El cambio climático acerca los huracanes a Asturias

Los meteorólogos descartan que lleguen a las costas cantábricas un gran tifón pero el incremento de la temperatura del agua favorece

El huracán Pablo al oeste de Galicia
El huracán Pablo al oeste de Galicia

No se espera una catástrofe inminente ni tampoco un cambio drástico en la formación y evolución de los huracanes. Pero el errático comportamiento de Pablo, la borrasca tropical que cerca de la costa peninsular volvió a adquirir la fuerza de un ciclón, ha demostrado a los meteorólogos que hay que prepararse para combatir los efectos del cambio climático. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ya ha creado un grupo especializado en meteorología tropical para pronosticar y seguir la evolución de este tipo de fenómenos, poco probables pero de alto riesgo. El próximo informe de evaluación Assessment Report (AR) que saldrá este próximo año arrojará más luz a los expertos españoles. Así lo explica José Luis Arteche García, el delegado de Aemet en Cantábrica y provisionalmente responsable del Principado. Arteche precisa que manejan «una ciencia viva» que deben adaptar.

Pablo no es el primer huracán que pasa cerca de la costa cantábrica, aunque finalmente un cambio en su trayectoria lo alejó del norte más de lo previsto. Arteche recuerda Hortensia en el año 1984, que dejó tres muertos en el Principado o, más recientemente, Vince, en el 2005. Ambos afectaron de lleno a la península. También en el 2005, Canarias sufrió los efectos de la tormenta tropical Delta. Este mismo año Hugo. Sin embargo, Pablo tiene singularidades que han llamado la atención de meteorólogos como el delegado de Aemet. Reconoce que es curiosa por la época en la que se formó, casi al final de la temporada, por el lugar y la rapidez. No obstante, precisa también que habrá que estudiar las condiciones con más detenimiento. «Para algunos científicos se formó en el seno de una vaguada de latitudes medias-bajas en altura, con temperaturas frías en niveles altos y el agua del mar con temperaturas frescas. Aunque es muy poco frecuente, algunos ciclones subtropicales se forman bajo este sistema y son capaces de aislados de este entorno. Esa gran vaguada no tropical pudo mantener a Pablo aislado de otros sistemas de bajas presiones y de condiciones que podrían haber generado entornos desfavorables para su mantenimiento», explica. 

A falta de esos estudios más en profundidad, ha comenzado a extraer conclusiones. «Actualmente es prácticamente imposible que nos afecte un gran huracán, pero si el calentamiento global sigue elevando las temperaturas del agua de mar, aumentarán las posibilidades de sufrir huracanes en la península Ibérica», argumenta. Está convencido de que seguirán formándose ciclones más cerca de la costa española y que, por tanto, «aunque son fenómenos muy poco probables, se trata de situaciones de muy alto riesgo con elevado impacto por lo que tendremos que estar preparados». El problema que se encuentran es «la poca casuística que hay documentada».

Lo que tienen claro es que las huellas del cambio climático son visibles y que los modelos de simulación del cambio climático están reproduciendo lo que ocurre, al introducir como parámetros fundamentales la gran cantidad de gases de efecto invernadero que se lanzan a la atmósfera. Arteche pone como ejemplo la disminución de las noches frías, el aumento de las noches cálidas, el aumento lento pero constante de las temperaturas medias, la elevación del nivel del mar en los mareógrafos del Instituto Español de Oceonagrafía. 

El mar también sufre estos efectos directos del cambio climático. Explica el delegado de Aemet que se está notando en elementos básicos de las redes tróficas marinas, como el plancton, y en el resto del ecosistema oceánico. «Se ha observado que en el Cantábrico cómo el plancton va tendiendo a parecerse a un mayor número de especies típicas de aguas más cálidas», concluye.

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