Los artículos de protección individual se están convirtiendo en residuos cada vez más usuales en sendas, parques y ciudades
16 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Se trata de una imagen cada vez más habitual. La mascarilla se ha convertido en el complemento más importante en la vida de los asturianos, sobre todo desde que su uso es obligatorio para evitar la transmisión del brote de coronavirus, que parece comenzar a calmarse. Pero este material de protección, junto con los guantes, no solo se ve en los cuerpos de los ciudadanos: se han convertido en la basura principal que se encuentra en las ciudades, parques, sendas, etc. Si la falta de higiene y limpieza por parte de los ciudadanos incapaces de tirar sus residuos en papeleras y/o contenedores se veía reflejado con bolsas de snacks y refrescos tirados por cualquier parte, ahora el suelo de las calles asturianas refleja la realidad de la desescalada.
El ciudadano compra sus mascarillas y guantes para poder transitar las calles, pero cuando llega el momento de tirarlos a la basura, no todos llevan a cabo esta acción. En la Senda del Oso o en la pista finlandesa cada vez es más común ver mascarillas tiradas en los laterales del paseo, e incluso colgando de un poste, donde quien la ha dejado poca excusa tiene más allá de deshacerse de ella. Activa Ciudad Naranco pedía, por medio de una publicación en Facebook, al Ayuntamiento de Oviedo la instalación de más papeleras y el refuerzo de la limpieza en la pista finlandesa y alrededores.
Aunque los vecinos han querido apelar «al civismo de la gente». «Cuidemos de nuestro entorno para poder disfrutar de él por mucho tiempo», añadían en el post de esta red social. En Avilés o en Gijón también es habitual encontrarse por sus calles mascarillas, sin su acompañante, desechadas en el suelo por su comprador. Mascarillas con una de las gomas estropeadas también es cada vez más normal de ver por los suelos, como si, no pudieran llegar a una papelera para ser tiradas con civismo.
Los guantes, el complemento necesario para entrar en algunas tiendas, como supermercados o comercios, son también protagonistas en las inmediaciones de este tipo de establecimientos. Cada vez son más los pequeños tornados que forman varias unidades cuando, al no ser depositadas en las papeleras, se amontonan por los suelos, y empiezan a ganar fuerza con el viento. Es una imagen cada vez más usual ver varios pares de estos artículos de plástico volando por las calles.
En el caso de los vecinos de Proaza, tal y como recoge La Voz de Trubia, denuncian esta práctica por parte de unos pocos que provoca la mala imagen de todos. Es la manera más clara, aseguran los vecinos, de notar el desconfinamiento. Y es que la vuelta del ser humano a las calles no solo ha provocado el retroceso de los animales que antes campaban a sus anchas por las ciudades, sino que ya está comenzando, apenas un mes después del inicio de la desescalada, a dejar estragos en el medio ambiente.