El dolor, una necesidad que puede complicar la vida

Nicolás Galdames REDACCIÓN

ASTURIAS

La sanidad lucha como puede contra las dolencias ocasionales y aquellas que se cronifican y pueden mermar la calidad de vida de quienes las sufren

05 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El dolor es un mecanismo de defensa del organismo, muy necesario para nuestra supervivencia. A través del dolor, el organismo advierte de que algo no va bien y obliga a tomar medidas para restaurar la salud. La incomodidad del dolor obedece a la necesidad de reparar el daño. La naturaleza obliga así al ser sensible a tomar medidas para evitar que el cuerpo se deteriore. Esta es la parte beneficiosa del dolor. Evitar daños o repararlos. 

El dolor es la causa principal por la que las personas acuden al médico, por lo que podría considerarse como uno de los pilares en torno a los que gira la asistencia sanitaria. La analgesia está, cada vez más, entre las prioridades de la medicina. 

Ese es el beneficio del dolor: la llamada de atención sobre los daños a la salud. El problema llega cuando la enfermedad de la que es eco resulta difícil o imposible de curar. El dolor permanece, la cura no llega y esto afecta muy negativamente a la calidad de vida. 

Existen muchos tipos de dolor, y formas muy diferentes de afrontarlos y prevenirlos. Estos son algunos de los más comunes. 

Dolor de espalda 

Es uno de los dolores más incapacitantes, y el más extendido de los relacionados con la musculatura y la estructura ósea. El divulgador británico Vybarr Cregan-Reid asocia la creciente incidencia de los problemas de espalda a las exigencias de la vida contemporánea, especialmente a nuestra postura corporal cuando nos sentamos en sillas con respaldo. Los dolores de espalda más habituales están localizados en la parte lumbar. Suelen ser muy incapacitantes, si bien en buena parte de la población son lesiones episódicas que se pueden tratar con analgésicos y fisioterapia. 

Para prevenir el dolor de espalda es fundamental, en primer lugar, la actividad física moderada, porque oxigena y fortalece los músculos de la espalda y el abdomen. Son especialmente adecuadas las actividades que implican estiramientos, como el yoga o el pilates. En estos casos, los músculos, además de estar fuertes, ganan en flexibilidad, con lo que es más difícil que haya contracturas y problemas similares. 

Otro factor fundamental es la postura corporal. La vida sedentaria no solo es perjudicial por la falta de movimiento y la consecuente debilitación de los músculos sino también por que suele ir acompañada de posturas poco adecuadas. Sentarse en el sofá durante horas significa adoptar posturas poco amigables para la espalda. Por otra parte, desde el siglo XX, gran parte de los trabajos se llevan a cabo en oficinas, lo que implica estar sentados durante horas frente a una mesa con un ordenador o con útiles de trabajo, muchas veces en unas condiciones que no son las idóneas para la espalda. Es importante, por una parte, adoptar una postura que no castigue la espalda y, por otra, descansar cada cierto tiempo para recomponer el cuerpo. 

La llamada higiene postural, que afecta a todas las actividades de nuestro día a día, es fundamental para prevenir el dolor de espalda. La forma en que nos agachamos, en que cargamos pesos, en que nos sentamos a comer, en que realizamos los movimientos del día a día, sin no es la correcta, va poco a poco afectando a nuestros músculos y termina por resentirse. Es fundamental aprender a realizar los movimientos correctamente, de tal forma que la espalda no se resienta. Hay numerosos ejercicios para conseguirlo. Artes marciales como el tai chi han incidido mucho en ello. 

Aunque el dolor de espalda puede ser debido a problemas complejos, en muchas ocasiones es consecuencia de la acumulación de malos hábitos como las posturas inadecuadas, el sedentarismo o el sobrepeso. La corrección postural, el ejercicio y una alimentación adecuada ayudarán a aminorar los problemas y contribuirán a evitar el tratamiento con fármacos, que es una cura solo ocasional y no evita la aparición de episodios posteriores y el regreso del dolor. 

Cefalea 

La cefalea, el dolor de cabeza, está entre los trastornos más habituales del sistema nervioso. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre la mitad y las tres cuartas partes de los adultos de 18 a 65 años han sufrido una cefalea en el último año, Las cefaleas pueden acarrear discapacidades severas y un deterioro considerable de la calidad de vida. 

La cefalea tensional es la más común. Los síntomas de esta dolencia son una sensación de opresión o contracción de los músculos del cuero cabelludo, que puede afectar también al cuello. Puede ser episódica, cuando se produce menos de días al mes, o crónica, cuando aparece más de quince días. 

La migraña es otra cefalea muy común. Se trata de un dolor de intensidad variable que suele aparece en un solo lado de la cabeza, muchas veces como un latido, que empeora con la actividad física y se presenta en episodios que pueden durar desde unas pocas horas a dos o tres días.

Ambos tipos de cefaleas suelen aparecer en la pubertad y afectan dos veces más a las mujeres que a los hombres. Tienden a la cronicidad y, además, pueden provocar la llamada cefalea de rebote, que causada por el consumo excesivo de medicamentos para combatir el dolor de cabeza.

El tratamiento de las cefaleas está dirigido a aliviar los síntomas, ya que la cura es muy difícil. En cuanto a la prevención, en el caso de la migraña, gran parte de su origen es genético, y el desencadenante puede ser muy distinto dependiendo de cada persona. Se recomienda vigilar la alimentación para evitar sustancias que puedan ser perjudiciales, cuidarse lo más posible del estrés y controlar la presión arterial.

La cefalea tensional se relaciona también con el estrés, y se recomienda llevar una vida sana, alimentarse bien, hacer ejercicio físico y tener horas suficientes de sueño. 

Dolor crónico

Un dolor se considera crónico después de que pasen tres meses desde que se inició y no ha habido una reducción sustancial de su intensidad. Se diferencia del dolor agudo en su persistencia. El dolor agudo desaparece cuando se trata la causa de su aparición. El crónico, permanece. Su irrupción afecta irremediablemente a la calidad de vida de las personas. Con él aparecen los problemas para conciliar el sueño, la falta de apetito, la astenia y también puede producir ansiedad y depresión. Su tratamiento se hace, entonces, indispensable para mejorar la calidad de vida.

El dolor crónico puede estar originado por causas muy diversas.

Una de las condiciones crónicas más comunes es la fibromialgia, una enfermedad supuestamente de origen neurológico que implica una sensibilidad excesiva al dolor, y que va acompañada de fatiga y, en ocasiones, de dificultades en el sueño. Es un dolor musculoesquelético generalizado, y merma considerablemente la calidad de vida.

Respecto al tratamiento de la fibromialgia, la Sociedad Española de Reumatología explica en una publicación que su tratamiento «tiene tres aspectos fundamentales: ciertos tipos de fármacos —antidepresivos, algunos anticonvulsivos y analgésicos—; ejercicio físico aeróbico realizado de forma progresiva y gradual y de una manera constante, y terapias psicológicas que enseñen al paciente a realizar un correcto afrontamiento de su enfermedad». El organismo subraya que, al igual que se desconocen las causas de la fibromialgia, no existe tampoco un tratamiento curativo «y todos los tratamientos utilizados son básicamente sintomáticos (dirigidos al alivio de los síntomas)».

Otra enfermedad asociada al dolor crónico es la artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune que afecta a las articulaciones, que tiene un tratamiento farmacológico diverso para aliviar los síntomas y que también utiliza la fisioterapia.

Cuestión aparte merece el tratamiento del dolor en los estados avanzados y potencialmente mortales como el cáncer, las cardiovasculares o las respiratorias graves, entre otras muchas. La enfermedad puede llegar a ser muy dolorosa y mermar enormemente la calidad de vida. Es en este momento cuando llegan los cuidados paliativos, un planteamiento que ayuda a llevar con mejor calidad la última fase de esta enfermedad. Según la Organización Mundial de la Salud, la necesidad mundial de cuidados paliativos seguirá aumentando como consecuencia de la creciente carga que representan las enfermedades no transmisibles y del proceso de envejecimiento de la población. Afrontar el sufrimiento, según este organismo, «supone ocuparse de problemas que no se limitan a los síntomas físicos. Los programas de asistencia paliativa utilizan el trabajo en equipo para brindar apoyo a los pacientes y a quienes les proporcionan cuidados». Tener acceso a esos cuidados es un derecho que tienen todos los ciudadanos y por el que se está luchando día a día.

La psicología del dolor

El dolor crónico no solo se ha de tratar con medicamentos o terapias físicas. Tiene también un componente psicológico muy importante, porque es muy habitual que vayan asociados a él trastornos como la ansiedad y la depresión, que no solo afectan a los propios pacientes sino también, en ocasiones, a sus cuidadores. Entre los abordajes más habituales de esta faceta mental del sufrimiento están las terapias de afrontamiento propiciadas por los psicólogos y también otras propuestas como la meditación, que ayudan a convivir de una forma más serena con el dolor.