Miles de republicanos españoles, apodados los «rotspanier», fueron esclavizados durante la segunda guerra mundial para realizar los más duros trabajos de las defensas militares alemanas. Por Guillermo Guiter

En el año 1944, Hitler sabía que los aliados estaban preparando una invasión en su flanco oeste. Lo que desconocía era dónde se produciría el desmbarco, así que, desde la frontera española con Francia hasta Noruega, se dispuso a realizar la obra militar moderna más colosal: el llamado Muro Atlántico. Una serie interminable de búnkeres, fortificaciones, plataformas, casamatas y todo tipo de construcciones defensivas para los que no solo necesitaba increíbles cantidades de hormigón. También enormes contingentes de material humano gratuito, pues eso eran para ellos los Rotspanier (españoles rojos) huidos de Franco.

Los nazis reclutaron, a través de la Organización Todt (OT), a millones de personas; la mayoría por la fuerza, cientos de miles de ellas para levantar el Muro Atlántico. Una parte ya había sido empleada previamente por los franceses, sin ningún miramiento, para impulsar su economía de guerra y en la línea Maginot, desde 1940. Cuando muere Todt en extrañas circunstancias en 1942, hay quien dice que asesinado por Hitler por derrotista, asume el mando Albert Speer.

Presos españoles, «Rotspanier», enrolados por los nazis en las compañías de trabajo de la Organización Todt durante la segunda guerra mundial
Presos españoles, «Rotspanier», enrolados por los nazis en las compañías de trabajo de la Organización Todt durante la segunda guerra mundial BUNDESARCHIV

Según los propios archivos oficiales de Alemania y Francia, solo en el año 1944 al menos 15.000 españoles de los refugiados tras la Guerra Civil fueron entregados por la policía gala a los nazis para ser internados en los campos de trabajo de la OT. Mano de obra esclava, maltratada y malnutrida (ver cita 1 al final de este reportaje).

Un prisionero español, Fernando Hernández, relataba así parte de su experiencia en Burdeos: «El mismo día que llegamos, empezamos a trabajar. De siete de la tarde a siete de la mañana sin un descanso y nada que llevarnos a la boca… Teníamos miedo de volver al campo, porque cuando los hombres de las SS se llevaban a algún prisionero, ya no lo veíamos más».

Hay autores como Antonio Muñoz, de la Universitat Rovira i Virgili y coorganizador de la exposición Rotspanier, que elevan la cifra hasta 40.000. Muñoz es autor de artículos que explican el «hasta ahora totalmente desconocido proceso judicial que llevó a los Rotspanier a ser considerados por las autoridades alemanas (de posguerra) como perseguidos políticos del nazismo (…). Esta investigación obligará a reescribir en Alemania el relato canónico sobre los trabajadores forzados. Según este, fue solo a partir del año 2000, como consecuencia de una cascada de demandas judiciales contra empresas alemanas, cuando finalmente la RFA reconoció a los millones de trabajadores forzados de toda Europa como víctimas del nazismo y creó fondos para resarcirlos económicamente».

Imagen actual de las antiguas dársenas que protegían a los submarinos alemanes U-boot en la segunda guerra mundial, en Saint-Nazaire (Francia)
Imagen actual de las antiguas dársenas que protegían a los submarinos alemanes U-boot en la segunda guerra mundial, en Saint-Nazaire (Francia) © Daniel Roig

La exposición Fronteras de Hormigón (Gobierno de Navarra, 2021) documentó que «entre 1941 y 1944, alrededor de 40.000 españoles rojos internados en los campos de la zona libre son deportados por el régimen de Vichy en trenes de ganado a las obras de construcción del Muro Atlántico. La mayoría de ellos trabaja en bases submarinas en Brest, Lorient, Saint-Nazaire, La Rochelle y Burdeos. Otros construyen plataformas para misiles V1 y V2 y búnkeres en las islas del Canal de la Mancha. Rusos y republicanos españoles sufren las condiciones más duras en los campos de trabajo de la OT, al igual que los judíos belgas, prisioneros en el norte de Francia y que luego son deportados a los campos de la muerte. Un número desconocido de refugiados españoles muere en las obras de construcción del Muro Atlántico» (cita 2).

Prisioneros españoles trabajan en las fortificaciones para proteger los submarinos alemanes U-boot, durante la segunda guerra mundial
Prisioneros españoles trabajan en las fortificaciones para proteger los submarinos alemanes U-boot, durante la segunda guerra mundial BUNDESARCHIV

En algunos de los archivos tanto franceses como alemanes figura la procedencia de los trabajadores forzados, en otros no. Y, naturalmente, un buen número de ellos procedía de Asturias, de donde eran oriundos muchos refugiados al país vecino. Ellos contribuyeron, contra su voluntad, a la construcción del Muro Atlántico junto al resto de españoles. Aquí hay algunas de esas historias personales.

Una lista inacabada

El blog Deportados Asturias recoge de distintas fuentes, algunas de ellas los familiares de los afectados, un gran número de datos sobre personas que sufrieron el exilio y la represión después de la guerra. Uno de estos casos es el de Valentín Bonacho Pacheco, un gijonés enrolado en el 68º Grupo de Trabajadores Extranjeros (GTE) bajo el régimen títere de Pétain, sin salario, «aunque al menos se sentían protegidos frente a males mayores como ser deportados a Alemania o repatriados a España». Temporalmente, porque la deportación a los campos de extermino fue, finalmente, el destino de muchos.  

Siguiendo las órdenes de Hitler, el GTE nº 68 fue enviado a Saint-Servan-sur-Mer, en Bretaña, para levantar el Muro del Atlántico. «Valentín trabajó un tiempo para la empresa Maurice Viot construyendo búnkeres y baterías en la pequeña isla de Cézembre, situada en la bahía de Saint Malo». Después fue empleado como camionero de la NSKK, transportando materiales para las fortificaciones costeras.

Búnker del Muro Atlántico de Hitler en la playa Omaha (Normandía), construido por presos de guerra hacia el año 1944
Búnker del Muro Atlántico de Hitler en la playa Omaha (Normandía), construido por presos de guerra hacia el año 1944 © Daniel Roig

Debido a su labor clandestina para la Resistencia, en marzo de 1944 fue detenido por la Gestapo y luego deportado al campo de concentración de Dachau junto a otros muchos españoles, donde pasó terribles penalidades. Pero consiguió sobrevivir y se puedo reunir tras la guerra con su familia en Francia, donde murió en 1968 (cita 3).

Los Archivos Arolsen recogen varias relaciones, entre ellas una basada en registros de personal de trabajadores civiles extranjeros empleados por la Organización Todt en Normandía 1942-1944 (cita 7). Aquí figuran, a menudo con errores de transcripción, Carlos Alonso Estraña (Colunga nacido el 4.9.03) y su hermano Félix Alonso Estraña (Colunga, 25.12.08); Prudencio Álvarez Carballo (Pravia, 4.8.11), Atanasio Martínez (Cangas de Onís, nº. 3233, 28.02.01), Ramón Menéndez Iglesias, nº 3194 (Mieres, 1.1.09); José Migoya de la Llena, 3376 (Infiesto, 26.2.87); Julio Pujol Artas, 3235, (Villalegre, Avilés, 9.3.03); Auxilio Sebastián González, 3010, (Tineo, 16.7.18); José Tablado Ortea, 3008, (Caborana, 24.02.08); Faustino Acebal González, 3293 (Sama de Langreo, 24.7.21) y Urbano González Montero, 3253 (Caborana, 5.7.05). Y figuran otros dos huidos de La Rochelle, donde también se construyó (y sigue en pie) un enorme búnker para proteger los submarinos, los famosos u-boot. 

Francisco Cristóbal Pérez, de Gijón, había participado en la 130ª CTE en Sainte-Livrade-sur-Lot, cerca de Burdeos, donde estuvieron miles de republicanos españoles, 3.000 de los cuales participaron en la base para los famosos submarinos alemanes. Detenido por la Gestapo, fue deportado al KL Neuengamme y sobrevivió a la guerra. Falleció en Francia en 1998 (cita 4).

Numerosos españoles republicanos fueron obligados a realizar trabajos forzados para el Estado Francés desde 1940 (y más tarde para la Organización Todt) en distintas obras, como es el caso de Belarmino García García, de Navia, que fue destinado al túnel de Parpaillon en los Alpes; otros hacían carreteras, producían en las fábricas o en la Línea Maginot.

También pudo ser el caso de José Sánchez Llaneza, un mierense integrado en la CTE nº 22. Esta compañía operó tanto en la Maginot como en el Muro Atlántico (en 1944) y fábricas de armamento. Detenido por los alemanes, fue internado en el campo de Gusen (Austria), donde murió, según escribió su amigo Prisciliano García a los familiares de José: «Tras sufrir lo inimaginable: palos, frío, trabajo agotador… y mucha hambre. Fue internado como inválido en el barracón 32, como un ser ya inservible, que es como decir un condenado a muerte. Y acabó su vida bajo una ducha de agua fría a toda presión el 12 de diciembre de 1941. Esta es la cruda verdad» (cita 5). 

Búnkeres del Muro Atlántico sobre la playa de Omaha, Normandía, en la actualidad
Búnkeres del Muro Atlántico sobre la playa de Omaha, Normandía, en la actualidad © Daniel Roig

José Ramón Llera Suero, de Llanes, fue destinado a la CTE nº 115 (que colaboró en la Maginot) y, bajo la ocupación nazi, deportado al campo de concentración de Gusen, donde muere en 1941 con 22 años cumplidos. Un caso similar es el del gijonés Luis Caíñas López, alistado en la CTE nº 32, también en la línea Maginot y también internado en Gusen, donde falleció en julio de 1942 (cita 6).

Cada departamento francés tiene su propio registro. Por ejemplo, entre los españoles huidos del GTE en Aixe-sur-Vienne encontramos a Luis Iglesias (Oviedo), Saturnino Hornia (sic. ¿Posiblemente, Ornia? Oviedo), Alfredo Cuervo Rodríguez (Oviedo), Sabino García (Mieres), Manuel Garzón Sánchez (Gijón) y Bernabé Díaz Fernández (Sama de Langreo).

Son unos pocos de cientos, puede que miles de asturianos esclavizados por nazis y colaboracionistas franceses. Allier, Aude, Gironde, Hautes Pyrénées, Landes, Loire… la documentación es ingente, la mayor parte sin digitalizar, confusa o incompleta, dispersa. Por no hablar de los documentos que pudieron perderse o ser destruidos deliberadamente por nazis y colaboracionistas al final de la guerra.

Datos que duermen a la espera de reconocimiento y justicia. Están presentes, no obstante, en la memoria de los pocos supervivientes que aún quedan y la de sus familiares. Los testimonios de quienes pudieron contarlo al mundo en nombre de todos los demás.

1. Web Rotspanier. Guía de españoles republicanos deportados para trabajos forzados

2. Fronteras de hormigón

3. Deportados Asturianos. Biografía escrita por Claudine Allende.

4. Deportados Asturias. Biografía escrita por Antonio Muñoz Sánchez.

5. Deportados Asturianos. Biografía escrita por Begoña Álvarez Cienfuegos

6. Deportados Asturias. Biografía escrita por José Luis Villaverde y Maribel Luna.

7. Archivos Arolsen

 

Liberación del campo de Mauthausen en 1945

190 historias de sufrimiento y terror en los campos nazis

G. GUITER

El próximo miércoles, 5 de mayo, se celebra el día de homenaje a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y otros campos de concentración y exterminio nazis. Muchos de ellos fallecieron debido a las durísimas condiciones a las que fueron sometidos; algunos sobrevivieron y contaron su historia. Y precisamente para recordar nació un grupo de trabajo (Deportados Asturias) que está reuniendo las biografías de los asturianos que fueron internados.  

Según señala el grupo, son varias las comunidades que disponen al menos de una investigación de las biografías de sus deportados y deportadas muertos en los campos nazis. En Asturias varios autores publicaron biografías individuales, «pero falta por hacer un trabajo que abarque al resto y que alcance a la totalidad. Para llenar esta laguna se creó el grupo de trabajo, que lleva más de un año trabajando» con la participación de investigadores y familiares de los deportados, según señalan en una nota de prensa.

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