Los familiares de Abelardo y Marcelino tendrán un lugar al que llevarles flores 84 años después de que los fusilaran en Celanova
ASTURIAS
Un grupo de investigadores logran poner nombre a dos de los siete milicianos procedentes de Asturias que fueron asesinados durante la Guerra Civil en la prisión de este concello ourensano
25 abr 2023 . Actualizado a las 18:09 h.Después de muchos meses de trabajo un equipo multidisciplinar ha logrado cerrar un pequeño capítulo de la historia más negra de España. Historiadores, arqueólogos, forenses y genetistas han conseguido identificar a dos republicanos que fueron fusilados juntos a otros cinco compañeros el 22 de septiembre de 1939 en el monasterio de Celanova, que entonces hacía funciones de prisión. Los cuerpos de los asesinados, todos de Asturias, fueron sepultados en una zanja clandestina del camposanto local y su presencia allí quedó silenciada durante décadas. Sus familias nunca supieron qué había sido de ellos, pero ahora todas las incógnitas de aquella triste historia se han despejado.
«Los siete individuos asesinados en la prisión de Celanova estaban donde se suponía que debían estar, en una zanja», aseguró este martes el antropólogo forense Fernando Serrulla, integrante del grupo que exhumó el pasado diciembre los cuerpos de los represaliados.
Se sabía, por la documentación histórica, quiénes eran los que reposaban en la fosa. Pero ahora se ha puesto nombre a dos de ellos gracias a que se pudo localizar a sus familiares. Se trata de Abelardo Suárez Del Busto, un albañil, de 28 años, y de Marcelino Fernández García, un mecánico de 21. «Josefina tendrá un lugar al que llevar flores», aseguró el experto en referencia a la hija de Marcelino, una mujer ya longeva a la que pronto le serán entregados los restos de su padre. Lo mismo ocurrirá con las nietas de Abelardo.
Que se pudiese comparar ADN de las descendientes de los dos fusilados ha sido clave para poder unir las piezas de este puzle. Ana Mosquera, genetista del instituto de ciencias forenses de la Universidad de Santiago de Compostela, explicó que se pudo extraer polvo de ADN de los restos molares que luego se comparó con el de los allegados. Aparecieron coincidencias desde la primera prueba, pero se realizaron otras posteriores para certificar los resultados, que confirman las identidades al 99,9 %. También se recurrió a un experto en identificación craneofacial, si bien su decisión coincidió con lo que ya sospechaban los investigadores. Los restos óseos identificados con los números 3 y 9 eran los de Abelardo y Marcelino.
Y es que de la fosa se exhumaron nueve cadáveres. Se cree que dos de ellos eran de reclusos de la prisión que murieron de forma natural pero fueron enterrados en el mismo espacio que el grupo al que se buscaba, los milicianos a los que se conoce como «los últimos de Gijón». Que la forma de morir de ese grupo había sido violenta se sospechaba desde el hallazgo de la fosa. «Estaban nunha posición anomala, uns enriba doutros en posición inversa, cos pes duns nas cabezas doutros, e a escasa profundidade, sobre 70 cms», explicó Mario César Vila, arqueólogo y responsable de Tiempos Arqueólogos, empresa que ejecutó la excavación. «En seis de ellos ha sido posible demostrar la existencia de signos de violencia homicida. Fueron fusilados y luego recibieron un tiro de gracia en la cabeza», añadió Serrulla, que explicó que los restos del séptimo estaban tan deteriorados que no se pudo llegar con ellos a la misma conclusión.
En la presentación de los resultados de este trabajo, en el Liceo de Ourense, también participó Conchi López, del Grupo Histagra (Historia Agraria e Política do Mundo Rural) de la USC.«Unha das fontes principais que nos axudou a localizar os restos das sete personas dentro do cemiterio de Celanova foron as causas militares que lles incoaron ás sete persoas que buscábamos», aseguró la investigadora, que destacó que el hallazgo de las sentencias en las que se condenó a los represaliados y de documentación relativa a sus enterramientos les facilitó no solo la localización, sino también poder reconstruir cómo fueron los últimos días de estos asturianos. Los papeles aseguraban que habían sido inhumados frente al panteón de Isauro y esa ha sido una de las claves del éxito de esta búsqueda.
«Eles intentaron fuxir de Gijón ante a ocupación golpista», dijo la experta, que relató el periplo final de los milicianos. Escaparon por mar, pero fueron detenidos por la marina sublevada y trasladados a Ribadavia. Desde ahí, a Camposancos, en A Guarda, donde el tribunal militar los condenó a pena de muerte. «Despóis foron trasladados ao mosteiro de Celanova, que naquel momento funcionaba como prisión central, e alí estiveron un tempo, ata que as autoridades militares decidiron executar a condena que recaira neles», relató.
Los trabajos de investigación, que se integran en el Plan de Memoria Democrática 2022, y que también han sido impulsados desde el Comité de Memoria Histórica de Celanova, serán recogidos en un libro que será publicado en los próximos meses. No se descarta que esa fecha coincida con la de la entrega de los restos de Abelardo y Marcelino a sus allegadas. Los otros cuerpos permanecerán custodiados por ahora en la unidad de antropología forense del Imelga, en Verín, pero se pretende que sean devueltos al cementerio celanovense, en un lugar destacado en el que se recuerde lo que les pasó.
«Esta una cuestión de derechos humanos, ejercicio un necesario de normalidad democrática», dijo Serrulla. Los investigadores incidieron en la necesidad de seguir realizando proyectos de este tipo porque «en las cunetas siguen el 80 % de los fusilados en la Guerra Civil. Nosotros no queremos reabrir heridas, sino cerrarlas».