«Mi esfuerzo y el de mi familia están en mi boutique. Solo me queda la opción de endeudarme »

María Santos Ordás, comerciante gijonesa, relata cómo está afectando el cierre forzoso de su negocio por el COVID-19

María Santos Ordás, de Marina Boutique
María Santos Ordás, de Marina Boutique

Asturias

En estos tiempos de enclaustramiento forzoso de vecinos y comerciantes son muchas (todas, de hecho) las mañanas en las que desayunamos con noticias de ERTEs, regulaciones y cierres. Detrás de los fríos datos, porcentajes y estadísticas hay personas de carne y hueso. Son los rostros de todos esos comerciantes, pequeños empresarios y dueños de negocios que ahora están luchando, literalmente, por sobrevivir al COVID-19 y a las consecuencias que dejará tras de sí. Lo hacen, además, casi en solitario y sintiéndose, en muchos casos, abandonados por unos poderes públicos que, a su juicio, deberían soplarle más aire a sus velas.

El de María Santos Ordás es uno de esos rostros. Esta valiente empresaria gijonesa es la dueña de Marina Boutique, en el 20 de la calle Manso, en pleno barrio de La Arena. Un negocio de moda dirigido a hombres y mujeres de entre 40 y 60 años que cumpliría «dos años ahora en junio». Explica que ella «venía de una situación en la que decidí abrir un negocio, porque a raíz de la crisis anterior no me quedó más remedio que trabajar por mi cuenta».

Marina Boutique
Marina Boutique

Cree pertenecer a «esa generación de mujeres que echaba el currículum donde podía. Al principio me llamaban de diez empresas, pero al cumplir los treinta empezaron a no llamarme de ninguna». Destaca que es «autónoma desde entonces». Su trayectoria no ha sido sencilla y siempre ha estado basada en el esfuerzo y la perseverancia. Se formó como artesana y se lanzó a la carretera «a vender, trabajando noche y día», apunta y añade que «la gente que trabaja en ferias de artesanía sabe lo duro que es».

Gracias a ese nuevo giro que le dio a su carrera conoció al que hoy es su marido y padre de su hijo. «Decidimos montar la tienda debajo de mi casa. Yo vivo a apenas 100 metros del negocio, porque tengo un hijo, no tengo posibilidades de desplazarme a un sitio lejos y, además, confiaba y sigo confiando en mi barrio que es un entorno estupendo», recuerda.

Su negocio es «un espacio muy personal y creativo distinto, en un local de quince metros cuadrados», que «se llama Marina boutique por esa decoración marinera, porque sabemos quiénes somos y en qué barrios estamos. Todas las semanas cambiamos nuestro escaparate y tenemos un 99% de producción nacional, lo que supone un esfuerzo muy grande para seleccionar proveedores sin bajar calidad».

Apunta que «si consigues ir tirando día a día vas funcionando, además los vecinos respondieron genial», sin embargo «los tiempos ya no son los que eran antes de la primera crisis». «Yo tenía más poder adquisitivo con 17 que con cuarenta», no duda en reconocer.

La orden de cerrar su negocio en virtud de la declaración del estado de alarma supuso un shock difícilmente asimilable. Explica que «no tiene sentido cuando vives al día y te cierran de repente obligándote a pagar». «Es la cuota de autónomos, los impuestos que los pagas todos, en quince días las retenciones de los locales, la renta con el propietario,… y a mí, mientras tanto, sólo me queda la opción de endeudarme», añade.

Las preguntas que le asaltan a día de hoy son las mismas que a miles y miles de profesionales por cuenta propia que han tenido que bajar la verja de sus locales: «¿Me compensa endeudarme? ¿Cuánta gente va a salir a la calle y a consumir si no tenemos una vacuna?». Pese a todo, no quiere tirar la toalla. «Yo lo primero que me planteo es seguir con mi proyecto, porque mi esfuerzo, el de mi marido y mi familia están ahí», asevera.

Se plantea implementar algunas medidas e ideas para tratar de compensar la merma de este periodo, tales como «un servicio a domicilio para favorecer  la incompatibilidad de horarios o para personas con movilidad reducida» y «hacer tarjetas regalo».

No obstante todo eso, al final, «depende de cuándo nos dejen abrir y en qué condiciones esté la situación global». Cuando esta pesadilla acabe cree que gran parte de las posibilidades que tenga el comercio de proximidad asturiano de sobrevivir pasarán por los vecinos. «Somos todos vecinos y tenemos que hacer comunidad. Si puedes hacer gasto en tu barrio, ahí es donde tienes que apoyar. No solo tratamos con el cliente a la hora de cobrar, damos una atención personalizada».

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