Karmenka, matemática y glacióloga: «Los glaciares llevan años avisándonos del desastre y no les hacemos caso»

«Vendrán más catástrofes naturales y más pandemias. Los seres humanos somos una plaga», advierte, en el Día Mundial del Clima, la mujer que viajó al corazón de los glaciares


Exploradora polar desde hace 20 años, María del Carmen Domínguez, Karmenka, un nombre que le pusieron los expedicionarios rusos en misiones compartidas en los polos, fue una niña que creció en el amor a la naturaleza hasta convertirse en una mujer capaz de vivir a la intemperie, en condiciones extremas, por escuchar a los glaciares. Ella conoce su interior, por eso ellos le han contado en confianza cosas alarmantes en su proceso de deshielo. Cofundadora del proyecto Glackma, esta aventurera y matemática de Oviedo puso en marcha un método único para el estudio del cambio climático, de manera constante, que se ve en la necesidad de financiación y que han sostenido durante dos décadas dos mentes científicas y curiosas. «¡Son 20 años ya trabajando en los hielos!». Se dice pronto... «pero se tarda en hacer», matiza. Karmenka, que considera las matemáticas «como una caja de herramientas», encontró en los glaciares «el sitio idóneo para trabajar con esa caja». En el 96 escuchó una conferencia del químico y geólogo Adolfo Eraso: «Le escuché y vi imágenes del interior del glaciar Perito Moreno... y yo que andaba con las matemáticas, con mi caja de herramientas, dije: '¡Ese es mi mundo!'». 

Con Adolfo, pusieron en pie en el 2001 el proyecto Glackma ('glaciares, criokarst y medio ambiente') y diez años más tarde se convirtieron en asociación. «En estos 20 años hemos instalado estaciones que miden cada hora datos de descarga glaciar, es decir, datos del hielo que se pierde en forma de agua. Empezamos a instalarlas en el 2000 y llegamos a tener en el momento de mayor esplendor ocho estaciones, cuatro en el hemisferio norte y cuatro en el sur». Las conclusiones de dos décadas de trabajo son «tristes». «La fusión de hielo va rápido, lleva un proceso demasiado acelerado. En 13 años, el valor de la descarga glacial, de esa fusión de hielo, se duplicó. Eso es una burrada, no tendría que ser visible a escala humana en una generación. Después, en tan solo cuatro años más, ¡se volvió a duplicar! Es un signo de que algo grave en la Tierra hemos provocado», alerta. A la espalda lleva el argumento de cien expediciones polares. Y, en el Dia Mundial del Clima, llama a una revolución medioambiental.

-¿Hemos ganado conciencia en el último año sobre la gravedad del cambio climático o aún no nos damos por enterados?

-Cuando nosotros empezamos a trabajar en los glaciares, del calentamiento global casi no se hablaba. En veinte años se ha pasado de «calentamiento global» a hablar «cambio climático», que implica un cambio profundo. Y ahora se habla ya, al fin, de «crisis climática».

-¿Hemos tardado en advertir que se trata de una crisis?

-Sí, y aún nos cuesta. Se empieza a hablar de crisis climática, pero las medidas que se están tomando no están encaminadas a frenar una crisis. Son muy lentas.

-¿Qué medidas habría que tomar ya? Nos sentimos pequeños y necesitamos, entiendo, pasos de gigante.

-Somos muchos millones de seres pequeñitos. Si pensamos que lo que hacemos cada uno de nosotros no va a afectar, estamos confundidos. Muchos millones de cosas y gestos pequeñitos pueden hacer o algo bonito o algo desastroso. Hoy estamos orientados a hacer algo desastroso. O cambiamos, que es lo complicado, o será un desastre. El planeta pide a gritos un cambio.

-¿Esta pandemia nos ha hecho ver claro el problema de salud del medio ambiente?

-Pensé que la pandemia nos cambiaría. De alguna manera, con el confinamiento, teníamos la sensación de que la naturaleza revivía un poco. Ahí tuve la esperanza de que podríamos dar un poco más de lugar a la naturaleza, de que los humanos nos daríamos cuenta de que no podemos seguir así, de que debemos volver a ella, porque realmente se demostró que el modelo socioeconómico que tenemos no funciona. 

-¿Qué hacemos para mejorar?

-Yo veo necesario un compromiso individual. Es cierto que algunas acciones deben ser a nivel político y gubernamental. Tienen que espabilar, la crisis climática siempre la van dejando... Pero cada ser humano debe hacer algo. Somos absolutamente consumistas, los niños nacen ya con ese consumismo metido dentro, y no podemos seguir aprovechándonos de la naturaleza porque se acaba. Hemos pasado del uso al abuso del planeta. La crisis climática es peor que la pandemia.

-Pero la pandemia y la crisis climática se parecen en algo: nadie está a salvo.

-Exacto. El problema más gordo son los grandes cambios meteorológicos. Los océanos nos estaban regulando el clima. Cuando les doy las conferencias a los niños en los colegios, para que entiendan lo que son los polos y lo que suponen en la Tierra, les digo: «Tenéis una nevera en casa, en la que hay hielo y alimentos. ¿Qué pasa si el hielo se funde? Los alimentos se estropean. Lo mismo pasa en la Tierra. Los hielos de los glaciares se están fundiendo muy rápidamente y el clima está cambiando por ello. Y con el clima cambian las condiciones que tenemos los seres humanos para vivir como hemos aprendido a vivir. Los océanos están saturados. Las corrientes oceánicas están siendo alteradas. Esto es ya muy grave. Lo que duele es ver que pasa el tiempo y que no se hace nada.

«La sociedad como la tenemos montada no va a poder continuar. El ser humano es una plaga en la Tierra. Las ciudades se han convertido en monstruos»

-¿La sexta extinción es ya una realidad?

-Sí, se extinguen muchas especies vegetales y animales, y creo que la sociedad tal como la tenemos montada hoy no va a poder continuar. 

-¿Qué plazo tenemos para revertir la situación, diez, quince años?

-Eso no lo sé... Pero lo que sí veo es que últimamente es más alarmante. Antes las alertas meteorológicas estaban más distanciadas en el tiempo. Ahora todos los años pasan muchas cosas. Ahora empieza la primavera con tiempo invernal. Y acuérdate de lo que pasó con Filomena...

-¿Por qué?

-Lo que va ocurriendo es que en la atmósfera hay cada vez más energía y esta energía desencadena eventos meteorológicos y cambios en los océanos. Por un lado, está la subida del nivel del mar, y la mayor parte de la población de la Tierra está en zona costera. La fuerza del mar es cada vez mayor, los azotes de las borrascas son cada vez más fuertes y con menor distancia entre uno y otro. Ahora o hay sequías o hay lluvias torrenciales. Hay tornados donde antes no había, viene el frío cuando tenía que llegar el calor, y al revés. Perdemos la estacionalidad y nos estamos acostumbrando a los desbarajustes. Pero no son normales. El clima está cambiando, nuestra vida también. El océano era un gran regulador del clima por la inercia térmica que tienen las aguas. Y otro problema es que ha absorbido mucho CO2. Con esto se trastoca toda la base alimenticia, porque ese CO2 afecta a las conchas, a los corales... Al final, seguimos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Y cada vez irán apareciendo más cosas, pandemias, efectos secundarios...

-¿Provocará la aparición de virus y superbacterias?

-Es posible. Y seguramente más rápido...

-¿Cómo encaja las declaraciones de la ministra para la Transición Ecológica, que dice que nuestra ley de cambio climático es de las «más ambiciosas de la UE»? 

-Igual es ambiciosa la ley, pero yo soy más de trabajar con hechos que con palabras. 

«Si estuviéramos viviendo más en armonía con la naturaleza no tendríamos los problemas que tenemos»

-¿Parte del problema es la superpoblación del planeta, somos demasiados?

-Sí, ese lo veo otro gran problema, somos demasiados y vamos creciendo de manera exponencial. La Tierra es finita y sus recursos limitados. El ser humano es como una plaga.

-¿Pero lo es más por su abundancia o por su comportamiento?

-Las dos cosas, pero si estuviéramos viviendo más en armonía con la naturaleza no tendríamos los problemas que tenemos. Hoy si algo se rompe lo tiras, no lo arreglas, no lo aprovechas.

-¿Un par de gestos fáciles que cambiarían un poco las cosas?

-El gran problema es que somos muy materialistas, y cada vez va a más. Arreglar las cosas, reutilizarlas, es una buena alternativa al 'usar y tirar'. La esperanza la tenemos puesta en los niños, que todavía están aprendiendo. Nosotros en los talleres en los colegios les vamos dando la información que vamos encontrando en nuestras expediciones. Ellos llevan la semilla dentro.

-¿Es importante que yo use siempre una bolsa reutilizable de tela en vez de las de plástico cada vez que voy al súper o a la tienda?

-Sí, todas las pequeñas cosas importan. Hay que tratar de contagiar este tipo de cosas. Si las hacemos los millones de personas que somos en el mundo, algo sí que cambia. Cuando uno es consciente de lo que ocurre, debe actuar y tratar de hacer lo que esté en su mano. Ojalá viniese una pandemia positiva, la pandemia de la armonía con la naturaleza, la de recuperarle el respeto poco a poco.

-¿La pandemia acabará, la crisis climática no?

-Bueno... ahora empieza a haber mayor conciencia, porque es un problema que no se puede ocultar, pero falta mucho todavía: sales al campo y aún encuentras bolsas y latas tiradas. Pero nada es imposible de cambiar. Hay que cambiar muchos patrones. Hay muchas más personas sensibles hoy a esta realidad que hace 20 años, pero seguimos viviendo en la sociedad de las prisas, en un mundo voraz donde no queda tiempo para lo importante, donde lo importante es consumir, gastar. Eso nos aleja de la naturaleza y de la felicidad. 

-¿A nivel global, de Estados, qué se debe priorizar?

-Hay tantas cosas... Con la pandemia, quedó demostrado: se cae un país y cae el comercio en todos los sitios. Esto nos debe hacer reflexionar. Fíjate lo que ha pasado tras el éxodo de los pueblos a las ciudades, los pueblos se han quedado vacíos y las ciudades ahora son monstruos. 

-¿Pero hay que volver al pueblo?

-¿Por qué no? Hay negocios que están montados de la misma manera en los pueblos que en las ciudades. ¿Por qué no se montan en los pueblos? Porque a lo mejor no se dispone de infraestructuras, de carreteras, de una buena comunicación, de Internet... Si se trabaja en ello, habrá una cantidad de población que prefiera irse a un pueblo a vivir y trabajar allí. Habría que trabajar con políticas que paliasen esas carencias. Y buscar un equilibrio.

-¿Cuál es el gran secreto de los glaciares? 

-Que nos alertaron hace años del desastre y no les hemos hecho caso.

-¿Estamos a tiempo todavía?

-Mientras estemos, estamos a tiempo, ¡pero hay que ponerse ya!  Nosotros llevamos midiendo el deshielo 20 años, que a nivel de la Tierra no es tanto, y hemos encontrado cambios que son una barbaridad. 

-¿Qué pasará si seguimos así?

-Que las ciudades serán cada vez más monstruosas, tendremos más sequías, habrá más pandemias. Y catástrofes naturales vamos a ir teniendo más, tenemos que acostumbrarnos.

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