Salomé García Aguirre, ludópata: «Es una enfermedad crónica para toda la vida. Llevo 9 años sin jugar, pero sigo siendo ludópata»
ASTURIAS
Estuvo «enganchada al juego» durante 8 años que recuerda como «un infierno que no le deseo ni a mi peor enemigo», aunque alienta a quienes estén en una situación de adicción al juego: «si se quiere, se puede salir»
10 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Salomé García Aguirre estuvo «enganchada al juego» durante 8 años y lleva 9 sin jugar, sin embargo, la misma señala que «sigo siendo ludópata» porque «no deja de ser una enfermedad crónica para toda la vida» aunque se haya rehabilitado. Recuerda aquellos 8 años como «un infierno que no le deseo ni a mi peor enemigo», como «un sinvivir» en el que «mentía por costumbre» y en los que «no disfrutaba del juego», sino que llegó a ser un «jugar por jugar» creando deudas importantes. El aliento positivo de Salomé a todo esto, para quienes puedan estar en una situación de adicción al juego, es que «si se quiere, se puede salir».
Salomé, que desde hace cinco años preside la Asociación Caer y Lenvantarse (CAYLE) recuerda claramente cómo comenzó su adicción al juego: «yo empecé una tarde que estaba lloviendo. Quedé con una amiga para tomar un café y decidimos ir al bingo. Jugamos 10 euros cada una y salimos con casi 40 euros cada una».
A los dos meses, un día que estaba sola, acudió a tomar un café al bingo. Volvió a jugar y volvió a ganar: «las 5, 6, 7 primeras veces que fui, gané, así que al siguiente día decidí jugar 100 euros y perdí», explica. Visto con la perspectiva del tiempo, dice que «el error fue volver para recuperarlo», porque ahí «el enganche» fue a más.
«Empecé a ir todas las semanas. Después, 4, 5 o 6 días a la semana y cuando ganaba, me decía que estaba en racha y seguía jugando hasta que, al final, lo perdía», relata Salomé, que se vio inmersa en esa dinámica «muchos años, ocultando, engañando, sin dormir, buscando excusas para salir de casa», además de la tensión que cuenta que tenía por estar «pendiente del cartero por si traía alguna notificación del banco».
Esa dinámica, la ve hoy por hoy como «un sinvivir» en el que «mentía por costumbre» y que se acabaron convirtiendo en «años horribles» en los que no disfrutaba del juego, sino que «era jugar por jugar» que derivaron en deudas importantes «que estuve 9 años pagando». «Estuve 8 años enganchada al juego. Era mi forma de evadirme. Mientras jugaba, no sufría, no había dolor. No me daba cuenta de que los problemas seguían ahí», apunta.
Y a las deudas que crecían, se añadí la situación en casa: «Mi marido sabía que pasaba algo, pero no se imaginaba que era el juego. Yo pensaba que tenía que contárselo, pero a lo mejor ese día lo veía un poco más serio, pensaba que se iba a enfadar y entonces decidía dejarlo para la semana siguiente. Hasta el día que lo vi salir por la puerta de casa».
Salomé señala que ese fue el punto de inflexión que la hizo reaccionar: «Lo fui a buscar al trabajo, se lo expliqué y delante de él, con el manos libres, llamé a una asociación y le pedí que me acompañara, al menos, el primer día».
«Me rehabilité y soy una persona diferente»
El proceso de rehabilitación de Salomé duró dos años y medio: «Fue difícil, pero me rehabilité y soy una persona diferente y con unos valores que antes no tenía», destaca la misma, que, aun así, no oculta que «fue un infierno que no le deseo ni a mi peor enemigo» y, de hecho, dice claramente que «no quiero volver a ser la persona que era entonces».
Aunque lleva 9 años sin jugar, dice que la ludopatía es «una enfermedad crónica para toda la vida» y por eso está «autoprohibida», para que no se le permita participar en actividades de juego. Sin embargo, considera que aún falta mucha regulación en este sentido.
Indica, por ejemplo, que «aunque no puedo abrir una cuenta en una casa de apuestas online de España, sí lo puedo hacer en una de fuera del país» o, mismamente, «en establecimientos que tengan máquina de apuestas», ya que afirma que ahí no hay ningún control. Lo que plantea es que esas máquinas deberían activarse controlando quien quiere tener acceso a ellas, al igual que es necesario activar las máquinas de tabaco.
En lo que incide Salomé García Aguirre como persona que ha estado años enganchada al juego, como presidenta de la Asociación Caer y Levantarse y como monitora de la misma es en que «si se quiere se puede salir», proceso en el cual está el colectivo al que representa, para apoyar, ayudar y acompañar a quienes lo necesiten, «porque esto no es un vicio, es una enfermedad», concluye.