Se juntan Jiménez Losantos, Inda y Rubido y hablan del asturiano: ¿es el comienzo de un chiste?

Federico Jiménez Losantos
Federico Jiménez Losantos

Hay chistes buenos, chistes malos y luego están los de Joaquín. La tertulia de Es la mañana de Federico del pasado viernes abordó la situación del asturiano. Intervenía el director, Federico Jiménez Losantos escoltado por Bieito Rubido, exdirector de ABC y Eduardo Inda, director de OKDiario. Lo que allí se comentó puede ser un indicio de lo que la derecha mediática capitalina piensa/conoce sobre la llingua. No se echen las manos a la cabeza, porque durante unos minutos resucitó hasta la figura de Javier Fernández, el expresidente del Principado, que ha optado por el silencio político, cuan eremita.

Vamos por partes. La situación de la fala aragonesa dio pie a que Jiménez Losantos lanzase el guante, recogido gustosamente por Rubido, sobre la llingua. El director de ABC desveló un secreto de despacho, un buen off the record: cómo Javier Fernández («un gran tipo», apuntó Inda) le llamó en la anterior legislatura para que desde las páginas del periódico monárquico diesen batalla contra la cooficialidad del asturiano («porque los periódicos asturianos no lo van a hacer», agregó J.F.) Rubido se fue calentando y añadió más leña: que Javier Fernández consideraba que la cooficialidad y en palabras literales de Rubido «la legalización del bable» (sic) era una barbaridad y que después vendría el independentismo. O sea, los viejos argumentos de J.F. que Barbón ha borrado del mapa.

Pero el calentón de Rubido se contagió a Losantos (aunque no parece que Losantos necesite mecha para calentarse) y arrancó aquí una digresión muy graciosa. Losantos habló de un dialecto llamado papitu, o papichu, (no lo recordaba con exactitud, ¿será el pixuetu?) y sentó cátedra por sus estudios en Filología: el bable significa habla («pero ellos no lo saben») y no llega ni a la categoría de dialecto. Puso un ejemplo: el vasco tenía siete bables o hablas (populares) y otros dos subbables.  

En el caso de Asturias, sostuvo el filólogo Losantos, el bable se habla en cada lugar de una manera. En la del Oriente es de una y el en Occidente es de otra. Y siguió con la perorata, aunque rozando el disparate. «Nunca ha habido una literatura en bable (¡¡!!), no hay producción científica en bable… Pero si metes a 300 profesores a enseñar bablu («la clave es la u final», resumió Rubido en una aclaratoria clase de gramática) en 10 años tienes una generación de gente diciendo España nos roba. España es antiasturiana, todo es una conjura contra Asturias. Somos pobres porque España nos roba». Y recordó el declive demográfico y económico asturiano (eso sí que es verdad) y lo comparó con el edén: cuando Asturias leía muchos periódicos, los que más en España. «Solo falta un regionalismo nacionalista». Y por si había dudas, Losantos bramó: el idioma de Asturias es el español, «el de Jovellanos (¡pobre Jovellanos!, cabe añadir) y el de Clarín». Rubido puso la guinda: esto de la cooficialidad tiene una visión caciquil. «Al final es un colectivo de profesores a los que les viene bien». Es decir, que al final, la culpa, como siempre, la tienen los docentes. Especialmente los de Losantos y Rubido.

¿Es un chiste? Ustedes verán.

¿Cuándo el término «bable» pasó a ser despectivo?

Pablo Batalla Cueto

Los defensores de la normalización del asturiano lo empleaban en los setenta, pero con el tiempo la palabra adquirió un matiz despectivo

«Bable» no era un término despectivo cuando, a finales de los setenta y principios de los ochenta, Asturias comenzó a llenarse de pintadas que exigían la oficialidad de la lengua asturiana llamándola precisamente así: bable, un término de origen incierto pero que ya se utilizaba en tiempos de Jovellanos. Al «idioma asturiano que allí dicen Vable» se refería Carlos González de Posada en 1794 en sus Memorias históricas de Asturias; y cuando, en 1974, un grupo de escritores decidió asociarse para promover la dignificación del idioma autóctono de Asturias a través de las páginas de la revista Asturias Semanal, fue Conceyu Bable el nombre que dieron a la sección de la que se ocupaban, a través de la cual irían sentándose las bases de la actual norma culta de la llingua, basada en el asturiano central; y que luego se convertiría en una activa asociación. Antes, en 1969, José León Delestal había fundado una asociación llamada Amigos del Bable, y en 1973 una Asamblea Regional del Bable presidida por Emilio Alarcos había plantado la semilla de lo que más tarde sería el Surdimientu: una eclosión literaria en lengua asturiana liderada por Xosé Lluis García Arias, Xuan Xosé Sánchez Vicente y Lluis Xabel Álvarez, quienes más tarde acaudillarían Conceyu Bable.

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