La fatiga del covid persistente: «Vivo en un piso de tres plantas y me tengo que pensar mucho si subo arriba»
ASTURIAS
Luciano Nieto, vecino de Carreño, cuenta su historia desde que contrajo el covid-19
13 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.¿Puede cambiar tu vida de un momento para otro? Luciano Nieto, afectado por el covid persistente, da respuesta a esta pregunta con su historia. Es un hombre que, antes de contraer el covid-19, llevaba una vida muy activa, «iba al gimnasio, hacía rutas de montaña, senderismo» y ahora reconoce que «mi fatiga es tal que vivo en un piso de tres plantas y muchas veces me tengo que pensar mucho si subo arriba o me quedo abajo». Lo mismo le ha ocurrido a su madre, aunque con sus enfermedades, ella iba a la piscina, salíamos a pasear y hacía bicicleta en casa, ahora, tras el covid, «no puede subir cuestas», ni siquiera «escaleras».
Así que sí, la respuesta es afirmativa, la vida puede cambiar muy rápido. El covid-19 llegó a la vida de Nieto a través de una mujer que cuidaba a su padre que estaba enfermo de alzheimer, entonces se contagiaron su hermana, sus padres y él. Luciano decidió ir a confinarse con sus padres para poder ayudarles, sin embargo, su padre se empezó a poner peor «tuve que llamar para que se lo llevaran» al hospital, y a los dos días, le dan la triste noticia de que había fallecido. Además, Luciano también cuenta que ese mismo día, tuvo que llamar de nuevo para que se llevaran a su madre, con unos síntomas parecidos a su padre, «la llevaron a Sama, estuvo un mes y medio ingresada prácticamente sin noticias».
En la actualidad, hace ya más de un año que se contagiaron, en noviembre de 2020, la hermana, que es enfermera, es la que menos ha sufrido las secuelas del covid, aunque le ha quedado rigidez en un dedo. Sin embargo, la madre y Luciano presentan los mismos problemas «dolor en las articulaciones», un dolor «inexplicable». Y como en todos los casos que ya se han visto, «unos días mejor y otros peor».
Los dolores en las articulaciones de Luciano vienen de los «brazos, codos, hombros, la pierna derecha y la cadera hasta tal punto que hay días que no puedo conducir». Esto también ha repercutido en su vida laboral, porque aunque el de Carreño decidió dejar su trabajo hace seis años para cuidar de su padre, ahora «no puede podar ni segar en mi casa». Por lo que es consciente de que tampoco puede ir a pedir trabajo. Además de tener días, en los que no puede ni «levantarse de la cama».
Luciano no tiene queja de «pruebas y análisis», pero se sincera y siente que «cuando cuentas lo mismo una y otra vez» a veces, se da cuenta de que los médicos «no te están ni escuchando». También tiene los «túneles carpianos cerrados» y se le queda «una pierna rígida» cuando está conduciendo, pero los médicos le dicen que, en las pruebas, refleja que está «todo bien». Unos médicos le dicen que pueden ser «secuelas del covid», otros le sugieren que, simplemente, «ya pasará», pero como dice Nieto, «llevo ya un año» y los síntomas no aminoran, si no que, a veces, van a más.
Otras alternativas
Ahora reconoce que hay días que se siente «un anciano» y entre risas, declara que «miras mi nevera y todo son citas médicas». Sin embargo, también afirma sentirse «impotente» porque «nadie te da una solución ni una alternativa». Lo que hace que la situación se vuelva «desesperante». Tanto es esto que Luciano ha tenido que dar la medicina tradicional a un lado, porque además «los calmantes» que le han suministrado en «seis tratamientos diferentes, me han dado reacción todos».
El de Carreño lo define como «una rueda que gira en mi contra» y para la que ha decidido buscar otras soluciones porque «quiero mejorar»: «estoy con varias terapias alternativas, tomando muchos complementos, como omega 3, mucha proteína vegetal y ciertas vitaminas». A esto le ayuda la «kinesiología», en su caso, el kinesiólogo es un «médico cirujano que me testa y me explica. Yo hago el tratamiento y parece que respondo un poco».