Un negocio de 1.500 millones de euros en un pueblo de 300 habitantes

Luis Fernández
Luis Fernández REDACCIÓN

ASTURIAS

Salave, en Tapia de Casariego
Salave, en Tapia de Casariego Exploraciones Mineras del Cantábrico (EMC)

La empresa EMC presenta un nuevo proyecto para impulsar una explotación minera en Tapia. Invertiría 100 millones y generaría 200 empleos directos y 1.000 indirectos

29 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La posible explotación de una mina de oro en Salave, Tapia de Casariego, vuelve a estar de actualidad. El proyecto dividió a los vecinos de la zona hace unos años entre detractores (que criticaban su impacto ambiental) y partidarios (que defendían el efecto económico que tendría en la zona). Para conceder los permisos necesarios, el Principado fijó unos requisitos a los que ahora la empresa Exploraciones Mineras del Cantábrico (EMC) quiere dar respuesta con un nuevo plan que tiene «el compromiso de alcanzar el nivel de riesgo cero para el medioambiente a largo plazo». Para lograrlo, anuncia una inversión de 100 millones que permitiría crear 200 empleos directos y 1.000 indirectos. La compañía calcula que en el suelo de Salave, un pueblo con unos 300 habitantes, hay «un millón de onzas de oro (30 toneladas)», por lo que está en juego un negocio que, con el precio de mercado actual del oro, ronda los 1.500 millones.

Desde la empresa explican que el proyecto está en fase de autorización ambiental. El objetivo, añaden, es que «se declare la compatibilidad del entorno con el proyecto». Pero el proceso será largo, ya que desde EMC estiman que «conseguir todos los permisos y ponerlo en marcha desde que se consigue la autorización medioambiental puede alargarse entre dos y cuatro años». Eso sí, reconocen que «la empresa mantiene y mantendrá las reuniones técnicas y administrativas que se necesiten con el Principado para clarificar los aspectos del proyecto en esta fase de autorización».

Perfil de los puestos de trabajo

La compañía estima que la explotación minera generaría 200 empleos directos, entre los que se incluirían «perfiles técnicos y operadores mineros». Además, destacan que, en la medida de lo posible «se contratará a trabajadores de la zona». Por otro lado, su cálculo es que la actividad cree unos 1.000 empleos indirectos, entre los que se incluyen, entre otros, «servicios técnicos auxiliares, de transporte, mantenimiento, suministros específicos». 

División social

El proyecto inicial provocó una fuerte división entre los vecinos de la zona. Ahora, con el nuevo planteamiento, EMC espera que su proyecto tenga más respaldo. «Nuestra propuesta está enfocada en la minimización de los impactos sobre el entorno y con el convencimiento de que así será percibido por la mayor parte de la población evitando, por tanto, cualquier tipo de enfrentamiento», defienden.

Así es el proyecto

La singularidad de la propuesta se desarrolla bajo «el compromiso de alcanzar el nivel de riesgo cero para el medioambiente a largo plazo», explican desde EMC. El proyecto, que incorpora tecnologías «modernas y contrastadas internacionalmente», propone «la separación de un concentrado de sulfuros de la mina de Salave como producto final. De este modo se excluye y elimina la necesidad de utilizar productos cianurados en el proceso, como ocurre habitualmente en las minas de oro del mundo». Desde la compañía sostienen que la extracción subterránea y su relleno total minimiza los residuos mineros y la superficie necesaria para gestionarlos y aseguran que la actividad regular se desarrollará ajena al entorno al estar las infraestructuras exteriores completamente cerradas dentro de edificios industriales. 

Respecto a otro de los aspectos más polémicos de este tipo de explotaciones, la empresa defiende que su proyecto «no generará ningún vertido a cauce terrestre y propone medidas para una protección máxima de las aguas subterráneas, que incluyen la deposición en el mar exclusivamente de agua limpia a través de un emisario submarino a 800 metros de la costa y 17 metros de profundidad, funcionando de manera similar a los emisarios ya existente en la zona, cumpliendo con la normativa requerida por la legislación autonómica, nacional y europea y sin afección al medio marino, la costa y playas de la zona». 

Por otro lado, el plan de la empresa contempla una recuperación de los usos actuales del suelo al final de la vida útil de la mina, que se estima en 16 años. Al término del proyecto, «se eliminan todas las edificaciones y construcciones en superficie, reintegrando la morfología de la zona a su apariencia actual y rellenando los huecos generados en el interior de la explotación en su totalidad, asegurando una recuperación completa e integral», afirma EMC.

La compañía considera que en su proyecto prima el «respeto medioambiental y la eliminación de los impactos, especialmente el visual». La nueva propuesta plantea una operación concebida con la tecnología «más moderna, contrastada y un fuerte compromiso con el entorno, que garantice la sostenibilidad medioambiental, de acuerdo con los propios compromisos de la compañía y con la exigente legislación regional, española y europea», asegura la empresa.