Un asturiano que sufre covid persistente desde hace más de un año: «Vivo a cámara lenta»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

María Pedreda

Aunque las pruebas PCR arrojan un resultado negativo desde el primer momento y los exámenes médicos dictaminan que todo está correcto, esta enfermedad ha limitado por completo su vida

07 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Miles de asturianos sufren covid persistente. Uno de ellos es Nacho Ruiz Serrano. Aunque las pruebas PCR de detección del virus arrojan un resultado negativo desde el primer momento y los exámenes médicos dictaminan que todo está correcto, este gijonés de 51 años lleva conviviendo con esta enfermedad desde hace 15 meses. Una patología que ha condicionado su vida por completo debido a la variedad de síntomas que padece. Sin embargo, aunque el malestar está presente en su día a día, debe luchar contra viento y marea para acudir a su puesto de trabajo ya que «no hay más remedio». Una indisposición que hace que «ya no soy capaz a rendir como antes», pero que al mismo tiempo no le permite estar de baja laboral, puesto que ya ha finalizado la prórroga de la misma.

Era principios de marzo de 2020 cuando tras una cena por cuestiones laborales Nacho Ruiz empezó a encontrarse mal. Decidió acudir a su médico de cabecera, puesto que no sabía que le pasaba, y este le desvió al Hospital de Cabueñes ya que no tenía los «síntomas típicos» del coronavirus. Allí le vieron «un puntito» en el pulmón, pero como pensaban que no era nada grave le mandaron a casa con mediación. Pero, a los pocos días le subió la fiebre y le costaba respirar. Volvió al centro sanitario y ya le diagnosticaron una neumonía bilateral y trombos en los dos pulmones. Sin embargo, las pruebas PCR daban negativo. «Tres veces me las hicieron y nada», cuenta antes de resaltar que «no fue hasta junio cuando me realizaron un análisis y salió que tenía anticuerpos y que el virus estaba activo, pero no contagiaba».

Pero, aunque la carga viral era tan baja como para no infectar a nadie, esta le generó una serie de síntomas que a día de hoy aún sufre como cansancio extremo, sequedad en los ojos, jaquecas «tremendas, que nunca antes había tenido», un fuerte dolor en el costado e hipertensión. Y, por si fuera poco, «ahora si camino más rápido de la cuenta me da la sensación de que me falta el aire, aunque saturo bien», tampoco puede conducir distancias muy largas porque se fatiga y ha perdido capacidad de reacción. «Es una sensación de que hacer cualquier cosa te cuesta y como si fueses a cámara lenta porque no sabes cómo actuar inmediatamente», reconoce.