El puente de Asturias a Galicia que no se puede cruzar... pero se cruza

El reciente arreglo de un paso entre las dos comunidades contrasta con la realidad de esos territorios: están cerrados por la pandemia. No se puede estrenar... pero se hace

El puente arreglado que permite conectar Galicia y Asturias
El puente arreglado que permite conectar Galicia y Asturias

ribadeo

Hay zonas donde las fronteras no son más que líneas trazadas en un mapa, mojones administrativos que sus habitantes ignoran en su convivencia. Es el caso en un espacio mestizo donde se confunde Asturias y Galicia, donde el río Eo separa Ría de Abres -núcleo del concello gallego de Trabada-, de Abres -del concejo asturiano de Vegadeo-. Un puente, el de Fornacho, une ambos ribazos. Es un paso pequeño, de apenas unos 30 metros, angosto (no pueden cruzarse simultáneamente dos vehículos), pero de una enorme funcionalidad, porque conecta con la carretera N-640. No usarlo obliga a dar un rodeo de unos veinte kilómetros para vadear el río. También es paso de peregrinos y cuentan las crónicas que antes de este puente del Fornacho, construido en 1927, había otro medieval, de Santiago de Abres o A Ponte Vella, como también era conocido.

Finalmente, tras años demandándolo y para gozo de los 150 vecinos que viven en el entorno, el puente ha sido reparado. Las obras las financió el Concejo de Vegadeo. Lo hizo en plena pandemia, cuando Asturias y Galicia están confinadas y no se puede pasar de una comunidad a otra salvo por motivos justificados. De hecho, el presidente asturiano, Adrián Barbón, ha manifestando que al menos hasta la conclusión del estado de alarma, el 9 de mayo, no tiene intención de levantar el cierre.

Entonces, ¿se hizo la obra pero no se puede cruzar? Es la pregunta al alcalde de Vegadeo, César Álvarez, que tras una pausa para sopesar la respuesta, hace un alarde de diplomacia: «Bueno, algún día sí se podrá». Es inevitable no intuir una sonrisa de complicidad al otro lado del teléfono, porque la realidad es que este veto se vulnera sistemáticamente. Los controles de la Guardia Civil se ponen en otro puente, a unos ocho kilómetros, el de Porto, mucho más transitado, que une Ribadeo con Vegadeo. «Por Abres a veces patrulla la Guardia Civil, pero no por el Fornacho», reconoce el alcalde.

Cabe preguntarse si tiene lógica este veto cuando en la zona de Abres asturianos y gallegos comparten la misma iglesia y cementerio, los mismos servicios, y en no pocos casos sus propiedades se dividen entre las dos comunidades: la casa en un lado, las tierras de labranza en el otro. Probablemente así se entienda mejor la permisividad, por omisión, en los controles de la Guardia Civil.

Además, se da la circunstancia de que el puente del Fornacho es el atajo que toman vecinos de Trabada y de parroquias del interior de Ribadeo para ir a Vegadeo por una carretera secundaria y eludir la vigilancia de los agentes del orden.

Pese a ser un paso estratégico, el puente estaba muy necesitado de una mejora. Se ha alquitranado el firme e instalado barandillas: «Tiene mucho tráfico y esta obra de acondicionamiento permite ahora aprovechar mucho mejor el puente», dice el alcalde de Vegadeo. Los vecinos también lo celebran, aunque piden más: un nuevo puente, de mayor sección, que permita cruzarse a dos vehículos.

«La obra ha quedado muy bien, pero lo que necesitamos en un nuevo acceso que nos garantice la entrada y salida al pueblo. Esto es un apaño que agradecemos, pero necesitamos algo nuevo», comenta Fina García, hostelera de Abres, evidenciando que hay zonas donde las fronteras administrativas poco tienen que ver con la realidad.

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