«En Asturias me he sentido querido desde el principio»

Tres inmigrantes residentes en la región nos explican su experiencia y proceso de integración en el Principado

Mohcine Hadi al Atik, su hijo Achraf, su esposa Latifa, su hija mayor Amal y la pequeña Malak en el bosque de La Cebera, en Lugones.
Mohcine Hadi al Atik, su hijo Achraf, su esposa Latifa, su hija mayor Amal y la pequeña Malak en el bosque de La Cebera, en Lugones.

Redacción

Un riesgo que se puede correr a la hora de explicar la realidad de la inmigración en Asturias es hacerlo a partir de cifras, porcentajes y estadísticas frías y asépticas. Pero detrás de los números hay personas con rostro. Familias, sueños y ambiciones con su propio discurso y circunstancias tan particulares y propias como la vida de cada individuo. Personas que aportan su granito de arena al tejido económico de sus ciudades y, asimismo, a la cohesión de sus comunidades. Estas son solo algunas de ellas.

Mohcine Hadi El Atik (Marruecos)

Mohcine Hadi El Atik es el presidente de la Comunidad Musulmana de Lugones. Nacido en Tánger, en el 2001 llegó a Lugones para buscar una oportunidad laboral y al año siguiente sus pasos le llevaron hasta Cataluña. Allí se casó y tuvo a su hijo mayor. No obstante, Asturias le había calado más hondo de lo que habría imaginado, por lo que «en las navidades de 2005» volvió al Principado, donde tiene un negocio de montajes y construcciones. Aquí ya llegaron sus otros tres hijos. «Lugones para mí siempre fue lo mejor y aquí me he sentido querido desde el principio». 

La comunidad musulmana de la localidad se reúne en la mezquita situada cerca del centro de salud de la localidad, en la que se juntan muchos fieles, especialmente para el rezo de los viernes. Apunta que su familia se siente plenamente integrada en la región, hasta el punto de que su hijo «compite en atletismo en el Llano 2.000 en Gijón. De hecho la pasada semana estuvo en el cross de Atapuerca». 

Al conversar con Mohcine Hadi El Atik la charla llega de manera natural, pero inevitable, al crecimiento en votos y exposición de los partidos de extrema derecha en Europa, con Vox como su máxima expresión en España y Asturias. «La verdad es que no nos asusta esta situación. Vemos a estos partidos como formaciones que utilizan a los inmigrantes para sacar beneficio. Yo llevo aquí 19 años y nunca tuve ningún problema, pero como yo otros muchos», explica y añade que «el problema es que la gente ya estaba cansada del PP y del PSOE. Cuando pase un periodo de tiempo y vean que todo lo que dicen es falso les dejaran de votar». 

Mary Kay Maas (Estados Unidos)

Mary Kay Maas es una «asturiana de Wisconsin» que llegó para hacer un intercambio entre la universidad de su estado y la de Oviedo. Nunca olvidará el día de su llegada, de la misma manera que millones de norteamericanos tampoco lo harán. Y es que la primera vez que sus pies pisaron suelo asturiano fue el 11 de septiembre de 2001. 

De sus primeros días recuerda la «amabilidad y empatía» de los vecinos y todas las personas a las que se acercaban para pedir información o preguntar por alguna dirección. «El curso de filología no comenzaba hasta octubre y una compañera me dijo que me quedara a una fiesta que se llamaba San Mateo, que molaba pila. Cuando llegamos no sabíamos nada de nada y con nuestro español básico vinimos a aprender, pero todos fueron muy amables», destaca. 

Además de dar clases de inglés en academias y empresas, realizar traducciones e interpretaciones y desarrollar un programa de inmersión lingüística de niños en familias de Wisconsin, Mary Kay Mass es música. De hecho, se encuentra inmersa en la grabación del nuevo disco de su proyecto Magdalene Blue. Reconoce que «a mí la gente siempre me ha recibido con los brazos abiertos, pero tal vez más a causa de dónde soy. Es una verdad un poco dura, pero es así». 

Esta vecina de Oviedo celebra que sus hijos, Oscar y Samuel, sean asturianos de pura cepa, pero que no olviden sus raíces norteamericanas. «Tenemos la gran suerte, que no tienen otros inmigrantes, de poder ir a Wisconsin todos los años, por lo que tienen una relación directa con ese lado de la familia», apunta. En este sentido, su saltarín acento, a caballo entre Wisconsin y Asturias, es buena muestra de ese mestizaje. Admite no entender cómo una sociedad puede cerrar puertas a alguien solo por su procedencia. «Yo intento amar a la gente allá donde esté. Para mí la gente es la gente; somos seres humanos, con las mismas preocupaciones y frustraciones», apunta. 

Añade que «la diversidad es justo lo que nos hace fuertes, aportándonos diferentes maneras de pensar, trabajar y ver el mundo. Hay que quitar a la sociedad ese miedo. La gente que viene aquí es emprendedora, con valentía y coraje, porque cambiar de país no es algo que pueda hacer gente débil. Tenemos más cosas en común de las que pensamos, independientemente de donde vengamos, pero es que también lo que nos diferencia es fascinante». 

Salvador Ondó (Guinea)

Que el mejor escanciador de la última década (y tal vez de todos los tiempos) y una de las más pujantes promesas de la tonada asturiana sea un impetuoso y optimista guineano es una buena muestra de hasta qué punto la diversidad puede enriquecer una sociedad. Salvador Ondó llegó a Asturias con trece años. «Vine en noviembre del 95 de la mano de mis padres», explica. Aunque reconoce que, al principio, «la integración nunca es fácil», comenzó a hacer amigos y su proceso de adaptación se vio acelerado gracias al deporte. «En el 96 comencé a practicar kárate en el centro deportivo Bunkai de Laviana, en el que éramos un montón de gente sana haciendo deporte», recuerda.

Cuatro años después de comenzar a practicar esta arte marcial consigue un tercer puesto mundial en modalidad de kata y un campeonato absoluto sub 17 en kumite (combate). Este flamante cinturón negro tercer dan también había logrado anteriormente varios triunfos a nivel regional y nacional. «Ya con quince años empecé a trabajar los veranos en sidrerías y empecé con el escanciado», apunta y explica que «el primer año quedé décimo». Cuatro títulos regionales de escanciado después, tres de ellos consecutivos, admite que no se siente «cansado de ganar», pese al gran nivel que existen en este tipo de torneos. 

Desde hace tiempo Ondó se ha introducido en una disciplina preñada de asturianía que, de alguna manera, también orbita en torno al mundo de la sidra: la tonada. Y es que el guineano más asturiano también cosecha ovaciones en los diferentes certámenes en los que participa como cantante. «Antiguamente se cantaba en los bares, con los típicos paisanos que se arrancaban. Siempre me gustó y había temas que me llegaban al alma, aunque la tonada no es fácil», dice. 

De la mano de su maestro Ismael Tomás comenzó a formarse y a participar en certámenes. Admite que «en la tonada lo más difícil es entonar sin desafinar, además de controlar el aire». Desde hace cinco años Salvador vive en Gijón con su mujer Rosalía. 

Siempre se ha sentido arropado en Asturias, aunque explica que «allí donde hay amor siempre hay odio» y añade que «la gente creo que es más reacia a aceptar a quien no conoce, independientemente de que sea blanco o negro».

«Al final todo depende de la cultura que tengas. Si viajas fuera aprendes a respetar», comenta y lamenta que en algunos casos los políticos aprovechen para «generar odios de cara a sacar votos». 

Asturias, una región inviable sin el aporte de los inmigrantes

Marcos Gutiérrez

Las estadísticas oficiales y las opiniones de expertos dibujan una región de supervivencia inviable sin el aporte demográfico, económico y laboral de los extranjeros

El envejecimiento de la población y la salida de jóvenes fuera de la región en busca de oportunidades laborales suponen un serio problema para su sostenibilidad. De acuerdo con los registros de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos (Sadei), el Principado tiene a día de hoy 1.022.093 habitantes. Según sus predicciones, dentro de diez años la comunidad se desplomará hasta 965.260, con un peso cada vez más elevado de las personas mayores de 55 años. 

¿Puede Asturias en este contexto despreciar la aportación de los inmigrantes al sostenimiento demográfico y económico de la región? Las cifras y las opiniones de los expertos se pueden simplificar en un rotundo y taxativo «no»

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