Cara y cruz del alcoholismo encerrado en casa

ASTURIAS

Lucía Fernández, trabajadora del Centro Terapéutico de Adicciones RED
Lucía Fernández, trabajadora del Centro Terapéutico de Adicciones RED

El confinamiento propició el consumo de sustancias alcohólicas, pero permitió a las personas que estaban en tratamiento darse cuenta de su enfermedad

29 nov 2020 . Actualizado a las 12:15 h.

El confinamiento cambió la forma de pensar de la sociedad en general, incluso la de las personas drogodependientes. «Muchos individuos adictos nos evidenciaban que durante todo el tiempo de encierro han sido conscientes de la gravedad de su enfermedad», explica Lucía Fernández, trabajadora social del centro terapéutico RED. Esto hizo fortalecer aún más la rehabilitación, ya que al haberse quedado en sus casas y estar con ellos mismos, se dieron cuenta de la realidad. «Evidentemente, las personas que eran adictas a drogas, que no son legales, pasaron a sustancias que estuviesen a un alcance más cercano como, por ejemplo, al alcohol», detalla Fernández.

Tal es así que después del confinamiento recibieron muchas llamadas, principalmente, de mujeres con problemas de alcohol. Pero, también, durante el periodo de encierro. «Sí que realizamos entrevistas por vía telefónica a personas que querían entrar en el centro, pero no se podía indicar el día de ingreso a corto plazo», asegura Fernández. Con la crisis sanitaria no podían recibir a ninguna persona nueva. Solo debían centrarse en los usuarios con los que ya trabajan. Para ello, durante esos meses, hicieron un seguimiento telefónico individualizado y pormenorizado para saber cómo estaban y se encontraban los pacientes.

Lo cierto es que la drogadicción es uno de los problemas más persistentes de nuestra sociedad. A pesar de ello, muchas personas deciden ponerse en manos de profesionales para así conseguir dejar atrás las drogas y empezar una nueva vida. «Para iniciar un tratamiento no es necesario ser consciente de la adicción, pero sí para finalizarlo con éxito», asegura la trabajadora social. La mayoría de las personas drogodependientes que acuden a centros de desintoxicación, por lo general, no reconocen el problema. «Suelen venir animados por sus familias, por causas legales o situaciones personales como, por ejemplo, si van a perder a sus hijos», explica Fernández.