Niño Becerra: «El poder, más que el Estado, lo tendrán cada vez más las grandes empresas»

«Cuando llegue la vacuna, y se estima que llegará en año y medio, estaremos en el nuevo modelo y la crisis se dará por acabada», afirma el economista que predijo la crisis del 2009. Seremos menos solidarios, pero más ecológicos, dice, pero «no por convencimiento, sino por negocio».

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Niño Becerra: «El poder, más que el Estado, lo tendrán cada vez más las grandes empresas» «Cuando llegue la vacuna, y se estima que llegará en año y medio, estaremos en el nuevo modelo y la crisis se dará por acabada», afirma el economista

El Estado «está haciendo de papá porque la situación económica no da alternativa, pero esto no quiere decir que el poder de la empresa haya disminuido, al contrario», sostiene el economista Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951), catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull y autor de El Crash. Tercera Fase. «El poder lo tienen y tendrán cada vez más las grandes empresas. Piense que el valor de los activos del Deutsche Bank es 700.000 millones superior al PIB de España, y que la facturación de las diez principales empresas del mundo en el 2019, la suma, supera al PIB del Reino Unido. Estamos hablando de auténticos monstruos. No hay ningún Gobierno que pueda enfrentarse solo a una empresa de este calibre. Ya no digamos a un conjunto de empresas», afirma Niño Becerra.

«El concepto de Estado como ente regulador va a menos. Vamos hacia entidades técnicas supranacionales. Y el paso siguiente que va a dar la Unión Europea es la homologación de políticas fiscales y la creación de una oficina presupuestaria a nivel europeo que se dedique a tratar con cada país, con lo cual los países ya cedieron soberanía con el euro, y ahora cederán otra vez soberanía con la política fiscal. Los Estados se van a quedar vacíos de contenido», anticipa el profesor.

 «El título de Plan Marshall está muy mal elegido, ¿qué van a hacer con ese dinero, carreteras? La situación no tiene nada que ver con la Europa destrozada tras la Segunda Guerra Mundial»

-¿Es viable un plan Marshall para Europa, en qué consistiría?

-Esto es un invento. De entrada, el título está muy mal escogido, porque fue un plan de EE.UU. destinado a reconstruir una Europa que estaba destrozada tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora la situación no tiene nada que ver. Me pregunto: ¿Qué se va a hacer con este dinero, carreteras, más de las que tenemos? El sector turístico español la previsión que ha hecho este año es que puede perder 124.000 millones de euros, así que ese plan Marshall servirá para inyectar dinero en el sector turístico, no sé de qué forma, para cubrir unos ingresos que no va a tener. Un ejemplo, la Asociación de Hoteleros de Andalucía ha hecho un estudio y ha dicho que pueden desaparecer el 25% de los hoteles. A ver cuántas ayudan llegan a esos hoteles...

-Es dramático, pero quizá tenemos demasiados hoteles.

-Esto que plantea se planteó ya en España hace 15 años. ¿Se acuerda de cuando se empezó a decir que había que repensar el modelo productivo español? Esto no se ha vuelto a decir. Igual dependemos mucho del turismo, volvemos a hablar de repensar el modelo productivo español. Damos vueltas a una idea, pero sin acabar de entrar.

«La economía de un país no puede vivir eternamente de estímulos e inyecciones. Esta crisis no va a afectar igual a Dinamarca que a España»

-Estamos, señala, en la tercera fase de una crisis de la que anticipó unos efectos para muchos exageradamente dramáticos, pero que ha superado la realidad. ¿Qué dirección tomaremos ahora?

-La tercera fase comienza en otoño del 2018, cuando los efectos de lo que yo llamo las anfetas financieras, los estímulos e inyecciones realizadas por el Banco Central Europeo en la economía que comienza en el 2012 se agotan. Un estímulo sirve para un momento, lo que no se puede hacer es estar viviendo eternamente a base de estímulos e inyecciones, y esto fue lo que se pretendió. A partir del 2013 se entró en una dinámica de ‘Esto vuelve a ir bien, podemos tirar para adelante’. En otoño del 2018, las previsiones que empiezan a publicar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la OCDE apuntan a que se está produciendo un enlentecimiento económico. En el 2019 sigue el proceso, y el mismo Gobierno español lo reconoce... De alguna forma, lo que se está diciendo es que el virus es una desgracia que nos ha venido del cielo. Pero esta desgracia no afecta ni va a afectar igual a Dinamarca que a España.

-¿Ha respondido y gestionado Dinamarca mejor esta epidemia?

-Dinamarca estaba ya en una situación muchísimo mejor que España. No entro en lo sanitario, pero desde un punto de vista económico, sí, evidentemente. Es muy distinto afrontar la llegada del covid con un déficit de 35.000 millones de euros, como es el caso de España, y con un déficit de la Seguridad Social de 18.000 millones que tener superávit, como es el caso de los Países Bajos.

-¿Nos hemos endeudado por encima de nuestras posibilidades?

-El truco de la deuda está en pagar los intereses. Si un país paga los intereses, los mercados le permiten que se endeude, porque sobra dinero en el mundo. Si algo sobra en el planeta, es dinero. España está pagando religiosamente los intereses de la deuda, España es una inversión segura. Cuando el Estado hace una emisión de deuda hay más demanda que oferta, lo que quiere decir que hay confianza. Lo que pasa es que España, para afrontar los derivados del virus, se va a ir un pago de intereses que va a acercarse a los 40.000 millones de euros. Y esto es muy peligroso.

-¿Hay alternativa en la UE? Explíquenos el paquete europeo de ayudas.

-Lo del billón y medio de euros no se ha explicado bien. Es una entelequia matemática, y usted cuando lo explique me dirá: «Pero esto es el cuento de la lechera». Pues sí: la Comisión Europea tiene un presupuesto de 160.000 millones de euros; a la Comisión Europea se le va a permitir endeudarse a partir de las aportaciones de los países. Se estima que el endeudamiento de la CE puede alcanzar los 300.000 millones de euros. El pase mágico viene ahora: se supone que los distintos Gobiernos podrán arrastrar a la iniciativa privada a realizar inversiones de cinco euros por cada euro de endeudamiento. ¿300 x 5? Un billón y medio. ¡Aquí lo tiene!

 «La dinámica favorece la concentración de empresas y el oligopolio. El poder estará cada vez en menos manos»

-¿A esto se refiere cuando dice que el Estado pierde significado y está en declive por el peso de la gran empresa?

-En parte sí. La dinámica que estábamos llevando, en la que la tecnología cada vez tenía más peso y en que cada vez hacía falta una inversión más fuerte para tener acceso a tecnología punta. En esa dinámica, hace falta cada vez más capital y esto favorece su concentración, favorece el oligopolio y las concentraciones de empresas.

-Eso estaba ahí, y entonces llega el virus...

-Y el virus lo que hace es acelerar este proceso. El virus va a ocasionar que una enorme cantidad de empresas, sobre todo pymes, desaparezcan.

-¿Sin covid habría ocurrido esto en nuestra economía?

-Sí, pero mucho más lentamente. ¿Por qué el virus lo ha acelerado? Porque la solución sanitaria al virus, que es el parón, sanitariamente puede ir bien, pero a nivel económico es la muerte. Nuestra economía está basada en la movilidad y el intercambio y de un día para otro nos han dicho: «Todos quietos, parados». Si Volkswagen o Toyota este año venden 6.000 millones de euros menos de coches pueden aguantar perfectamente. Y en este período lo que harán será rediseñar su estrategia y aprovechar este tiempo para prepararse para el futuro. ¿Sabe cuánto dinero tiene Microsoft en el cajón, en reservas? 134.000 millones de dólares, ¡en el cajón, eh! Esto la pyme de la esquina no lo tiene, claro.

-¿No cambiaremos en pautas y hábitos de consumo?

-A corto plazo, no. A Amazon, el virus, y ponga, por favor, entre comillas mis palabras, «le ha beneficiado». Hay hábitos de consumo que pueden cambiar, pero de forma indirecta. Un trabajador está en un ERTE, la empresa en la que está hace un concurso de acreedores, luego esa persona encuentra trabajo pero su renta baja. Ese trabajador tendrá que adecuar su pauta de consumo a su renta, pero no por una evolución psicológica.

 «La pregunta es ¿cuántos de los trabajadores en ERTE volverán al trabajo en las mismas condiciones?»

-¿Cuánto podemos aguantar confinados, cuánto el parón económico?

-Las grandes empresas pueden aguantar lo que haga falta, juegan en otra Liga. Y JP Morgan hizo un estudio en EE.UU. con una muestra de 615.000 empresas pequeñas y llegó a la conclusión que, según la actividad a la que se dediquen estas pymes, los días que pueden sobrevivir estando paradas oscilan entre 15 y 43 días. Los bares, de media, 15 días, y una agencia inmobiliaria, 43. En el medio, ponga usted todo. Ahora, parece ser que en España puede llegar a haber tres millones y medio de trabajadores en ERTE. La gran pregunta es ¿cuántos de ellos volverán en las mismas condiciones en las que estaban?

 «Las clases media-media y media-baja están en serio peligro. Pero puede resistir el directivo que gana unos 130.000 euros al año»

-¿Qué prevé usted?

-Muchos van a volver, pero no en las mismas condiciones. Se producirá una caída en la renta media. Las empresas turísticas, como hoteles, han pedido que se prolonguen los ERTE. Y cuando más se prolonguen estos ERTE, esto tiene un impacto sobre la deuda pública. ¿Por qué? Porque es el Estado el que está sosteniendo estos ERTE, así que lo que estamos salvando por un lado lo estamos condenando por otro. Es una situación difícil. Nos quedarán unos tres años de crisis... pero ni yo ni nadie sabíamos que iba a llegar el virus. Posiblemente sea incluso menos, un par de años. El mundo sanitario dice que la solución es la vacuna. Estiman que en un año y medio la podemos tener. Cuando llegue la vacuna estaremos en el nuevo modelo y la crisis se dará por acabada.

-¿Cómo será el nuevo modelo del que habla?

-Hay cosas que ya vemos: una gran concentración del capital, importancia creciente de la tecnología y la inteligencia artificial, producción aditiva; es decir, tecnología a manta, lo que significa crecientes necesidades de capital e importancia decreciente del factor trabajo. El poder estará concentrado cada vez en menos manos. La clase media se adelgazará cada vez más. La clase media-alta pervivirá, un directivo que puede ganar al año 130.000 euros, si es que sigue siendo necesario. La clase media-media y la media-baja los veo en peligro. Hoy, el 14 % de las personas que trabajan en España son pobres, están ganando por debajo del salario mínimo, ya que no trabajan las horas suficientes porque nadie se las ofrece. El problema no es lo que tienen los ricos, sino lo que no tienen los pobres. La renta básica tiene enemigos que dicen que desincentiva la búsqueda de empleo. Experimentos que se han hecho en distintos lugares (en Finlandia o Alaska) han demostrado que no.

-¿Cómo seremos, más solidarios o menos, más ecológicos; cómo nos ve mañana?

-Sí seremos más ecológicos, pero no por convencimiento, ojo, sino por negocio. Hoy el ecologismo las grandes empresas lo están potenciando porque ya es negocio. Hemos llegado a un nivel en que mucha gente está concienciada, por eso para las grandes empresas ir por ese lado resulta positivo. En cuanto a la solidaridad... Cuando las cosas van bien y las personas tienen el bolsillo lleno, son solidarias. En momentos complicados, en cambio, la solidaridad baja. Lo que cuenta es el detalle, es verdad, pero que un pobre sea solidario y dé un euro está muy bien pero no es significativo; lo importante es que el multimillonario sea solidario. En momentos complicados, la solidaridad baja, a no ser, cuidado, que tras esa solidaridad haya unos intereses de imagen, y esto es además una cuestión fiscal. Pero bienvenido sea. El señor Amancio Ortega hace periódicamente donaciones sanitarias, y hay quien lo critica. Yo no, en absoluto. Yo digo: «Ojalá diera más, o hubiera más que hiciesen lo que él». El concepto de solidaridad está muy vinculado a la situación del conjunto. Estamos viviendo una época en la que la redistribución no se lleva, si tenemos que fiar todo a la solidaridad lo tenemos negro.

-¿Cambiará Europa, dejará de tener dos velocidades?

-Yo creo que no, creo que cada vez profundizará más por ahí. La idea de «Europa, todos juntos, unidos» es una idea de los 70 y los 80. Hoy no, porque la similitud que hay entre la economía búlgara y la danesa es cero. Hablamos de dos galaxias distintas. Las diferencias irán a más.

-¿Se romperá la UE?

-No lo creo, pero vamos a una Unión Europea de clusters, de zonas. Por ejemplo, nos han pintado una Alemania maravillosa, pero usted va al estado de Baden-Wurtemberg y va al de Brandeburgo y son la noche y el día.

-¿Esto no sucede en España?

-¡Hombre, claro que sucede! Y en Francia... Algunas zonas de Alemania parecen el Tercer Mundo. Hay barrios de París que ponen los pelos de punta. Parece que nos hemos olvidado de los minijobs alemanes, que hemos olvidado que en Alemania hay siete millones de personas con minijobs, un salario de 430 euros basado en el 'Te llamo cuando te necesito'... A esto añado otra cosa: creo que la legalización de la marihuana está a la vuelta de la esquina, porque la marihuana calma, y elimina mafias y permite que el Estado tenga un ingreso.

-Dice que se acaba el modelo vuelo «lata de sardinas», ¿viajarán solo los ricos?

-Ryan Air ya ha dicho que si le indican que tiene que eliminar el 40 % de plazas de sus aviones, no vuela. Si se tiene que eliminar el 40 % de plazas de un avión, el 40 % de plazas del vagón del AVE... al final, viajarán los ricos. En estas líneas de ultralarga distancia, como Singapur-Nueva York, solo hay turismo Premium y Business, no hay más. Claro, son 16 horas y en un vuelo lata de sardinas no aguanta nadie. A España le va a afectar mucho, porque aquí el turismo que viene es básicamente low cost.

-¿Volveremos de algún modo a los 80 a cruzar el país de una punta a otra con el coche?

-De alguna forma, sí. Si es que, cuidado, dejan seguir circulando a los automóviles que no cumplan normas medioambientales. Esa es otra, porque si no cambian la normativa, a partir del 2022 los coches diésel no van a poder circular. 

-¿Se acentuará la crisis demográfica?

-No es una crisis demográfica, sino una crisis de productividad. La esperanza de vida que se ha alcanzado en Occidente (España es el segundo país del mundo con mayor esperanza de vida) se ha conseguido a base de una sanidad universal y un cuidado de los mayores. El problema es que, cuando hay muchas personas mayores, el gasto sanitario es alto, y en pensiones también alto. Las pensiones se nutren de las cotizaciones que realizan los trabajadores. El salario medio, en términos generales, está estancado y el desempleo juvenil en el 32%. Hoy, el salario medio del joven que se incorpora al mercado de trabajo es un 20% a la pensión media del jubilado medio que empieza a percibirla. Entonces ¿hay que aumentar la natalidad? La solución no pasa por ahí, sino por aumentar la productividad. Por productividades altas basadas en la tecnología que permitan sostener una serie de gastos con una larga esperanza de vida. De todas formas, a medida que se vaya recortando la sanidad pública universal, la esperanza de vida irá bajando.

-¿Entonces, habrá un único modelo de ciudadano español, de entre 30 y 50 años?

-La caricatura de la evolución es esa. Es el ejemplo que pongo a mis alumnos el primer día de clase: que una persona pueda fabricar 100.000 coches a base de tecnología. Es, evidentemente, una caricatura. Y lo que hace 25 años era ciencia ficción es hoy una realidad: en hospitales de Estocolmo hay robots que reparten la medicación. Esto es hoy una realidad.

-¿Qué países están gestionando mejor esta crisis?

-Tenemos que irnos a países pequeños y con altas productividades. Países Bajos, Dinamarca, Austria, una parte de Suecia, Noruega, Nueva Zelanda y luego zonas, como Baden-Wurtemberg, Baviera, Île-de-France, Hesse, Flandes... La crisis de los Estados, de alguna forma, está relacionada, con la innecesariedad del Estado; me explico: si Bélgica mañana desaparece, Flandes sigue igual, porque no la necesita, pero si Alemania desaparece Brandemburgo se hunde, porque necesita a Alemania. Esa es la crisis de los Estadas. En Holanda o Austria esto no sucede porque se trata de un país homogéneo, sin apenas diferencias, poca población, alto nivel de productividad, alto nivel de cualificación...

-Pero eso no sale de una chistera...

-No, claro. Yo siempre pongo de ejemplo el caso de Holanda. Holanda, cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, se reunió el Gobierno y dijo: «Nosotros con el neerlandés no vamos a ninguna parte». Entonces, en los Países Bajos se enseña inglés desde la guardería, y en Países Bajos cualquier persona de menos de 65 años sabe inglés perfecto. Esto no sale de la chistera ni se improvisa, ha sido objeto de una planificación estratégica a muy largo plazo, tomada por personas con dos dedos de frente.

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