Una segunda oportunidad tras pasar por la cárcel: «Si tú no quieres cambiar tu vida, da igual que te ayuden»
ASTURIAS
Tras cumplir un año de condena por tráfico de drogas, esta mujer asturiana narra cómo logró superar sus adicciones y rehacer su vida gracias al trabajo de instituciones como la Fundación Adsis
22 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En febrero de 2024, Lucía Hidalgo cruzó las puertas del centro penitenciario de Asturias tras ser condenada por tráfico de drogas. Aquel ingreso supuso un punto de inflexión radical en su vida. No solo se vio privada de libertad durante un año, sino que además se enfrentó a una realidad que llevaba demasiado tiempo esquivando: su dependencia del alcohol y el cannabis. Tres meses después de abandonar la cárcel y habiendo dejado atrás una vida en la que ya no se reconoce, habla con serenidad sobre lo que vivió.
«Empecé fumando porros siendo muy joven y también tenía problemas con el alcohol», cuenta. Unos malos hábitos que la llevaron, tanto a ella como a su marido, a verse involucrados en el tráfico de drogas. Ambos terminarían condenados e ingresando en prisión por este delito, viéndose obligados a dejar a sus dos hijos menores a cargo de otro familiar. Aunque su entorno se esforzaba por alejarla de sus adicciones, Hidalgo se resistía: «No tienes la cabeza como la tienes que tener. Te da igual lo que te digan los demás. Pasas de todo y no te das cuenta de nada».
En su caso, ingresó en la Unidad Terapéutica y Educativa y desde el primer día comenzó a trabajar en distintos programas y actividades enfocados en el tratamiento de las adicciones y la rehabilitación: «Estaba muy asustada. No sabía lo que era la cárcel y pensé que iba a ser como las películas». Sin embargo, se sorprendió por el tipo de iniciativas que se llevan a cabo en el centro, con el objetivo de que los internos puedan transformar y tomar el control de sus vidas: «Es un módulo de respeto. Teníamos muchas charlas, talleres. Nos mantenían muy ocupadas haciendo cosas: actividades de origami, de cerámica. Ellos te ayudan mucho». «No fue tan duro como me imaginaba», confiesa, al tiempo que revela que esa etapa aprendiendo y desarrollando nuevas aficiones le sirvió «para abrir los ojos» y darse cuenta de que tener otra vida era posible.
Hidalgo se formó en cocina a través de uno de los cursos ofrecidos por la institución y comenzó a trabajar en los propios fogones del centro. «Como estaba trabajando y con la mente en otro sitio, se me pasó la condena muy rápido. No puedo decir que haya estado mal», reconoce. Además, relata que entabló buenas relaciones con otras compañeras del módulo y que el trato de los funcionarios «siempre fue muy bueno».
Tras superar su condena y haber dejado atrás las adicciones durante su estancia en prisión, Hidalgo abraza ahora su nueva vida. Gracias a la Fundación Adsis, ha continuado con su formación laboral y ha logrado encadenar varios empleos como carnicera y panadera. «Todo mi entorno está muy sorprendido conmigo, dicen que me ven muy bien», asegura. Además, para ella no supone ningún peso su pasado ni se avergüenza de su historia: «Voy por la calle con la cabeza muy alta. Estoy muy orgullosa de haber salido adelante».
«Me he dado cuenta de todos los errores que cometí y de las cosas malas que hice, el daño que causé a mi familia y lo mal que lo pasaron, pero nunca me derrumbé. Desde el primer día en prisión supe que tenía que cambiar», comenta. Desde su experiencia, considera que el cambio de mentalidad de uno mismo es crucial para superar cualquier tipo de adversidad: «Si tú no quieres cambiar tu vida, da igual todo lo que te ayuden, no tienes nada que hacer».
Su mayor temor durante su etapa en el centro penitenciario siempre estuvo relacionado con sus hijos: «Tenía miedo de que se vinieran abajo, que dejaran de estudiar y que se echaran a perder». Sin embargo, gracias al apoyo de otros miembros de la familia, ambos comprendieron la situación de su madre y respaldaron su proceso de rehabilitación en todo momento. «Están muy contentos porque ven que ahora estoy mucho mejor que antes, que ya no bebo, que tengo mejores hábitos y que pueden hablar conmigo», añade.
Mientras sigue poco a poco retomando la normalidad, Hidalgo está decidida a «llevar una nueva vida» en su casa, junto a su marido y sus hijos. Además, destaca el importante papel que la Fundación Adsis ha tomado en su transformación: «Han sido como una familia para mí. Les tengo mucho cariño porque me ayudaron en todo. No lo podré olvidar nunca». Su nueva rutina, su trabajo y sus confesiones suenan como un acto de reconciliación consigo misma. «No fue fácil, pero puedo decir que estoy bien y cada día más feliz», resume. Una frase que condensa todo el peso de una segunda oportunidad que ha aprendido a abrazar con orgullo.