«A pesar de la crisis hay ganas de consumir, de disfrutar, de viajar. Lo veo ahora, como lo vi en los 90» dice su director Jesús Mier
22 feb 2023 . Actualizado a las 12:43 h.En el occidente de Asturias, en el ayuntamiento de Taramundi, surgió hace casi cuarenta años el modelo del turismo rural. El primer hotel que lo lideró fue la vieja casa del cura, restaurada con exquisito gusto. Fue un éxito. Y lo fue singularmente porque sentó las bases que seguirían miles de aldeas y pueblos por toda España como mejor estrategia, en muchos casos la única, para evitar el despoblamiento y su consecuencia inherente, la desaparición del rural.
Era el año 1983 y Taramundi asumía ese riesgo: apagarse. El Principado decidió apostar por el turismo. Su patrimonio natural, etnográfico y cultural eran argumentos para postularse como alternativa frente a los destinos de costa y sol del Mediterráneo. Creó la marca Paraíso Natural y se lanzó a promocionarla, a mostrarla al mundo.
«El turismo en Taramundi no existía. Era cero. Lo que había eran, a lo sumo, veraneantes, quienes tenían aquí su familia y regresaban en verano. Lo que hizo el Principado fue encargar un diagnóstico del territorio, de su potencialidad», recuerda Jesús Mier, responsable de la empresa que gestiona La Rectoral desde el año 2013 y que estuvo también al frente en otra etapa anterior, al principio, hasta el 2005.
Del estudio se encargó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que redactó un proyecto para desarrollar el turismo en las zonas rurales más desfavorecidas del país. Taramundi lo era: aislada, deprimida y con malas comunicaciones. La idea que planteó fue aprovechar el patrimonio arquitectónico, mejorar la oferta de servicios públicos y poner en valor la cultura y recursos locales, singularmente su artesanía vinculada al hierro. Y, frente al turismo de sol y playa, un turismo de calidad. Por primera vez se hablaba en España de crear un núcleo de turismo rural.
El Concejo de Taramundi se puso a ello y se creó la sociedad Ditasa (Desarrollo Integral de Taramundi), con vecinos, empresarios, el Ayuntamiento y el Principado. Y llegaron las primeras ayudas del gobierno asturiano para desarrollar el plan. El motor fue la transformación en hotel de la vieja rectoral, del siglo XVIII, que se inauguró como establecimiento hotelero en 1986. Nacía el primer hotel rural de España, con cuatro estrellas, 12 habitaciones y servicios de bar, cafetería, restaurante y gimnasio. En la actualidad tiene 18 habitaciones. Con La Rectoral, Taramundi comenzó a aparecer en los mapas con un hotel de lujo en un entorno rural, algo insólito.
Pero hacía falta más ayuda. Y llegó con el Programa Piloto de Desarrollo Integral Oscos-Eo (1985-1995), que propició mejoras de carreteras, electrificaciones, saneamientos... La apuesta se estaba ganando y, pese a las crisis -que hubo, en el 2012 Ditasa se disolvió, asumiendo el Ayuntamiento la titularidad de La Rectoral y licitando de nuevo la gestión, adjudicándola a Rectomundi, en el 2013- poco a poco se fueron involucrando más vecinos. El resultado salta a la vista: en un concejo que no llega a los 600 habitantes se contabilizaban 4 hoteles, 25 casas de aldea, 8 apartamentos rurales y 4 apartamentos turísticos, para más de 300 plazas hoteleras, además de 5 restaurantes. Pese a todo, la población sigue bajando año tras año.
«El CSIC nos dijo que lo primero que teníamos que hacer era montar lo que se denominó un núcleo de turismo rural, que se inició con La Rectoral y al que se fueron sumando casas, apartamentos... El CSIC planteaba hacer un hotel de cuatro estrellas. Yo entonces estaba estudiando Turismo y me dije: ¿en Taramundi? ¡Están locos! Pero el tiempo ha dado la razón al CSIC. Fueron unos visionarios: hacía falta un bombazo como La Rectoral para despertar la inquietud de los potenciales mercados. Y a partir de ahí, aprovechar todo lo que pudiéramos. Y fue un éxito, una explosión, como un volcán», recuerda Jesús Mier.
Una mancha de aceite
Y añade: «Empezamos pensando en el ámbito de Taramundi, pero fue como una mancha de aceite que se extendió y cubrió todo Oscos-Eo, gracias a las ayudas europeas, los planes Leader y Proder, que financiaban proyectos para dinamizar el rural. La Rectoral era la referencia, el modelo de éxito. Y a partir de ahí montamos la Escuela Permanente de Turismo Rural para enseñar a los emprendedores de Oscos-Eo las bases del turismo de calidad».
«Esa mancha de aceite traspasó Asturias y España. Aquí vino gente de toda España y de países europeos para aprender lo que hacíamos. No éramos un centro de formación al uso: aquí estabas una semana a cañón y aprendías lo más elemental, lo básico para tener éxito en tu proyecto», añade Jesús Mier, que por eso abunda: «Hay quien ve La Rectoral como un hotel. Yo no. Fue una herramienta de desarrollo, que ayudó a muchísimos emprendedores. Salimos por toda España, por Italia, Argentina, a explicar nuestro modelo».
«La cantidad de gente que viene por aquí los fines de semana no deja de sorprendernos»
«Estoy encantado en La Rectoral. En esta etapa llevo desde el 2013 y la progresión es muy positiva. Año tras año aumentamos las ocupaciones y el precio medio. A pesar de la crisis, no dejamos de sorprendernos los fines de semana de la cantidad de gente que viene por aquí. Hay ganas de consumir, de disfrutar, de viajar. Lo veo ahora, como lo vi en los 90», apunta Jesús Mier.
Sobre el tipo de cliente que se aloja en La Rectoral, explica: «Es de un poder adquisitivo medio alto y eso se nota en todo, también en el cuidado del hotel. Donde no ves un papel tirado en el suelo, no lo tiras. La procedencia varía según la temporada. En temporada baja tenemos huéspedes de mercados cercanos, de toda Galicia, de Coruña, Pontevedra, Vigo o Santiago más que de Lugo, junto con gente de Oviedo, Avilés, Gijón, norte de León. Es cliente de fin de semana, que se encuentra en un radio de unas dos horas de viaje en coche. En los puentes y vacaciones, la procedencia de madrileños se dispara. También estamos recibiendo a muchos andaluces, valencianos, gente que huye del calor».
En los años 90 se hizo una ampliación del hotel, de 12 a 18 habitaciones: «Es donde estaba el umbral de la rentabilidad; con 12 perdíamos dinero y con 18 ganábamos», apunta Jesús Mier. En temporada baja el precio de la habitación, para dos personas, es de 103 euros; en media de 133 y en alta de 150. Las habitaciones con terraza incrementan ligeramente su precio, sobre 10 euros.
Son estancias propias de un hotel de su categoría, cuatro estrellas (con detalles como las televisiones ocultas tras los espejos), muy amplias, de 35 metros cuadrados, y todas con una galería de cuatro metros por tres desde las que se contemplan espectaculares vistas del valle de Taramundi, con los ríos Cabreira y Turía. El hotel dispone de restaurante, con espacio propio para mascotas, piscina, gran terraza exterior, jacuzzi...