Ocho meses sin empleo y sueldo para el profesor que solo ponía sobresalientes

ASTURIAS

Yván Pozuelo
Yván Pozuelo

«Esto es un atentado a la libertad de expresión y una caza de brujas de libro», asegura Yván Pozuelo

13 oct 2021 . Actualizado a las 15:38 h.

Tras un largo proceso que se prolongó durante casi dos años, Yván Pozuelo, profesor de francés en el IES de La Laboral en Gijón, recibió el pasado 27 de septiembre una sanción ejemplarizante, ocho meses de suspensión de empleo y sueldo. La causa: que siempre pone diez, sobresaliente, a sus alumnos. Aunque el castigo se impone por «incumplimiento en general de mis funciones como funcionario», relata Pozuelo, que insiste además que la espita de su expediente se dispara por la publicación de un libro en el que detalla su método de calificación y una entrevista en prensa en la que lo explicaba. «Siempre hice la misma pregunta ¿quién me ha denunciado? Y la respuesta es que no hay denuncia», señala para añadir que «esto es un atentado a la libertad de expresión y una caza de brujas de libro».

Con una trayectoria de dos décadas en la enseñanza, el inicio de sus problemas comienza con el libro ¿Negreros o docentes? La rebelión del 10. En él, Pozuelo se muestra contrario a los libros de texto, a los deberes en casa, pero sobre todo al sistema de evaluaciones y en su obra señala, por ejemplo que «la nota es el principal parásito del proceso de enseñanza-aprendizaje», también que «la nota es una arbitraria varita mágica»; o que «la nota no suma, solo resta, discrimina y segrega». Cuenta que a lo largo de su trayectoria, que no es corta, se dio cuenta de que muchos alumnos que realizaban los ejercicios correctamente en las clases fallaban luego en los exámenes, que alumnos de 10 de «toda la vida» no podían afrontar el día que llegaba un suspenso, o que, pese a los cambios en el sistema de enseñanza, la memoria todavía seguía siendo clave y pilar para conseguir las ansiadas notas.

La defensa práctica de sus tesis en las clases le acarreó finalmente una sanción, pero en un proceso que, asegura, ha estado lleno de mala fe. Tras la pandemia, con sus alumnos habiendo asistido solo de forma semipresencial, la inspección entró en su aula para poner un examen sorpresa «con un nivel de segundo de carrera en la Universidad, con sólo 45 minutos para responder, pero voy a hacer público ese examen».