El epidemiólogo de las 1.000 entrevistas que compite en popularidad con Fernando Simón
ASTURIAS
Desde que comenzara la pandemia este exdirectivo de la OMS ha dedicado gran parte de su tiempo a atender a los medios de comunicación ayudando a mejorar la comprensión de lo que estaba pasando con el Covid-19
14 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Si hay un experto en epidemiología que ha dedicado tiempo a explicar, divulgar y mejorar la comprensión de la crisis sanitaria originada por la Covid-19 en todo el mundo, ese es Daniel López-Acuña, exdirector de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde que comenzara la pandemia en España en marzo de 2020, el epidemiólogo afincado en Gijón ha dedicado cada día la mayor parte de su tiempo a atender a los medios de comunicación. Literalmente puede decirse que es el epidemiólogo de las 1.000 entrevistas, y es que asegura que en los 400 días de pandemia que más o menos llevamos, «he concedido más de un millar de entrevistas y peticiones de valoración tanto de la prensa escrita, como de la radio y la televisión, además de haber escrito unas 100 tribunas». Así, en una misma jornada no es extraño escucharle en la radio a primeras horas de la mañana, verle en los magazines de televisión del mediodía y la tarde y leerle en diversas informaciones y reportajes escritos en los medios digitales. Su disponibilidad hacia los medios de comunicación ha sido todo su tiempo libre, por lo que señala que su tarea de divulgación de la pandemia «ha sido un trabajo a tiempo completo». A destacar, en todos los casos ha profesado esa atención con una amabilidad y educación máximas edulzada por su acento mexicano, agradeciendo siempre que se tuviera en cuenta su opinión en una crisis sanitaria como la que se está viviendo. Su popularidad en España solo es comparable a la de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad,
Pero ¿quién es este experto que tanto ha contribuido a entender y asesorar sobre la pandemia del Covid-19? Daniel López-Acuña nació en Ciudad de México en 1954, hijo de padre asturiano, en concreto, de Candás, que emigró al país hispanoamericano durante la Guerra Civil española. Se licenció en Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México, especializándose en Salud Pública tras cinco años de estudios en la Escuela Johns Hopkins de Higiene y Salud Pública. Al terminar, comenzó a trabajar en la OMS, organización en la que ha estado durante tres décadas asumiendo diferentes responsabilidades desde Washington o Ginebra. Entre ellas, ha sido director de Acciones de Salud y responsable del Clúster de Salud desde 2006.
Por sus cargos ha vivido en primera persona momentos difíciles sanitariamente hablando, como la irrupción del sida a comienzos de los años ochenta, la epidemia de cólera en Perú, la gripe A, o en situaciones de catástrofe natural, como el terremoto de México de 1985 o el huracán Mitch en 1990. Su trayectoria laboral le ha llevado a trabajar en 80 países diferentes. Cuando se jubiló de la OMS, a los 60 años, comenzó labores de asesor independiente, coordinando proyectos, como, por ejemplo, la respuesta a las necesidades de salud de los refugiados desde 2014. Además, es profesor en varias universidades con amplia experiencia en cursos online. Ha escrito el libro La Salud Desigual en México, numerosas publicaciones y es miembro del comité editorial en diversas revistas.
Aunque durante estos meses de pandemia ha seguido con sus labores de consultor independiente, buena parte de su tiempo diario lo ha dedicado a explicar la difícil situación que estaba viviendo el mundo y, en concreto, la situación de España y Asturias como consecuencia del Covid-19. Su experiencia formativa y laboral y su consideración de que la comunicación es una vertiente importante para trasladar información relevante para la sociedad han sido pilares para que Daniel López-Acuña atendiera a los medios de comunicación de una forma tan notoria y con un lenguaje comprensible por los receptores del mensaje. «Es importante que cuando se comunica una crisis la narrativa y el discurso sea comprensible para la ciudadanía», señala el epidemiólogo, que durante estos meses se ha esforzado sobremanera en traducir las disciplinas científicas para que el lenguaje no pusiera distancias en la explicación de esta crisis sanitaria.
«Yo tenía los elementos por mi experiencia internacional y cuando llegan realidades como esta saltas a la palestra porque crees que tienes que cumplir un cometido, y lo he hecho con gusto», señala López-Acuña, que apunta que lo ha considerado como «un servicio público que he asumido voluntariamente» y como forma de «responder a la deuda que tenía por haberme podido formar con la salud pública mundial». «Ha sido más de un año destinado a esta tarea en gran medida y a lo largo de este periodo no he recibido ni un céntimo de nadie, de ningún medio de comunicación», deja claro el epidemiólogo, que ha llegado a conceder entre cuatro y diez entrevistas por día. Y en tanto que ha seguido con su actividad de profesor y de consultor independiente, comenta a modo de anécdota lo poco que ha dormido durante estos meses de pandemia.
Análisis desde la objetividad
Y sus valoraciones han sido siempre desde la objetividad sanitaria. «En todo momento he sido fiel a mi verdad y mis consideraciones no han obedecido a planteamientos de nadie por razones políticas o económicas», asegura el experto, que insiste en «la importancia de tener un marco de pensamiento independiente» en lo que a salud pública se refiere. Y va más allá: «es importante también ofrecer análisis que no edulcoren la realidad y que, a la vez, sean tranquilizadores, que den seguridades a las profundas angustias que una crisis como esta han generado en materia sanitaria y social», manifiesta López-Acuña, que desde que comenzara la pandemia se ha esforzado en trasladar «un discurso sereno, objetivo y no distorsionado por las crispaciones políticas y económicas que nos rodean». Y una cosa más apunta: «no he tenido problema en señalar tanto los aciertos del Gobierno como los errores porque no me he dejado influir».
En este sentido, el epidemiólogo no ha entendido que en tantas ocasiones «se pospusieran los criterios científico-técnicos para dar prioridad a la economía y al turismo por populismos electorales o posiciones táctico-electorales, porque eso ha hecho daño a la gestión de la pandemia». No obstante, reconoce que los momentos de la pandemia de mayor preocupación para él como experto fue el proceso de desescalada que tuvo lugar el pasado verano y la percepción de que no se hizo todo lo necesario para evitar la tercera ola, lo cual achaca a que debido a los problemas políticos «no se actuó con la contundencia necesaria» quedando en el aire una acción más convergente entre el Gobierno central y las autonomías. En su opinión, lo oportuno hubiera sido «un confinamiento corto pero contundente».
«Hay que seguir con medidas que limiten la transmisión»
Ahora reconoce que «la vacunación ha cambiado las cosas» pero sus valoraciones de estos días van en la línea de que la población no debe relajarse «porque aún falta un trecho». «A veces percibo la idea de que ya estamos al otro lado del río, y no es así. El virus está menos presente pero la incidencia aún es alta y, sobre todo, en grupos jóvenes, por lo tanto, hay que seguir con medidas que limiten la transmisión». Recuerda López-Acuña que por el momento sólo se ha vacunado en España al 25% de la población diana y que «nos falta mucho para alcanzar el 75% que daría la inmunidad de grupo. Siendo realistas, hasta el final del verano no estará vacunado el 70% de la población con la pauta completa».
Esta valoración actualizada la hace el epidemiólogo desde su casa de Gijón en la que aún sigue semiconfinado con su mujer por decisión propia. «Yo me limité a ir cada 15 días al supermercado y a la farmacia cuando necesitábamos algún medicamento», comenta López-Acuña, que señala que lo más complicado ha sido la imposibilidad de reunirse con sus hijos, que viven fuera de España. En lo que respecta a su mujer, reconoce que «ha tenido la paciencia de Job, porque la casa se ha convertido en un plató de televisión permanente y más de una vez hemos tenido que calentar la comida por atender a algún medio de comunicación», cometido al que aplica el 24/7 pero que reitera «he hecho con gusto porque lo entiendo como una forma de coronar mi trayectoria profesional», concluye el epidemiólogo de las 1.000 entrevistas.