El miedo del agredido por el clan de Belmonte: «Tienen una orden de alejamiento de solo cuatro metros»

El vecino, víctima de un ataque delante de su hija de dos años, ha tenido que irse de su propia casa

Vecinos frente al local comercial de la mujer del agredido, en muestra de apoyo
Vecinos frente al local comercial de la mujer del agredido, en muestra de apoyo

Redacción

Los vecinos de Belmonte siguen con el susto en el cuerpo. Los tres miembros del clan que atemoriza el pueblo de Fontoria desde hace años el pasado viernes apalearon a uno de sus vecinos equipados con palos y una navaja. Los golpes y cortes le llevaron al HUCA tras recibir una paliza ante su hija pequeña, de apenas dos años. Tras días buscándolos, dos de ellos se entregaron y pasaron a disposición judicial, quedando la investigación abierta para dar con el tercero. Horas después, los dos hombres que se habían entregado fueron puestos en libertad provisional a esperas de que se celebre el juicio. ¿La pena para ellos? Una orden de alejamiento de sólo cuatro metros. Así lo ha denunciado la propia víctima, que prefiere no dar su nombre.

Este momento fue presenciado por el agredido y sus familiares, que vieron cómo dos de los hombres que intentaron apuñalarle salían indemnes. «Ver cómo mis agresores salían con soberbia delante de mí, con una orden de alejamiento de cuatro metros, que da la risa, nos dejó de piedra», asegura el vecino que recibió los golpes. Su abogada había solicitado una orden de alejamiento de entre 50 y 100 metros por seguridad. «Como digo yo, para que dé tiempo al menos de echar a correr», explica. Sin embargo, esta orden de cuatro metros le parece un mal chiste. «Simplemente, con que la próxima vez utilicen en lugar de palos de un metro otros más largos, hacen lo mismo sin violar la orden de alejamiento», argumenta con cierta ironía.

El agredido y su familia viven a apenas cinco metros de los agresores, que lleva sembrando el pánico entre los vecinos desde hace años. Ahora él, su mujer y sus hijas se están quedando en casa de su suegra, también vecina de Fontoria, pero en una vivienda más alejada por miedo a lo que pueda pasar. «Trabajo a turnos. Cuando me toca noche, mi mujer y mis hijas siempre duermen en casa de mi suegra por miedo, y porque así yo también me voy más tranquilo. Es algo normal, pero por ahora no contemplábamos volver. Mi hija pequeña, que lo vio todo, tiene mucho miedo, dice que los cacos pegaron a papá con palos, y la mayor, de ocho años, no para de preguntar por qué me pegaron», explica la víctima. A día de hoy, ni él mismo puede dar una explicación a la agresión.

Recuerda con total claridad lo que sucedió el día de la agresión. «Yo salí con mi hija y el perro y los vi sentados, pero como todos los días. Fue cuando les di la espalda que vinieron a por mí. No hay un motivo concreto, simplemente son gente violenta por naturaleza. Somos 21 vecinos en el pueblo y creo que tienen denuncias con todos. Porque esa es otra, ellos te agreden, pero te denuncian a la vez», cuenta el agredido.

Todo un pueblo con el miedo en el cuerpo

Los tres agresores han protagonizado episodios similares durante años en el pueblo, entre ellos una supuesta agresión hace un año al conductor de ALSA que cubre la línea que pasa por Belmonte de Miranda. «También agredieron delante de un bar a un vecinos ya jubilado que se había operado recientemente de la rodilla e iba con muletas. Se las quitaron y, delante de todo el mundo, le dieron golpes con ellas en la rodilla operada. Por eso tuvieron tan solo 40 días de arresto domiciliario. Nunca tienen una gran sanción por nada de lo que hacen, así que van con la confianza de que no les va a pasar nada», cuenta el hombre.

No es el único que vive con esa intranquilidad. «Miedo en el pueblo ya lo teníamos todos desde antes, era cuestión de que algo pasase para vivir con más miedo aún. Ya no por mí, sino por mi mujer o mis hijas. ¿Qué hubiera pasado si se les hubiera cruzado el cable con mi mujer?» argumenta. La víctima, que comparte con el resto de vecinos de Belmonte este mismo pensamiento, ya no sabe qué tiene que pasar para que se ponga una solución. «Tenemos el apoyo de los vecinos y el ayuntamiento, pero a pesar del apoyo de toda la gente la justicia nos sigue dando la espalda», dice el agredido.

Ahora solo queda que el tercero de los agresores se presente en el juzgado, y esperar a que se celebre el juicio. La familia de la víctima no tiene muchas esperanzas, viendo lo que está sucediendo. «Tampoco podemos pedirle a ningún vecino que acuda como testigo y que se arriesgue a ponerse en el punto de mira de esta gente. Es un peligro», cuenta. Ahora solo le queda esperar y confiar en la efectividad de los cuatro metros de distancia.

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