«Juan Carlos I fue clave para que el franquismo pensara que había continuidad en el régimen»

ASTURIAS

Eduardo Abad, investigador de la Universidad de Oviedo y coordinador del libro «El antifranquismo asturiano en (la) Transición»
Eduardo Abad, investigador de la Universidad de Oviedo y coordinador del libro «El antifranquismo asturiano en (la) Transición»

Entrevista con el investigador de la Universidad de Oviedo Eduardo Abad, coordinador del libro El antifranquismo asturiano en (la) Transición que acaba de salir publicado (Ed. Trea)

14 mar 2021 . Actualizado a las 12:08 h.

Acaba de ver la luz El antifranquismo asturiano en (la) Transición (Ed. Trea, 2021). Una recapitulación histórica, un mapa, que aporta múltiples puntos de vista sobre el debate en torno la Transición y el papel de las fuerzas policiales, políticas y sociales desde el punto de vista asturiano. El investigador de la Universidad de Oviedo Eduardo Abad fue, junto a Carmen García y Francisco Erice, coordinador del trabajo de muchos autores, extenso y prolijo, pero «aún no terminado» dada la complejidad de la época, como él reconoce.

-Hablan ustedes en este libro de una cierta «crónica del desencanto» sobre un periodo a menudo idealizado. ¿Eligieron un momento oportuno para hablar con sentido crítico de la Transición, dada la situación política actual revuelta, con las críticas a la monarquía y el auge de la ultraderecha?

-No, el libro parte de unas jornadas de hace cuatro años. Queríamos saber qué pasó con esa gente, hombres y mujeres, que habían dedicado muchos años de su vida a luchar contra la dictadura y que luego, durante este periodo de la Transición, parece que pasaron a un segundo plano. Algunos supieron integrarse, como en el caso de los socialistas, pero otros como los comunistas y la izquierda radical quedaron en la marginación y el olvido. Se partía de la inexistencia de trabajos de conjunto o visiones de síntesis de ámbito asturiano sobre la Transición y mapear toda eso: también las luchas sociales, las mujeres, el movimiento obrero, estudiantil…

El momento actual parece poner de manifiesto que España tiene un problema con la ultraderecha, pero, en todo caso, en 2017 esto no parecía exactamente así, o no con las dimensiones que tiene en la actualidad.

Una manifestación en favor de la legalización de partidos de izquierda, durante la Transición española, en 1977
Una manifestación en favor de la legalización de partidos de izquierda, durante la Transición española, en 1977 ARCHIVODELATRANSICION.ES

-Sin embargo, mencionan «nexos sutiles, pero indudables, existentes entre aquel pasado hoy ya aparentemente lejano y las expectativas, miedos y esperanzas de nuestro presente».

-En 2017, en mi opinión, había un cierto revival crítico sobre los acontecimientos del 78 y los elementos de la Transición; en aquel momento estaba de moda hacer una visita crítica a aquel pasado cercano. Había interés en la ciudadanía, tanto entre quienes lo defendían como entre quienes lo criticaban. Nuestra intención era construir un acercamiento académico, riguroso, sobre ese pasado que levanta muchas pasiones, porque mucha gente que fue protagonista sigue viva y a veces le cuesta aceptar planteamientos científicos por encima de su vivencia personal.

Para un sector no desdeñable de la izquierda, el resultado no compensaba tanta sangre derramada

-En general, flota en el libro una actitud crítica o al menos no hagiográfica, no santificada de la Transición. Dicen en su introducción: «La nueva democracia no fue precisamente generosa con al menos una parte muy importante del antifranquismo (…), incluso para un sector no desdeñable de la izquierda, el resultado final «no compensaba tanta sangre derramada». ¿Por qué?

-Claro, piense que durante la dictadura franquista todos estos movimientos sociales y políticos sufrieron una represión muy dura, con años de cárcel, torturas, exilio…, por lo tanto, en el imaginario colectivo de los jóvenes de los años 40, 50 ó 60 sobre cómo sería la España después de Franco, esperaban una sociedad más progresista, con valores más humanos, con justicia social y no, en su lugar, una sociedad marcada por el auge de la ultraderecha con una élite política y económica que parece que se mantiene constantemente en el poder. Sí, existió un desencanto, sobre todo en la izquierda radical y el comunismo que había tenido protagonismo en el antifranquismo y que en el año 1982 (la victoria de Felipe González) se redujo a la mínima representación.