Sin rastro del colosal banco de bocarte que dejó un millón de kilos

Otro cardumen fue hallado a la altura de Ribadesella y Lastres

Imagen de archivo de una monumental subasta de bocarte en la lonja burelense, que gestiona ABSA y donde días rozaron el millón de kilos en poco más de dos días
Imagen de archivo de una monumental subasta de bocarte en la lonja burelense, que gestiona ABSA y donde días rozaron el millón de kilos en poco más de dos días

Redaccion

Afloró el jueves de la semana pasada, cuando lo localizaron por primera vez cerqueros que siguieron pescándolo el viernes y descansaron el fin de semana. Eclosionó el lunes, cuando casi toda la flota del cerco de Asturias, Galicia, Cantabria y País Vasco se concentró frente a la ría de Ribadeo. Se hizo querer y se dejó capturar hasta que el lunes de madrugada desapareció. Este martes no quedaba ni rastro del colosal banco de bocarte que «inundó» con un millón de kilos A Mariña, la mayoría en la lonja de Burela y otra parte en la de Celeiro. Con él se marcharon los pesqueros, que este martes habían dado con otro cardumen en la costa asturiana, a la altura de Ribadesella y Lastres.

Los símbolos de color naranja señalan en el mapa la zona de la costa asturiana, frente a Ribadesella, donde los cerqueros localizaron este martes otro banco de bocarte, con piezas de menor tamaño que las del que eclosionó en A Mariña el lunes
Los símbolos de color naranja señalan en el mapa la zona de la costa asturiana, frente a Ribadesella, donde los cerqueros localizaron este martes otro banco de bocarte, con piezas de menor tamaño que las del que eclosionó en A Mariña el lunes

El gran banco revolucionó dos de las grandes lonjas de Galicia, poniéndolas a cien, especialmente la burelense, para dar servicio a las decenas de barcos que formaron largas filas en el puerto para descargar y vender. Por tierra, decenas de camiones, fletados por conserveras atraídas por el bocarte del tamaño más comercial para filetear y convertir en anchoa o boquerón, ese que oscila entre 30 y 36 piezas por kilo. Pese a la abundante oferta, la demanda le iba a la par y no regatearon a la hora de pagar.

Miguel Neira, gerente de Armadores de Burela, gestora de la lonja de ese puerto, detalla que solo el lunes comercializaron 420.000 kilos, a 2,25 euros de media. Esa cotización satisfizo a las tripulaciones que lograron pescar, porque, pese al gran cardumen, no todas lo consiguieron. La rula burelense ya había subastado el jueves y el viernes otros 405.000 kilos, casi al mismo precio. En total, 825.000 kilos, cerca de dos millones de euros en poco más de dos días para la flota.

Los cerqueros asturianos no salieron ni el viernes ni el fin de semana y, ayer martes, las capturas del cardumen de Ribadesella, de piezas más pequeñas, se vendieron en la lonja de Gijón. El lunes, como casi toda la flota cerquera del noroeste, se concentraban en la costa lucense porque a finales de la semana pasada ya se había corrido la voz del afloramiento de un cardumen con bocartes del tamaño más valorado por las conserveras. En esas empresas lo elaboran con aceite y sal, convirtiéndolo así en la apreciada anchoa, o en boquerón, como se conoce cuando se semiconserva con aceite y vinagre.

Capturar ese pez pelágico que los científicos llaman Engraulis encrasicolus requiere medios y experiencia. Se pesca con el arte de cerco, una red con la que los barcos rodean a los bancos. Cuando una lancha auxiliar acaba de desplegarla en círculo, el navío principal comienza a recogerla y cerrarla por los lados y por el fondo, para atrapar al pescado y subirlo después a bordo.

La clave es localizar el cardumen de bocarte. Para eso emplean el sonar, con el que realizan un barrido de superficie a distancia, explica desde el mar Eduardo Carreño, patrón del cerquero gallego Ardorán. Cuando dan con los peces, toca la sonda. Y con esa sí hay categorías: las básicas reflejan en la pantalla manchas y las complejas permiten averiguar especies y hasta tamaños. Quienes usan estas últimas, van a tiro fijo, y con las primeras es cuestión de experiencia y de suerte. Pese a toda la tecnología de teledetección y a que el bocarte se desplaza en grandes bancos, encontrarlo en el medio del mar sería mucho más difícil sin tantos barcos rastreándolo. Y allí donde hay, allí van todos.

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