Horizontes inciertos y fantasmas del pasado, el agitado último curso político de la legislatura

L.O.

ASTURIAS

F. Sotomonte

La política asturiana entra en la recta final del mandato con varias incógnitas en diferentes partidos

29 ago 2022 . Actualizado a las 08:47 h.

La política asturiana siempre avanza con una cierta dosis de intriga superior a la de los territorios vecinos, desde hace décadas y, sin embargo, pocos de los implicados hubieran apostado por llegar al tramo final de la legislatura, con los meses que quedan hasta mayo siendo una cuenta atrás para las elecciones autonómicas y municipales, con tanta tensión e incertidumbre incluso respecto a los nombres de los candidatos protagonistas.

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El presidente Adrián Barbón, con un ojo puesto en la economía y el otro en la deriva de sus adversarios, seguramente contaba con iniciar el último año de este mandato con unas mínimas garantías: una sólida mayoría parlamentaria en contraste con el agudo desgaste de partidos adversarios que le hubiera permitido incluso torear una prórroga presupuestaria para que fue poniendo venda antes de la herida ya en la primavera; y también un partido unido tras los congresos locales y regional. Pero en la ciudad más poblada se ha abierto brecha, la alcaldesa de Gijón perdió el cónclave orgánico del municipio y sus díscolos reclaman también una elección de primarias poniendo en cuestión que Ana González repita como cabeza de cartel.

El PSOE actual, que lidera Barbón, se levantó sobre la legitimidad del valor de las primarias y el respaldo directo de la militancia, es el hilo fundamental de este 'relato'. Con unas normas, inequívocas en los estatutos: los alcaldes que gobiernan pueden repetir como candidatos de forma automática salvo que la mitad de los afiliados exijan primarias. A ello se han puesto el concejal José Ramón Tuero y el secretario general de la agrupación Monchu García frente a la advertencia del propio presidente Barbón de que se evitara un «barullo» que pasa factura electoral. Pero ya no es posible sortearlo, sólo minimizarlo: hay barullo ya por la recogida de firmas y lo habrá aún más si se reúnen las preceptivas, y sería un barullo cósmico que hubiera primarias.

Cosas extrañas

No un asunto menor lo que pueda ocurrir en Gijón porque es un muy relevante granero de votos, pero en el principal partido de la oposición, el PP, la escala del barullo es regional, con un final de agosto marcado por cizañas y rumores a cuenta de la comida entre el secretario general del PP asturiano Álvaro Queipo y el exsecretario general del PP, exministro de Fomento, expresidente del Principado y exmáximo dirigente de Foro, Francisco Álvarez Cascos en Castropol.

El contacto con el rey de los ex disparó las alarmas en el PP de Teresa Mallada que apenas unas semanas antes había difundido una encuesta encargada a Metroscopia que le daba como ganadora en los comicios autonómicos. Justa respuesta a la demanda de Alberto Núñez Feijoo de que el partidos sólo fuera a las elecciones regionales con candidatos capaces de imponerse en las urnas. ¿Podría realmente el líder de Génova buscar un cartel vintage, revival de los 90, con Cascos para presentarse en Asturias?

Realmente las posibilidades son casi nulas, Cascos, expulsado del partido que creó a su imagen y semejanza para lograr una breve presidencia astur en la Gran Recesión, está inmerso en un proceso judicial por presunta apropiación indebida y gastos descontrolados a cuenta de su formación; la apuesta podría llegar a ser un lastre si hubiera sentencia. De hecho, el propio Feijoo ha minimizado la posibilidad de un regreso.

Pero nada de esto puedo ser mucho consuelo para una Mallada que tiene su mejor baza en esperar, precisamente, que la dirección nacional considere que montar barullo podría tener más costes que rentabilidades. Pero los problemas se arrastran, por demorarlos sine die, casi desde el inicio de la legislatura. A los últimos comicios, estrenando dirección Pablo Casado, el partido optó por una bicefalia que apartó a la presidenta del PP salida de un congreso, Mercedes Fernández, para poner a Mallada como candidata. El sistema no funcionó en absoluto y el choque fue constante y de elevados decibelios hasta que en una larga guerra de desgaste, Cherines aceptó irse al Senado. Mallada pasó a encabezar el partido por designación digital de Génova a falta de un último requisito: un congreso regional que la ratificara. Pero nunca se celebró; por la pandemia, por las elecciones vascas y gallegas, por el adelanto en el Madrid, por la defenestración de Pablo Casado. El cónclave asturiano sigue pendiente y es un factor añadido de incertidumbre en el nuevo curso. «Vamos a pretender no tener un problema en Asturias», advirtió Feijoo en este diario

Naranja y morado

Una buena noticia para Mallada y el PP asturiano, en todo caso, es la muy probable recepción en su seno del voto que en el pasado se fuera a Ciudadanos. La desaparición del partido naranja se acelera elección tras elección sin remedio. En Asturias hay pocas incógnitas y las que queden tendrían que desvelarse en breve. El grupo parlamentario -purgado de los últimos contestatarios como Laura Pérez Macho y Armado Fernández Bartolomé- ha optado por ofrecerse a Barbón ya desde el año pasado como pata de apoyo para aprobar los presupuestos a cambio de concretas concesiones para disgusto de las fuerzas de izquierda que los acusan de actuar como lobistas. ¿Podrían pasarse sus cuadros y dirigentes al PP? Fue lo que denunciaron los hoy expulsados.

En Podemos Asturies se llega al otoño con la resaca de la muy intensa querella interna con que saldaron las primarias en las que Sofía Castañón se impuso a Daniel Ripa. Y no de forma amistosa precisamente. En la competición se cruzaron acusaciones de mal uso de fondos y de manipulación de votos. Los morados, al menos por el momento, aguardan qué hará en su plataforma estatal Yolanda Díaz, pero no habrá versión autonómica. La semana pasada deslizaron que les gustaría unir esfuerzos con Izquierda Unida. No será sencillo.

La coalición, con fuerzas muy menguadas en la Junta General respecto a la anterior legislatura, sigue siendo la segunda formación municipal del Principado y siente reivindicada su posición de pacto y acuerdo en el gobierno de coalición respecto al frentismo morado. Aunque ahora apagadas, las polémicas internas también se han producido en este mandatos precisamente entre los defensores de la autonomía de IU (que son mayoría en Asturias) y los favorables a una integración total con Podemos que quizá empiece a cuestionarse más allá de las fronteras astures.

Entre los grupos con representación parlamentaria afrontan estos meses de forma distinta Foro y Vox. Los primeros, refundados como formación «autonomista» y emancipados de la sombra de su fundador, Álvarez Cascos, aspiran a hacerse hueco en el no siempre bien explorado electorado regionalista de Asturias y con la especulación de un posible regreso de su presidenta Carmen Moriyón a la competición por la alcaldía de Gijón.

El partido de Abascal contaba en diversas encuestas con aumentar su apoyos en Asturias pero es era antes de las elecciones andaluzas que supusieron un serio revés a la estrategia de hacerse apoyo imprescindible para gobiernos del PP como sí han hecho en Castilla y León, en el vecindario inmediato de Asturias, mucho más a la vista de que lo que pueda pasar en Andalucía.