Madre e hijos, a 800 metros de distancia y sin verse casi un mes

Yolanda García Ramos
yolanda garcía LA VOZ / CERVO

ASTURIAS

Beatriz Vázquez y su expareja acordaron que los dos mayores pasaran la cuarentena en casa del padre

21 abr 2020 . Actualizado a las 12:18 h.

El coronavirus obliga a separar un tiempo a las familias. En algunas, los besos y abrazos de abuelos a nietos deben esperar pero también hay madres y padres distanciados de sus hijos, algunos voluntariamente por trabajar en profesiones de riesgo, otros por circunstancias personales, como es el caso de las custodias compartidas... Con la llegada del virus toca darle la vuelta al famoso y popular refrán de «ojos que no ven, corazón que no siente».

Así lo corrobora Beatriz Vázquez, asturiana que en marzo cumplió 20 años afincada en San Cibrao (Cervo), aunque esta ingeniera técnica formada en prevención de riesgos laborales trabaja para una empresa en A Coruña. Ahora, en casa, teletrabaja y cuida de dos de sus tres hijos. El pequeño Unai, de 5 años, que tiene con su pareja actual, más Jorge (12), con su exmarido Toño y en una bien avenida custodia compartida, con el que también tiene a Raúl (16), el mayor, que vive con su padre. A los mayores no los vio casi un mes al tener que quedarse ellos con el padre, que vive a 800 metros, por precaución, pues se acatarraron los tres. Aunque, final y afortunadamente, dieron negativo en coronavirus, señala.

«La cuarentena nos pilló —relata— justo en el momento en los niños volverían conmigo quince días. Lo hablamos y consultamos. Nos dijeron que era mejor esperar y no andar pasando de familia en familia. Los hermanos no se podían ver y se echaban de menos».

La separación forzosa por el coronavirus ha sido para ella «rara» y «surrealista». Ganas no le faltaron de ir a verlos aunque fuese desde el coche, «pero por respeto a la ciudadanía no lo hice», confiesa. «Ni se me ocurrió hacer trucos, porque sería irresponsable en esta situación», añade.

Se conformó con saber que estaban bien y ver sus caras por videollamadas de Whatsapp: «Lo llevamos, aunque también hay un choque al saber que estás al lado pero te tienes que comunicar por redes. Es una casuística a la que no estás acostumbrado».

Es contradictorio estar cerca y «lejos» a la vez, pero le ha hecho mudar la visión de la vida y como madre: «El cambio ha sido total, sobre todo a la hora de poder hablar con ellos y consolarlos y explicarles, aunque estén con su padre. La normalidad que teníamos con los tres se quedó ahí quebrada y te das cuenta de la importancia de las relaciones con las personas, el contacto, la cercanía... También me acuerdo mucho de mis padres, que están lejos. No son muy mayores pero están solos. A lo mejor te replanteas cosas cuando pase esto».

El mayor, que vive ahora en la casa con jardín de su padre y se siente más cómodo que en el piso de su madre, pudo celebrar los 16 años al lado de sus hermanos y ese fue el mejor regalo. Como «la sensación de estar con ellos» lo es para Bea Vázquez. Sin duda.