Así consiguió blindarse la residencia del Montepío del coronavirus

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Imagen de la residencia de ancianos de Felechosa
Imagen de la residencia de ancianos de Felechosa Carmen Liedo

La enfermedad no ha logrado traspasar los muros de este centro sociosanitario asturiano, donde conviven 170 residentes y 100 trabajadores. La directora Raquel Villa explica porqué no hubo ningún caso

09 abr 2021 . Actualizado a las 08:34 h.

Ningún caso positivo registrado desde que se inició la pandemia. La residencia geriátrica del Montepío de la Minería en Felechosa (Aller) es uno de los centros sociosanitarios en Asturias libre de coronavirus. Por el momento, la enfermedad no ha logrado traspasar los muros del centro, a pesar de que a diario confluyen muchas personas. En ella conviven 170 residentes y 100 trabajadores, de los cuales la mayoría ya están inmunizados. «Estamos mucho más tranquilos porque vemos que las vacunas funcionan. Nos aferramos a ello, pero no podemos bajar la guardia porque el virus puede entrar en cualquier momento», asegura Raquel Villa Posada, directora del centro.

Una de las claves para que las pruebas de detección realizadas durante más de 13 meses arrojasen resultados negativos ha sido el cumplimiento estricto de las medidas de prevención y los protocolos establecidos. «Nada más declararse la pandemia, sectorizamos a los residentes para evitar contactos e hicimos PCRs asiduamente para todo el equipo, tanto trabajadores como usuarios». Al mismo tiempo, habilitaron una zona para aislamientos. «Dejamos libres 18 habitaciones individuales para que en el caso de que hubiese un confirmado se ingresase directamente allí. Además, los nuevos residentes tuvieron que pasar 14 días ahí por prevención», detalla. Sin embargo, afortunadamente aún no tuvieron que hacer uso de ella.

También el compromiso del personal sociosanitario jugó un papel fundamental. «Desde el principio la plantilla se implicó al 200%. Como éramos los únicos que podíamos meter el bicho en el centro, cambiamos nuestros estilos de vida por completo. Al trabajar en un sitio como este, donde los usuarios son de riesgo, teníamos una inmensa responsabilidad porque si entraba la enfermedad no sabíamos si la podemos controlar. Iba a arrasar con todo y obviamente hicimos y hacemos todo lo posible por no contagiarnos», reconoce Villa. En esa misma línea, resalta el trabajo fundamental del servicio de limpieza. «Intensificaron su labor para así tenerlo todo más higienizado y, en el caso de que el virus entrase en el centro, poder acabar con él».

De la misma manera, la formación profesional fue otro punto fuerte. «Durante todo este tiempo, hicimos cursos online a través de Ieducae sobre medidas de seguridad y sanitarias como, por ejemplo, la correcta utilización de EPIs». Un aprendizaje que se refuerza y amplía constantemente. «Cada vez que nos podemos juntar, ya bien sea en un cambio de turno o en un cribado masivo recordamos la importancia de cumplir los protocolos. Además, el personal sanitario nos imparte charlas sobre qué supone esta enfermedad y el porqué de las medidas», subraya.

Pero, a pesar de ser un periodo marcado por la incertidumbre y el miedo, la pandemia les ha servido para reinventarse y hacer del centro un lugar más especializado y comprometido con el bienestar de los usuarios. «Había que dar vida a los días fuera como fuese. Aunque estuviésemos en un semiaislamiento teníamos que realizar actividades con los residentes para evitar que hubiese un deterioro, tanto cognitivo como físico», relata la directora. Por eso, en la medida de lo posible, el personal sociosanitario ayudó a mantener los ánimos y dio más cariño de lo normal a los residentes. «Son personas de las que tenemos mucho que aprender. Fueron los que más restricciones tuvieron y los que mejor lo hicieron. Por eso se merecen los mejores cuidados».

Por eso, en algunos periodos como vieron limitada su actividad por los protocolos de Salud pusieron en marcha varias iniciativas. Una de ellas ha sido los abrazos digitales. De esta manera, los residentes podían reunirse a través de una videollamada con todos sus familiares. Una actividad reconfortante, ya que les permitió sobrellevar mejor la situación. «Con esto se produjeron situaciones muy bonitas dentro de lo que cabe». Al mismo tiempo impulsaron un proyecto de canoterapia para favorecer ese apoyo emocional y, también instalaron una unidad postcovid. «En ella hacemos estancias temporales y nuestros trabajadores especialistas trabajan la función respiratoria, todo lo que tiene ver con el aspecto psicológico y la terapia ocupacional con los usuarios».

Además, el centro ya ha ido recuperando poco a poco la rutina que tenían antes de la pandemia. «Por el momento, empezamos a realizar salidas y ya permitimos las visitas», asegura entusiasmada Villa. Sin embargo, aún se mantienen alerta, puesto que el coronavirus puede entrar en la residencia. Por el momento, lo peor ya lo han pasado. «Cuando hubo el brote grande en el concejo estuvimos muy preocupados. Lo veíamos muy negro. Fuimos conscientes de cómo familias cercanas se contagiaban e, incluso fallecían padres o madres de nuestros trabajadores. En nuestro caso, tuvimos diez empleados aislados por contacto estrecho, pero tuvimos la suerte de que ninguno llegó a ser positivo», confiesa y sentencia con que «ese miedo se juntó con la tristeza, pero salimos reforzados y esperamos que todo acabe pronto».