Deportación, tortura y cámara de gas: asturianos en los campos nazis

Un grupo privado de investigadores reúne los nombres de los repudiados por Franco y represaliados por los nazis

El horno crematorio de Mauthausen, campo al que fueron enviados la mayoría de los asturianos deportados
El horno crematorio de Mauthausen, campo al que fueron enviados la mayoría de los asturianos deportados

Son casi 200 nombres y detrás de cada uno de ellos una historia intensa: de guerra, deportación y sufrimiento; muchas veces con un final cruel y doloroso, otras -las menos- con el fin de la pesadilla y una vida larga y en paz. Son los asturianos que fueron deportados a los campos de concentración y exterminio nazis después de la Guerra Civil y durante su exilio en Francia. Eran apátridas, porque el régimen de Franco no les reconocía la nacionalidad.

Un grupo de investigadores, «que no una asociación», recalca una de ellas, decidió un día, en enero del año pasado, recoger esas historias, documentarlas y dejar constancia. Sin interés político ni material. Solo, y nada menos, para que no sean olvidados, «por justicia histórica».  

Se llaman Grupo Deportados Asturias y vuelcan sus hallazgos en un blog que, esperan, algún día consten en un registro oficial. «No es algo que se esté tratando como debiera», dice Esther Martínez, investigadora del grupo. «Ellos merecen que sus historias se conozcan; y así como en Francia son reconocidos y recordados, en España siguieron en el olvido por parte de las administraciones.»

De modo que se pusieron manos a la obra y llevan recogidas en torno a 80 biografías, cada una más dramática e impactante que la anterior. Estas son algunas de ellas.

Sandalio Puerto: resistencia en el infierno

Como recoge el trabajo de Begoña Álvarez Cienfuegos, Sandalio nació en 1919, hijo de labriegos de Salinas (Castrillón), fue un combatiente en Madrid, Guadalajara y el frente del Ebro, así como militante comunista. En febrero de 1939 pasó a Francia y fue internado en los campos de Saint Cyprien y Bacarès. Alistado en una compañía de trabajadores extranjeros y destinado en Nantes, «con la desbandada del ejército francés tras la ofensiva alemana, abandona la compañía en junio de 1940 junto a un centenar de españoles».

Llega a Burdeos y se une a la Resistencia contra los nazis junto a su hermano Rogelio. En París contactan con la colonia española de Les Halles y Sandalio toma el mando del 2º destacamento (español) FTP-MOI de la región parisiense, «que llegó a constar de 20 guerrilleros, casi todos españoles». 

Junto al asturiano Luis Montero, responsable de la dirección política, «dan cuerpo organizativo a la lucha clandestina en dos ramas: la política, que hacía su labor en fábricas y talleres, y la militar, cuyo objetivo serán los trenes y destacamentos de los alemanes, la ejecución de nazis notorios y la filtración de información para el mando aliado.

Por sus actividades de resistencia contra los nazis, Sandalio fue detenido el 9 de setiembre de 1943 y sometido a durísimos interrogatorios bajo tortura, por la Brigada Especial francesa primero y después por la Gestapo. Encarcelado en la prisión Fresnes y catalogado como N.N (prisioneros condenados al aniquilamiento), sufrió cárcel en la fortaleza de Romanville, hasta que a finales de marzo de 1943 fue deportado a Mauthausen y luego internado en el campo anexo de Gusen II.

Él mismo contaba: «Me propuse como voluntario a Gusen II, pues era un recién llegado y conservaba aún ciertas reservas físicas intactas, lo que me permitiría resistir mejor, si  había alguna represalia de aquellos brutos. Desde allí organicé la ayuda a otros compañeros de varias nacionalidades y en particular hacia unos niños judíos húngaros de 10 a 12 años, a los que se obligaba a trabajar como hombres adultos. Con perseverancia, logramos impedir que el Kapo Asturias (hombre de mano de los SS, de nombre real Indalecio González González) prosiguiera su nefasta labor de maltratar a sus compañeros de cautiverio (…)».

El 5 de mayo de 1945, los norteamericanos liberan el campo y Sandalio Puerto fue evacuado hacia París. Aquí supo que su hermano Rogelio había logrado escapar de la Gestapo. Llegó a ser uno de los escasos comandantes españoles de la Resistencia en París y firmante del acta de rendición de la Werhmacht. Tras pasar a España para comandar la guerrilla en Asturias contra el régimen franquista, fue detenido por la Guardia Civil en 1946 y sufrió años de cárcel en los penales de Ocaña y del Dueso.

Sandalio Puerto residió en Colombes (Francia) y estuvo en el consejo de administración de la Amical de París. Estaba en posesión de la Cruz de Guerra (1939-1945), de la Medalla Militar y de la Legión de Honor como héroe de la resistencia en Francia. Murió en Boucau (Bayona) en agosto de 2005.

 Joaquín Álvarez: el triste final

Otros no pudieron sobrevivir, como Sandalio Puerto. Es el caso de Joaquín Álvarez Sampedro investigado por Esther Martínez. Él era natural de Pravia y también se exilió a Francia en 1939 junto a su mujer Trinidad y sus hijos, Gloria (18 años) y Raoul (6 años).

Joaquín fue destinado a realizar trabajos defensivos al departamento de Moselle, hasta que fue hecho prisionero por los alemanes. Fue detenido y trasladado junto a otros muchos compatriotas al campo alemán de Fallingbostel y en 1940 ingresó en Mauthausen. El 23 de septiembre de 1941 fue asesinado en las cámaras de gas del castillo de Hartheim. Su familia siguió residiendo en Favars. Su hijo Raoul,que había nacido en Los Cabos (Pravia) falleció en 2003 en esa localidad.

 Avelino Gutiérrez: plantas para mitigar el hambre

Carlos Barrio documentó la historia de Avelino: «No quería recordar sus dos años en el campo de Buchenwald, prisionero de los nazis, sus entrevistas en medios fueron escasas, pero tampoco quiso que se olvidase lo que había sucedido, lo que había sufrido».

Nacido en Mieres en 1909, emigró a Francia huyendo de la represión en 1939 poco antes del fin de la Guerra Civil. Se apuntó a la Resistencia con un compañero valenciano, Fermín Román. Apresados por las milicias del régimen pronazi de Vichy durante una redada, en diciembre de 1943, fueron interrogados y torturados por la Gestapo. A principios de 1944 fueron enviados a Compiegne, de allí a Buchenwald, en uno de los famosos trenes de la muerte: durante días, «sin poder sentarse, sacando el pañuelo por la ventana para poder llevárselo a la boca y calmar así su sed»

El compañero de Avelino calculaba que solo unas 60 personas llegaron vivas al campo. «Cuando las puertas del vagón se abrieron fueron recibidos por perros que los nazis azuzaron contra ellos. Nada más penetrar en el campo fueron sumergidos en una balsa de agua para ver si llevaban dinero, también se vieron obligados a saltar un agujero. El que no conseguía hacerlo era golpeado hasta la muerte».

El mierense fue esclavizado por los nazis para trabajar en la construcción de un ramal del ferrocarril, interminables horas a la intemperie, «con una alimentación consistente en un agua oscura que llamaban café y un trozo pequeño de margarina y un pedazo de pan negro». Los prisioneros cogían plantas del suelo para comérselas a escondidas y mitigar el hambre.

Tras la caída de los nazis, trabajó en Suiza y Francia. Condecorado por sus servicios pudo, por fin, regresar junto a su mujer y su hija, ya adolescente. «Avelino consiguió rehacer su vida, al lado de su familia, sin querer recordar el terrible daño sufrido, pero sin querer que se olvidase nunca aquellos temibles años».

 María Leonor Rubiano: final de lucha en Ravensbrück

Nacida en Mieres en 1920, según documenta Begoña Álvarez Cienfuegos, su exilio fue distinto: la familia emigra antes de la guerra en busca de una vida mejor y se instala en París. Leonor trabajó como obrera en una fábrica de papel alquitranado. A partir de 1936, aún adolescente, se convierte en una militante activa de la solidaridad con la España republicana.

María Leonor Rubiano, asturiana deportada al campo nazi de Ravensbrück donde fue asesinada en 1945. A la derecha, placa de la calle que le dedicaron en Saint-Denis (Francia)
María Leonor Rubiano, asturiana deportada al campo nazi de Ravensbrück donde fue asesinada en 1945. A la derecha, placa de la calle que le dedicaron en Saint-Denis (Francia)

Leonor militó desde muy pronto en las filas de las jóvenes comunistas francesas (Union des Jeunes Filles de France) auxiliando a las familias republicanas azotadas por la guerra. Al estallar la II Guerra Mundial la organización empezó a estar vigilada y amenazada. Leonor perdió su empleo a causa de sus actividades sindicales y políticas.

En 1941, ya bajo la ocupación, es detenida por los alemanes y enviada a la prisión de La Santé junto con su amiga Angelines Martínez. Allí sufrieron torturas por parte de la policía francesa y la Gestapo, «lo que no impidió que en los ocho meses que estuvieron presas consiguieran dirigir un grupo de solidaridad entre las detenidas».

En la primavera de 1942 fueron trasladadas a Alemania, donde serían juzgadas en la fortaleza de Breslau como cabecillas de grupos de resistencia. Trabajaron «bajo un trato durísimo» en una fábrica de construcción de los cohetes V1 y V2 con los que los nazis bombardeaban Inglaterra.

«Una decena frenaron y sabotearon la producción al máximo sin doblegarse ante la privación de comida y bebida, las amenazas y el calabozo». En septiembre de 1942, justo al año de su detención, fueron enviadas al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, donde fueron clasificadas como deportadas Noche y Niebla (N.N), es decir destinadas a ser exterminadas en breve plazo.

Leonor trabajó de forma esclava en un taller anexo, doce horas al día haciendo prendas militares, apaleada y torturada. Sobre esta etapa, la investigadora cita el testimonio de Marie Claude Vaillant-Couturier en el proceso de Nuremberg: En el «terrible bloque 10, el bloque de las tuberculosas, a las que no se consideraba mano de obra recuperable, no recibían cuidados ni tampoco medicamentos. (…) Eran muy numerosas, varias en cada cama, en literas de tres pisos, en una atmósfera sobrecargada, con las detenidas de diferentes nacionalidades acostadas juntas, lo que hacía que no podían ni hablarse entre ellas… No obstante, y como María Rubiano no moría lo bastante rápido a juicio de los SS, un día, el doctor Winkelmann, el especialista de las selecciones en Ravensbrück, la inscribió en la lista negra, y el  9 febrero de 1945, con otras 72 tuberculosas, entre ellas 6 francesas, la subieron al camión con destino a la cámara de gas».

Leonor sólo tenía 24 años cuando fue asesinada por los nazis. Una calle de Saint-Denis lleva su nombre como «resistente muerta en deportación», mientras en su tierra natal apenas se le recuerda.

Y así continúa la lista, decenas de nombres e historias terribles: Alfonso Ceferino Sánchez Cadavieco, Fernando Batalla, Camilo María Díez de Viego, Emilio Álvarez Mongil. Una lista que comenzó hace poco más de un año con Manuel Suárez Lopez y que, por el momento, no tiene fin.

200 adoquines «stolpersteine» para recordar a las víctimas asturianas del horror nazi

E. G. Bandera
Dos adoquines «Stolpersteine» en recuerdo de víctimas de los campos de concentración nazis colocados en una localidad alemana
Dos adoquines «Stolpersteine» en recuerdo de víctimas de los campos de concentración nazis colocados en una localidad alemana

Memoria Democrática y el grupo Deportados Asturias promueven esta iniciativa en los 49 concejos en los que ya se ha situado el origen de los asturianos enviados a campos de concentración del nazismo

«Una persona solo es olvidada cuando su nombre es olvidado». Esta cita del Talmud judío es mencionada a menudo por el artista alemán Günter Demnig para justificar el proyecto Stolpersteine, que puso en marcha en los años 90 para que los nombres de las víctimas del horror nazi no cayeran nunca en el olvido. La iniciativa consiste en que cada víctima tenga dedicada una stolperstein, que en español podría traducirse como una piedra con la que se tropieza en el camino y que, en este caso, hace tropezar con la memoria histórica con el reconocimiento que lleva implícito.

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