Menos carne fresca y más pescado congelado: así alteró la inflación la alimentación de los asturianos
ASTURIAS
El impacto de la subida de los precios ha modificado los menús de muchos hogares
28 feb 2023 . Actualizado a las 05:00 h.La subida de precios ha sido un mordisco importante para todas las economías familiares en el último año y, además, se ha notado especialmente en algo de lo que es imposible de prescindir: la alimentación. ¿Ha afectado la inflación a los hábitos en la mesa de los asturianos? Pues bastante, el consumo bajó de forma relevante el año pasado, de unos productos más que de otros, aunque también hay algunos que se han comprado más al final del balance de un período en el que la cesta de la compra ha sido en ocasiones difícil de llevar a casa.
Tomando como referencia el Panel de consumo alimentario en hogares en España que cada mes elabora el Ministerio de Agricultura se puede ver el cambio por comunidades. En el caso de Asturias tomando como referencia el mes de mayo de 2022 respecto a mayo de 2021 se ve cómo desciende el consumo de los principales alimentos. Los huevos de gallina, de pasan de alrededor de 32 a 29 toneladas; en el caso de la carne fresca hay un descenso general, baja la ternera (dos toneladas menos), el pollo, pero sube el cerdo y, lo cierto es que también la carne que tiene etiqueta de ecológica. Ese consumo ha despuntado un poco incluso con la inflación.
También ha crecido ligeramente este año el consumo de pescado congelado en Asturias. Pero la tónica es de descensos, ha caído el consumo de pescado fresco, el de leche (en una de comunidades con mayor consumo por persona del país), de arroz, de legumbres, de pan, de chocolates o de bebidas refrescantes y gaseosas.
En el ámbito nacional la vertiginosa subida que han experimentado los precios de los alimentos más básicos en los últimos meses ha obligado a los consumidores a medir mucho el gasto que emprenden en el supermercado. Llenar la despensa con carne de vacuno es, por ejemplo, un 13,7 % más caro ahora que hace justo un año. Y no precisamente es la que más ha subido su coste. Porque la de cerdo y la de aves (entre las que se encuentra el pollo) —ambas tan socorridas para muchas familias por su precio— se han encarecido un 14,3 % y un 14,4 % respectivamente, según los últimos datos del mes de enero desvelados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Consumir proteínas se ha convertido en un imposible para muchas familias. Porque el pescado tampoco escapa de esta sangría al bolsillo. El precio de este producto (tanto fresco como congelado) ha crecido un nada desdeñable 8,5 %, mientras que los crustáceos, moluscos y preparados de pescado han visto cómo sus tiques se incrementaban casi un 12 %.
Además, cabe recordar que ni carne ni pescado entraron en la lista de productos a los que el Gobierno decidió rebajar el IVA desde el mes de enero. En casos como el del arroz o el pan, este impuesto se ha quedado en el 0 % y en otros, como el aceite y la pasta, en el 5 %. Por lo que carne y pescado siguen encareciéndose sin remedio que aplaque un poco la sangría que provocan en la economía de las familias. Llenar el carro con productos tan básicos como estos se ha vuelto todo un reto. Y las cifras publicadas por distintos organismos ya dejan más que patente que, ante unos precios inasumibles para muchos, los consumidores están dejando de ingerir algunos de los más básicos de la dieta.
El 90 % de los consumidores ha tenido que modificar sus hábitos alimentarios
El 57 % de los consumidores ha reducido el volumen de compra de frescos a causa del alza de precios que han experimentado en los supermercados estos alimentos. Así lo recoge el informe «El comprador de productos frescos» elaborado por Aecoc, que también atestigua que, para capear la inflación, seis de cada diez admiten que buscan más ofertas y promociones en esta categoría. Además, un 33 % ha decidido priorizar la compra a granel o al corte para poder ajustar el gasto. Por otra parte, un estudio de la OCU afirma que nueve de cada diez españoles ha tenido que modificar sus hábitos alimentarios a causa del encarecimiento generalizado de la vida. Casi el 70 % asegura que lo ha hecho priorizando productos en oferta, mientras que el 66 % se ha decantado por las marcas blancas.