y ciudades que habían sido importantes en épocas anteriores. Pero me resulta mucho más difícil ver a Alonso III en Tierra de Campos,  Si nos vamos a Castilla en algunos documentos es reconocido y en otros no, el problema que tenemos es el de siempre, la información es limitada».

Y no es una cuestión menor, algo en lo que insiste Calleja es en el hoy tan empleado concepto de 'relato'. «No conocemos textos alternativos. Aquellos que las crónicas llaman rebeldes en Galicia o en Álava seguro que tenían un discurso totalmente distinto pero es que sobrevieron muy pocos textos de la época y los que lo hicieron son las glorias militares, la herencia y tradición cultural de esta familia», la de la dinastía de los hoy conocidos como reyes de Asturias y que «van a invocar y desde una época muy temprana además, una herencia cultural que remontan a la época visigoda» Serán las crónicas redactadas en el reinado de Alfonso III las que «van a insistir muchísimo en esa herencia, en que desde hace un siglo estaban reconstruyendo la herencia de Toledo».

El reino de Asturias se pierde entre la niebla de la historia, pero ¿y los asturianos? «Hay documentos del 960 que hablan del rey, no de Asturias, sino de Oviedo. Esa identidad está en torno al monarca, es el reino del monarca, y en torno a un pueblo, aunque no me gusta la palabra porque está hablando de una élite más bien: los asturianos son los que están en ese entorno del monarca, los astures son los guerreros que están con él, pero yo creo que no está pensando en toda la población sino en el lugar donde tienen la sede y está ejerciendo de forma más clara ese señorío, Rey de Oviedo, o rey de los astures, eso sale muchas veces. La concreción física Rey de Asturias vas a tardar más en encontrarla», explica Calleja.

El profesor destaca que no será hasta mucho después, de nuevo hasta el siglo XII porque es entonces cuando empiezan a consolidarse los límites territoriales, cuando aparece «la primera mención hecha desde fuera de los asturianos como colectivo. Está en un poema épico en latín que cuenta la conquista de Almería. Era una plaza islámica muy importante, con mucha piratería, así que el rey Alfonso VII montó una expedición, triunfa, la van bien las cosas». Hay un poeta anónimo que escribe la gesta en la «Chronica Adefonsi Imperatoris» y que al repasar «los distintos cuerpos de tropas que participan en esa historia, hace una definición de los asturianos que al final es muy tópica y no tan distinta de los otros guerreros que participan». Desde luego, y como todos, valientes y temerosos de dios, pero también «recorre los montes y conoce las fuentes por todas partes» es una nación que «abandona cabalgando la región de las hinchadas olas».

Traducción de la descripción de los asturies en la Chronica Adefonsi Imperatoris
Traducción de la descripción de los asturies en la Chronica Adefonsi Imperatoris

Será el Obispo Pelayo, quien según Miguel Calleja, deja por escrito la ocasión más antigua en la que los límites territoriales de lo que ahora llamamos Asturias empiezan a definirse, y sucede de nuevo en el siglo XII. El obispo Pelayo «hace una definición de Asturias como entre el Eo y el Deva, entre la montaña y el mar, que es la más antigua que conocemos del territorio, que le da una identidad, y que no es la dela diócesis, que la desbordaba al sur de la montaña».

Pero el profesor destaca también que hay que tener en cuenta que durante mucho tiempo hubo muchas Asturias. «Las Asturias de Tineo, las Asturias de Oviedo, las Asturias de Santillana, que va a perder el nombre en la época moderna. Las de Oviedo y Tineo se terminan unificando. ¿Por qué había dos? Porque seguramente en esa época se estaban definiendo territorios» tal y como los entendemos hoy, con límites precisos y con una administración con capacidades frente al concepto mucho más gradual y difuso de que reino del fin del mundo.

La huella genética de la Reconquista

Luis Ordóñez
Mapa genético de España. Galicia, en azul, presenta el mayor aislamiento genético entre poblaciones.
Mapa genético de España. Galicia, en azul, presenta el mayor aislamiento genético entre poblaciones.

Un estudio de la Universidad de Oxford revela que las diferencias genéticas de la península varían de este a oeste coincidiendo con la expansión de los reinos cristianos

El tópico grandón reza que «Asturias es España y lo demás tierra conquistada» aunque el covadonguismo tiene bastante poco que ver con la realidad del origen de los reinos cristianos del norte de la península, muy poco interesados en recuperar los dominios visigodos de Toledo hasta siglos después de su nacimiento. En todo caso, no toda, pero sí una parte que coincide con bastante precisión con las fronteras del Reino de Asturias primero y el de León después, de la península sí ha quedado marcada por la impronta de la genética. Así lo revela el estudio «Patterns of genetic differentiation and the footprints of historical migrations in the Iberian Peninsula» (Patrones de diferenciación genética y huellas de migraciones históricas en la península Ibérica), elaborado por investigadores de la Universidad de Oxford y expertos del Grupo de Medicina Xenómica,del Centro Nacional de Genotipado, que después analizar las muestras de 1.413 donantes de todo el territorio español han establecido un mapa de cercanías genéticas de parentesco que divide el país en unas franjas muy similares a las de los territorios de los antiguos reinos medievales y también las principales áreas lingüísticas del gallego, asturiano, el castellano, el euskera o el catalán. 

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