Lo que Asturias no debe olvidar de Mauthausen

La polémica en torno al campo de concentración nazi en el pleno gijonés revive el recurdo de uno de los enclaves más atroces del nazismo y de los asturianos que fueron prisioneros o murieron en él

Monolito en memoria de los asturianos asesinados en los campos de concentración nazis en El Cervigón (Gijón)
Monolito en memoria de los asturianos asesinados en los campos de concentración nazis en El Cervigón (Gijón)

Gijón

Cuando el 5 de mayo de 1945 el 41º Escuadrón de Reonocimiento de la 11ª Divisón Acorazada de los Estados Unidos hizo su entrada en el campo de concentración nazi de Mauthausen (Austria), se encontró una pancarta española dándole la bienvenida. La foto es muy conocida, seguramente una de las más divulgadas acerca del principio del fin del horror de los 'lager'. Pero es un momento -como todos los terribles momentos que le precedieron- del que pocos pueden dar ya testimonio por su propia voz. Este es el principal argumento de quienes llevan años promoviendo desde Asturias, como desde otras comunidades y los 40 países que tuvieron presos en Matthausen, la memoria de lo sucedido en este y otros campos de trabajo, castigo y exterminio; en particular de aquellos que fueron llevados al más duro de los destinados a la represión política e ideológica como prisioneros de guerra. Entre ellos se contaron varios cientos de republicanos derrotados en España y nuevamente derrotados en los campos de batalla de la II Guerra Mundial, por lo general como partisanos junto a la resistencia contra los nazis. Iniciativas como la ofrenda anual en el monolito instalado desde 2000 en la senda litoral de El Cervigón se preocupan de que a sus derrotas en vida no se sume ahora también la del olvido; y ese era el propósito de la iniciativa que Xixón Sí Puede llevó al pleno del pasado miércoles en nombre de varias asociaciones memorialistas en una sesión que dejó unas polémicas declaraciones del concejal popular Manuel del Castillo sobre la presunta falta de «interés» de estas rememoraciones para las generaciones actuales y venideras. ¿Qué es lo que habría que recordar de Mauthausen? ¿Por qué habra que recordarlo o qué habría que procurar olvidar, por el contrario, 80 años después de su apertura y a 73 de su liberación?

La cantera de granito cercana fue decisiva en la elección del terreno para ubicar el campo de concentración de Mauthausen, como lo fue también para ubicar el cercano campo de Gusen. Fueron los propios presos los que remataron la construcción de la que iba a ser su prisión y, para muchos de ellos y para otros muchos miles de prisioneros más, su última morada. Los primeros ingresaron en el 'lager' el 8 de agosto de 1938. El territorio de Austria acababa de pasar a formar parte del III Reich tras el 'Anschluss', la anexión austriaca. Por una amarga ironía, sus trabajos forzados en las canteras de granito y en el campo, bajo dirección de una empresa propiedad de la SS, la Deutsche Erd-und Steinwerke GmbH, sirvieron para construir algunos de los grandes monumentos de la propaganda hitleriana.

Máxima dureza

Pero Mauthausen fue ante todo, al menos hasta 1943 el campo de máximo castigo para los perseguidos políticos del nazismo. Eso explica que desde el principio fuese uno de los más duros y mortales de entre toda la geografía de los 'lager'. Tanto en el propio campo de Mauthausen como en sus campos satélites, destinados sobre todo al trabajo en condiciones de esclavismo para la producción armamentística que exigía a la guerra a un ritmo creciente. No en vano, fue el primero de los campos de Categoría III, lo que -en la clasificación disciplinaria de los campos nazis- implicaba las condiciones de detención y trato más brutales para los prisioneros.

Hasta finales de 1942, Mauthausen y sus subcampos acumulaban unos 14.000 presos, entre los que ya se contaban la mayor parte de los 7.000 republicanos españoles -un centenar de ellos, asturianos- que acabarían en el campo después de su deportación, y a menudo de su captura cuando combatían con la Resistencia francesa. Pero las condiciones se hicieron aún más dramáticas cuando el Reich empezó a aplicar la 'Solución Final' y comenzaron a arribar los judíos polacos o húngaros junto a los soviéticos. El censo de prisioneros registra hasta 40 nacionalidades. En total, unos 190.000 prisioneros en los casi siete años de funcionamiento del campo.

Se calcula que al menos 10.200 encontraron la muerte en las cámaras de gas de Matthausen, Gusen, el cercano castillo de Hartheim o incluso en una cámara de gas móvil instalada en un vehículo especial. Muchos más hallaron la muerte extenuados y enfermos como esclavos, por las inyecciones de gasolina, los malos tratos de sus guardianes y capataces, a golpes, a balazos o simplemente a causa del hambre, el frío o las numerosas enfermedades que asolaron los campos, superpoblados y en unas condiciones cada vez más insoportables. Unos 90.000, al menos, en una macabra aceleración de la maquinaria de muerte que concentró 45.000 muertos en los últimos meses de Mauthausen.

Tragedia colectiva, dramas personales

El trasfondo de esa inmensa tragedia colectiva conoció además los dramas personales de sufrimiento, superación, heroismo o miseria a los que no fueron ajenos los prisioneros asturianos confinados en Mauthausen. Casos como los de Indalecio González, 'El Asturiano', ajusticiado por el Ejército norteamericano bajo la acusación -nunca suficientemente demostrada- de haber sido un kapo, uno de los prisioneros utilizados como duros capataces para organizar y controlar a sus compañeros de cautiverio; o el de Laureano Nava, que consiguió finalmente sacudirse la misma acusación, como otros prisioneros asturianos. Otros, como José Manuel García Peruyera, huérfano de toda su familia y hecho prisionero en Francia a los 14 años, no alcanzaban a narrar años después la zona de sombra en la que entraron al cruzar las puertas de Mauthausen. Solo recordaba las atrocidades vividas y debaja un recado. El esperable: «Lo que pasó debe saberse para que no pueda repetirse. Es necesario».

Las asociaciones que han promovido la iniciativa institucional que llegó a pleno en viernes asumen ese mandato como suyo y por eso han recordado estos días los nombres de los gijoneses que pasaron y también cayeron en Mauthausen. 

No fueron los únicos, ni el único campo de concentración que recibió prisioneros españoles. Cálculos como los de la Federación Asturiana Memoria y República (FAMyR), una de las promotoras de los homenajes, refieren que entre1940 y 1943, casi 9.000 españoles republicanos fueron internados. La mayoría de los poco más de dos mil que lograron sobrevivir no regresaron nunca a su país. De ellos 185 asturianos, incluyendo 4 mujeres, 95 perecieron en los campos, 58 fueron liberados, uno se evadió y de los 30 restantes no se tienen datos. 

De custodiar su recuerdo y el de todas las demás víctimas de los campos se ocupan numerosas asociaciones. En Asturias la pionera fue el Ateneo Obrero, desde el que se promovió la erección en 2000 del monolito de El Cervigón, obra del arquitecto Luis Estebánez y de la ofrenda foral que cada mayo se realiza ante el monolito, y a la que se sumará de forma institucional a partir de ahora el ayuntamiento de Gijón después de la sesión plenaria del pasado miércoles, con el respaldo de todos los grupos y la abstención del popular. Existen también asociaciones, como Amical Mauthausen, dedicadas en exclusiva a mantener vivo el relato de lo que sucedió en Mauthausen, el campo donde se quiso borrar completamente de su paso por la tierra a decenas de miles de seres humanos.

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