Así pasó el invierno Saba, la osezna de 16 meses reintroducida en Picos

El ejemplar rescatado en los valles del Oso se ha resguardado en una cueva a 1.000 metros pero no ha hibernado

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Cómo sobrevive una osezna sola en invierno Los agentes medioambientales constatan el buen estado de salud del animal, que cumple 16 meses y que fue reintroducido en Picos de Europa

No ha llegado a tener una hibernación completa pero ha pasado el invierno resguardada en una cueva a unos 1.000 metros de altitud. Saba, la cría de oso cantábrico reintroducida en noviembre del año pasado en el Parque Nacional de los Picos de Europa se está aclimatando a su entorno con absoluta normalidad, tras pasar seis meses en su refugio invernal. La osezna proviene de la población occidental de la cordillera Cantábrica. Saba fue rescatada en el límite entre Proaza y Santo Adriano cuando tenía pocas semanas de vida y después trasladado a un centro de Cantabria donde fue atendida hasta que se pudo devolver al medio natural. 

Los agentes medioambientales y celadores de Asturias y Castilla y León, junto con el personal del parque nacional, han observado que está en buen estado y que sus condiciones se corresponden con los de un ejemplar de 16 meses de edad, a juzgar por las imágenes tomadas en los primeros días de abril. 

Seguimiento

Tras su reintroducción el pasado mes de noviembre, Saba pasó las primeras semanas adaptándose a su nuevo entorno y encontró refugio en una pequeña cueva situada a 1.000 metros de altitud, donde pasó los meses de invierno, pero nunca en letargo continuo, sino con salidas continuas al exterior, en un radio de unos pocos cientos de metros para alimentarse y explorar.

A mediados de abril, ya había dejado su refugio invernal y actualmente está empezando a recorrer la zona con movimientos cada vez más amplios. Ha comenzado su periplo por los montes asturleoneses y ya es un ejemplar más, que se suma a la población oriental de la cordillera Cantábrica, escasa en hembras según los últimos estudios.

Los datos de la evolución son posibles gracias al sistema de seguimiento que la osezna lleva incorporado y al trabajo de monitorización realizado por un equipo humano muy especializado. La vigilancia a distancia se efectúa por la captación de señal de dos pequeños dispositivos adosados a la espalda del animal con sendos sistemas de transmisión, uno con señal en VHF que capta un receptor de mano portátil con antena del que disponen los equipos del personal de campo y que permite acotar la zona en la que se encuentra el ejemplar, y otro que emite una señal GPS-GSM de telefonía móvil a una web y ofrece una localización casi exacta de la osezna sobre el terreno, siempre que esté en una zona de cobertura

La labor de seguimiento la realizan cinco equipos, de entre tres y cinco personas cada uno, integrados por agentes medioambientales y celadores de Asturias, Castilla y León y personal del parque. Cada grupo dispone de receptor con antena portátil que vuelca la información a una base de datos donde, además, se recogen aquellos directamente enviados por el animal en SMS cuando existe la cobertura adecuada.

En estos meses, dado lo abrupto de la zona, no siempre se ha obtenido cobertura de su posición de forma continua. De hecho, solo desde hace un par de semanas, al iniciar su periplo por los montes asturleoneses, ha empezado a transmitir los datos acumulados y los de seguimiento diario.

 Antecedentes

La Guardería de Medio Natural del Principado, en colaboración con técnicos especializados, recogió a la cría en las inmediaciones del cercado osero de Proaza a finales de mayo de 2019. Tras estabilizarla, se trasladó al Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre, en Cantabria, unas instalaciones específicas para el tratamiento de esta especie. Posteriormente, se llevó al recinto de Valsemana, en León, espacio en semilibertad, aislado y con un adecuado enriquecimiento ambiental, como paso previo a su reintroducción en el medio natural, un hecho que se produjo a comienzos de noviembre.

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