«Se llenan la boca diciendo que lo principal es el bienestar del menor pero demuestran lo contrario», denuncia una de las familias

Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Yessika González relata las trabas burocráticas, la falta de información, las incoherencias del proceso y los retrasos en la percepción de ayudas como acogedores en régimen de familia extensa. «A la par que es complicado, en la parte emocional es muy enriquecedor», destaca

15 abr 2023 . Actualizado a las 05:10 h.

Tener disposición de ser familia de acogida de un menor que, por la razón que sea, ha sido separado de su familia requiere, además de querer dar un hogar y cariño a un niño o niña, que esa familia supere la carrera de obstáculos que viene a ser el complejo proceso burocrático de hacerse acogedores y trámites posteriores. En esa carrera de obstáculos ha estado y está Yessika González y su familia, quienes desde hace cuatro años están viviendo toda una «aventura» tras comenzar la andadura del acogimiento familiar de un menor.

La misma explica que ella y su familia son «acogedores en régimen de familia extensa» tras alertarse por la situación que estaba viviendo un menor, situación que, por la protección del menor, prefiere omitir del relato de lo que ha sido su periplo desde que dio el primer paso para ello. Según cuenta Yessika González, la primera «sorpresa» se la llevaron cuando decidieron ponerse en contacto con los Servicios Sociales de la zona en la que residía por aquel entonces el menor: «el niño ya tenía un pie dentro de un centro de menores tutelado por el Principado debido a la situación que él estaba viviendo en su domicilio (y así nos lo transmiten, sin cortarse)», pero lo que le llamó la atención a esta familia fue eso ya estuviera gestionado «y casi tramitado sin notificación alguna a ningún miembro de la familia biológica». «Cuando aparecimos en escena parecían hasta sorprendidas, cuando realmente eran conocedoras de la situación», señala Yessika, que por entonces no se imaginaba lo complejo que iba a ser el acogimiento familiar.

«Para nosotros todo este proceso era nuevo y desconocido y la falta de información de los distintos medios que en ello intervenían lo hacían aún más complejo», explica Yessika para, a renglón seguido precisar que «nunca hemos dudado de la decisión tomada, pero sí de las maneras de llevarlo a cabo» porque reconoce que durante el procedimiento fueron «incluso permisivos con cosas que no lo deberíamos haber sido, pudiendo haberlo denunciado en su momento». «Nadie sabía decirnos los pasos a seguir una vez comenzado el trámite, todo iba sobre la marcha, avisando con el tiempo justo de reunirnos para consentimientos y tramites varios», señala.

La misma expone que cuando ella y su familia por fin consiguen que el niño vaya a vivir con ellos, burocráticamente la situación no sólo no fue a mejor, sino que, «al tratar directamente con Consejería de Bienestar Social, fue más caótica aún». «¿Como es posible que dedicándose a esto desgraciadamente a diario, no sepan dar la información que corresponde a las nuevas familias de acogida?», se pregunta Yessika, que asegura que en su caso «fuimos dándonos de cabezadas de una puerta a otra, hasta tal punto, que cuando fuimos a la Seguridad Social a inscribir al niño en nuestra cartilla, había documentación que no nos habían facilitado para poder hacerlo», con lo que indica que ese simple proceso se alargó aún más.

Fue entonces cuando, según dice, conocieron que tenían unos derechos como acogedores, información que recibieron por la Asociación de Familias de Acogida del Principado de Asturias y de la propia Seguridad Social. «Ellos, (la Conserjería) no nos hacen conocedores de ellos», traslada Yessika, que añade que solventada esa situación, tuvieron que comenzar con la siguiente barrera: «el simple cambio de dirección en el DNI del menor, nadie nos notifica que como acogedores y teniendo la tutela el Principado, ese simple cambio no lo podríamos llevar a cabo sin el consentimiento expreso de la propia Conserjería» explica la misma, que matiza que «antes de intentar hacer esta gestión, todo es consensuado con este órgano gestor (Consejería)». Aun así,  añade que no pudieron hacerlo en ese momento, por lo que tuvieron que aplazar el trámite para cuando consiguieron que a la familia le concedieron las funciones tutelares.

Otro hándicap que ve en el proceso es que cuando, como en su caso, el acogimiento llega como medida de protección al menor no entiende que se haga pasar al niño por determinadas situaciones, «cuando con un mínimo de sentido común ni se llevarían a cabo o se cambiarían los protocolos de actuación», dice Yessika, que considera que «para ello deberían dedicar un trato más personal e individualizado en determinados «expedientes», pero ellos alegan la falta de recursos de los que disponen para llevarlos a cabo».

Falta de información

Volviendo a la falta de información de la que adolecen los procesos de acogimiento, esta madre de acogida también hace referencia a la falta de ella sobre los recursos que por derecho le corresponden al menor si se solicitan. «Si las familias acogedoras no saben de ellos, difícilmente los pueden solicitar y claro, con el paso del tiempo vas descubriéndolos y te das cuenta de que algunas cosas se podrían haber trabajado para el bienestar del menor desde el minuto cero pero que en escasas ocasiones se trabajan por desconocer dichos recursos», manifiesta Yessika González, que indica que al igual que a las familias se les exigen multitud de requisitos para conseguir la idoneidad, la administración podría ser consecuente y facilitar otras muchas que están en su mano y que las familias de acogida tienen que descubrir con el asesoramiento de la asociación de AFAPAS en vez de por la trabajadora social encargada de hacer los informes periódicos sobre el trascurso del acogimiento.

Otro protocolo con el que muestra su desacuerdo Yessika tiene que ver con las exigencias que les plantean a las familias durante muchos meses. «Se busca la integración del menor en el nuevo ámbito familiar, siendo su función la posibilidad de poder llevar una vida lo más normalizada posible. Cuesta mucho poder hacerlo cuando hasta que el acogimiento pasa a ser permanente tienes que pedir permiso hasta para desplazarte de vacaciones con el menor», pone como ejemplo la misma, que alude también a que cada tres meses haya seguimiento de todo como si en cada ocasión se partiera de cero, con requerimiento de informes médicos, escolares, de psicólogos etc… para luego pasar a informes cada seis meses y, posteriormente, una vez al año cuando el acogimiento es permanente. «Para eso si son rigurosos en cuanto a tiempo y forma, pero cuando es algo que les corresponde hacer a ellos, siempre hay alguna excusa por lo que no se ejecuta en tiempo y plazo, siendo siempre a su favor», reprocha Yessika.

Incoherencias en el proceso

«He de decir que esto es un resumen de todas las idas y venidas que se ocasionan y que no puedo profundizar en explicaciones por no velar datos del menor y mantener su privacidad», aclara la misma, que con su testimonio quiere poner de manifiesto también las incoherencias que se pueden dar durante el proceso. En este sentido explica que después de tres años de acogimiento y «cansados de tener que pedir permiso a cada paso o papel que tengamos que gestionar para el niño», ella y su familia decidieron solicitar funciones tutelares: «se nos cita, vía judicial, para poder obtenerlos, teniendo también decisión sobre ello la madre biológica a la que se le ha retirado todo lo que tiene que ver con el menor, citándonos a todos, incluido el menor, para prestar declaración delante de la persona que, por otra resolución, no puede tener ningún tipo de contacto con él», traslada Yessika González, que califica de  «ilógico y surrealista a partes iguales» el proceso porque, además, tuvo que ser ella y su familia los que hicieran ver «a Consejería lo inverosímil de esa situación». «Tras escribirles lo que para el menor supondría tener a esa persona delante, conseguimos que se vea excluido de ese proceso, cuando ellos mismos deberían de haberse dado cuenta, una vez más, de que no podía ser así, porque si de lo que se trata es del bienestar del niño, esa situación desde luego iba ser de todo menos cómoda y llevadera para el», comenta.

Entrando en el ámbito de las ayudas, no solo las económicas, sino también las referente a los recursos de los que las familias disponen por el acogimiento, Yessika González denuncia que «nunca informan, al menos en nuestro caso, salvo que a la desesperada, después de ver que con tus propios medios ya no es viable, les pidas ayuda concreta sobre un problema que no se está gestionando como es debido. Es ahí cuando te dicen algunos de los recursos que puedes solicitar para ayudar al niño», advierte la misma, que añade que el funcionamiento de las ayudas económicas no es mucho mejor en lo que la gestión se refiere: «Hasta el año pasado las familias extensas no recibían lo mismo que las ajenas. Debe de ser que los niños para ellos no tienen los mismos gastos que en familia ajena o dan por hecho la moralidad y obligación de sangre prima sobre todas las cosas», traslada la acogedora .

Retrasos en el ingreso de las ayudas

Y eso, al margen de los retrasos en el ingreso de las ayudas que refiere Yessika, que destaca que aunque la percepción de esas ayudas es un derecho de los menores reflejado en el Boletín Oficial de Estado, «en estos meses dicha ayuda no se ha recibido nunca en el plazo que a ellos también le exige la ley, poniendo miles de excusas y pasándose la pelota de un tejado a otro continuamente», dice la misma, añadiendo como crítica que «se ve que siguen haciendo mal su trabajo, porque a día de hoy, 9 de abril de 2023, los menores de Asturias, no han recibido ni una sola de las mensualidades de su manutención». «Cuando llamas vas de una extensión a otra, y nadie tiene la culpa, pero nadie hace nada por evitar esta situación», reprocha Yessika, antes de recordar que «en su día Trinidad Lebrato se comprometió a que esto cambiaría, pero a día de hoy, tras cesar en su puesto, la cosa sigue igual».

«Yo personalmente después de varios escritos a nivel personal, multitud de llamadas y tras obtener los mismos resultados, ninguno, decido denunciar que la Consejería se llena la boca diciendo que lo principal es el bienestar del menor y una vez más demuestran lo contrario, porque no están haciendo nada en tiempo y forma para que esto no se produzca», lamenta Yessika González, para quien «la Consejería no está actuando bien» porque «no está velando realmente por lo que tiene que velar», ante lo que considera que «deberían empezar a cambiar todo lo que no funciona como es correcto», ya que hace como apreciación que si ella en su trabajo no cumple con lo que tiene que hacer, sería despedida. «Alguien no está haciendo el suyo y parece que el resto mira para otro lado», señala.

No obstante, si algo quiere poner de relieve Yessika González de su testimonio pese a las quejas por los inconvenientes del proceso de acogimiento es que «a la par que es complicado, también he de decir que en la parte emocional es muy enriquecedor, te hace crecer como persona y valorar lo que realmente importa en la vida, que es ayudar a un niño a que por fin tenga la vida que merece», manifiesta la misma, que lamenta «que la parte menos dulce y las trabas en el 90% de los casos vengan del mismo órgano gestor». Ante esto reclama que «quien sea el responsable mire bien como solventar estos problemas, porque al final quien los sufre es el de siempre: el menor, y ¡eso no es justo!», concluye Yessika.