El éxito de Ni ogros ni princesas: los adolescentes usan más el condón y conocen mejor su sexualidad

Un estudio publicado en una revista científica avala que su impacto es mayor en los chicas. La influencia se diluye con el paso de los años

Ni ogros ni princesas
Ni ogros ni princesas

Tienen más conocimientos sobre su sexualidad, mantienen menos relaciones con penetración pero usan más el condón. Los alumnos asturianos que asisten al programa Ni ogros ni princesas muestran unas actitudes más conscientes que otros jóvenes asturianos de su misma edad que no han asistido a esta actividad educativa que se imparte en colegios asturianos desde el año 2008. Los efectos a corto plazo son positivos. No obstante, hay un pero. Con el paso de los años, se relajan. El seguimiento realizado a un grupo de participantes revela que seis años después las diferencias ya no son tan significativas. Así queda reflejado en un artículo científico que acaba de publicar la revista de divulgación Global Health Promotion y que lleva por título El impacto de un programa de educación sexual en términos de conocimiento, actitudes y comportamiento sexual entre los adolescentes en Asturias. Este trabajo está firmado por José García-Vázquez, Llorenç Quintó y Esteban Agullo-Tomás.

Ni ogros ni princesas es un programa interinstitucional de educación sexual cuyo objetivo es proporcionar formación sobre sexualidad a las y los adolescentes durante la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). En su web presenta como ejes transversales la salud y el placer, la autoestima y la autonomía personal, la libertad de elección desde el conocimiento, la igualdad de mujeres y hombres, y el respeto a la diversidad sexual. En esta iniciativa están implicadas las consejerías de Sanidad y Educación y el Instituto Asturiano de la Mujer. Los centros que participan en este programa adquieren el compromiso de que el profesorado trabajará en el aula con el alumnado, como mínimo, cinco sesiones en cada uno de los cursos de la ESO. Algunos imparten incluso más. En este curso 2019-2010, son 49 centros, con más de 11.000 estudiantes y 500 docentes implicados. 

La investigación 

El estudio está basado en tres test diferentes y anónimos realizados en primero de la Eso en cuarto de la Eso y en segundo de Bachillerato. Eligieron cinco centros participantes y otros cinco que no se sumaron y que sirven como grupo de control, para comparar. Es decir, que el colectivo objeto de estudio comienza a los 12 años y abarca, al menos, hasta los 18 años. Mide el conocimiento antes de comenzar, al terminar el programa y dos años después, es lo que se llama impacto tras la intervención y a medio plazo.

¿Qué han conseguido determinar? El impacto nada más terminar la formación es evidente. Los adolescentes que han pasado por esta actividad tienen más conocimientos sobre su propia sexualidad, el porcentaje de los que ya han tenido relaciones con penetración es menor y entre los que sí las han mantenido, el uso del condón es superior. Los autores perciben, además, que el impacto es superior entre las chicas que entre los chicos. De estos tres aspectos, en el que menos diferencias encontraron entre el grupo de control y los alumnos es en el porcentaje de jóvenes que han vivido su primera relación sexual completa. En este caso, era similar.

A medida que pasan los años, parece que la influencia del programa comienza a borrarse del día a día de los jóvenes. Los investigadores siguen encontrando un efecto positivo pero de menor entidad. El porcentaje de adolescentes que mantiene relaciones sexuales con penetración crece en todos los casos. Pero, lo que sí han detectado es que siguen usando más el condón aquellos que sí han asistido a la clase de educación sexual. La tendencia es la misma cuando se realiza el último de los test, en segundo de Bachillerato. Las diferencias entre ambos grupos son cada vez menos significativas y permanecen visibles más en las chicas que en los chicos. 

La investigación cuenta con un segundo bloque más centrado en las actitudes, en el que se analiza los modelos de sexualidad así como los estereotipos de género. En este apartado no han encontrado diferencias entre los dos grupos estudiados y los resultados no han sido demasiado alentadores. De hecho, los propios autores destacan «la urgente necesidad de establecen acciones desde diferentes campos en la escuela».

La conclusión general es más positiva. Los investigadores consideran que Ni ogros ni princesas es un buen punto de partida para terminar convirtiendo la educación sexual en universal a través de la educación obligatoria. Explican que mejorar el impacto a largo plazo, para que su efecto no se diluya a medida que pasan los cursos, se puede conseguir implicando a las familias, a los medios de comunicación y también a los servicios de salud en acciones complementarias. Advierten de que es necesario tener en cuenta la gran influencia que están teniendo las redes sociales, internet y la pornografía. 

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