Fuego, ramos o agua: los rituales que mantienen viva la tradición en Asturias

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Hoguera de San Xuan en la playa de Poniente, en Gijón
Hoguera de San Xuan en la playa de Poniente, en Gijón Eloy Alonso | EFE

Estas prácticas que formaban parte de la vida cotidiana en tiempos pasados han llegado hasta nuestros días. Son una expresión esencial de la identidad cultural asturiana

22 may 2025 . Actualizado a las 09:14 h.

Asturias es mucho más que paisajes: es una tierra de profundas raíces. La comunidad tiene una larga historia, y parte de ella se transmite a través de sus tradiciones con mayor arraigo. Entre las costumbres que han pasado de generación en generación, destacan los ritos y rituales. Con siglos de antigüedad, estas prácticas que formaban parte de la vida cotidiana en tiempos pasados han llegado hasta nuestros días y siguen vivas en celebraciones religiosas y fiestas populares. Se han convertido, de hecho, en seña de identidad de la cultura asturiana.

Pero, ¿qué significado tienen estos rituales? ¿Por qué fueron tan importantes en la vida de nuestros antepasados? «Ahora estamos habituados a los calendarios gregorianos, pero antes eran los rituales los que marcaban el paso del tiempo. Permitían hacer ese cambio de estación o de la vida del hombre de una manera muy poderosa: con el símbolo, que en muchas culturas es considerado más fuerte que la inteligencia o la pura estadística», explica el antropólogo Roberto González Quevedo.

Por esta razón, para celebrar el final del invierno tenía lugar una gran mascarada, que hoy en día todos conocemos como L'Antroxu o Carnaval. Esta fiesta de origen pagano «tenía mucha fuerza» en la Asturias tradicional. «La llegada del buen tiempo se conmemoraba con mucha potencia, casi más que la Navidad», razona el profesor ya jubilado de la Universidad de Oviedo. Con la llegada de la primavera, y tras la primera luna llena posterior al equinoccio, comenzaban las celebraciones de la Semana Santa.

Hoguera de San Xuan en Mieres
Hoguera de San Xuan en Mieres Ayuntamiento de Mieres

La llegada del estío se celebraba en Asturias, como en otras muchas partes de España, en la noche de San Juan. Durante la madrugada del 23 al 24 de junio, en las distintas localidades del Principado se hacían grandes hogueras para conmemorar la entrada del solsticio de verano. En la tradición pagana, el fuego tenía un significado muy especial: se creía que purificaba y destruía lo viejo y lo negativo, dejando espacio para nuevos deseos y oportunidades.

«Esa noche, el agua también cobraba mucha importancia. Se creía que en la noche más corta del año este elemento natural estaba lleno de poderes mágicos y lo bebían para prevenir enfermedades y defenderse del mal», señala el antropólogo. Por este motivo, se engalanaban las fuentes con ramos y guirnaldas en señal de respeto y conexión con la naturaleza. A día de hoy, esta tradición sigue viva: aún se enraman manantiales y caños, al igual que la noche de San Juan continúa celebrándose en muchos rincones de Asturias. Actualmente también se sigue hablando de «la flor del agua», que hace referencia a la flor que la gente veía el día 24 de junio en los reflejos de las aguas de las fuentes con las primeros rayos de sol.

La fuente de El Saltador en Fitoria
La fuente de El Saltador en Fitoria

En esos tiempos inmemorables, la comunidad asturiana se reunía, por tanto, para festejar por todo lo alto cada cambio de estación. De la misma manera, nuestros antepasados se juntaban para celebrar el final de las tareas colectivas. «Cuando, por ejemplo, se acababa la hierba y se había recogido ya ese heno, en los pueblos tenían lugar pequeños convites», señala el ovetense que ha dedicado buena parte de su vida a estudiar de forma integral al ser humano, su cultura y sociedad.

Los rituales de paso

Se hacían además rituales para marcar las diferentes etapas de la vida. «En este ciclo vital, el nacimiento era considerado un momento de gran importancia. Por eso, era costumbre visitar la casa del recién nacido y llevar un regalo como muestra de afecto y bienvenida», destaca el antropólogo. Por aquel entonces, niños y adolescentes entregaban una palma o un ramo de lloréu (laurel) a los padrinos el Domingo de Ramos. Una semana más tarde, en la Pascua de Resurrección, recibían de estos un bollo o pegarata como señal de agradecimiento. Con esta tradición, que ha llegado hasta nuestros días, «lo que se hacía era renovar la relación familiar».

Otra fecha señalada en el ciclo vital del ser humano era, «sin duda», la boda. «Al contraer matrimonio, el individuo pasaba a ser un adulto con mayores responsabilidades», explica el experto. Para conmemorar este hito «se hacían una serie de comilonas y se obsequiaba al matrimonio con regalos muy interesantes». En el último tramo de la vida se hacían también rituales. «Hay muchas costumbres en torno a la muerte, aunque algunas ya se perdieron, como la comida funeraria», dice.

Aunque hoy pueda parecer irrespetuoso, «en la sociedad tradicional se celebraba un banquete para reconocer la figura de la persona que acababa de morir». Esta práctica ya no es habitual, pero en algunas zonas de Asturias todavía se conserva la costumbre de conmemorar la muerte de un ser querido. «Ya no se hace un banquete como tal porque es algo que actualmente está mal visto, pero aún se mantiene el gesto simbólico de depositar en el ataúd o la urna un trozo de pan o una pequeña moneda», resalta.

Así, con estos ritos, la sociedad del momento marcaba el paso del tiempo. En estas celebraciones colectivas la gente aprovechaba además para manifestar sus sentimientos. Con los rituales también se transmitían conocimientos, respeto y solidaridad. «Muchos de ellos estaban vinculados a la cooperación en el trabajo y las actividades comunitarias. Por eso, si querías estar integrado socialmente, debías cumplir con esas costumbres. De lo contrario, si una persona o familia rompía esos lazos rituales, quedaba desarraigada de la comunidad», asegura.

La importancia de los elementos naturales

Cada rito, a su vez, está asociado a un símbolo particular. En estos casos, los elementos naturales cobran una importancia especial como puede ser el agua. «Mientras que en el sur de España se hacían rituales con aceite, en Asturias se utilizaba el agua para, por ejemplo, evitar el “agüeyamiento”», destaca. Conocida como «pasar el agua», esta práctica aún se mantiene en Asturias para alejar la mala suerte y superar los peligros. El fuego, por su parte, es sinónimo de purificación y renovación, de ahí que exista la tradición de quemar objetos en determinadas fechas.

En el mundo vegetal adquirían relevancia aquellas plantas que eran consideradas con poderes mágicos, como la ruda. Esta se utilizaba para alejar las malas energías, proteger contra el mal de ojo, y atraer la buena suerte y fortuna. Había también animales que desempeñaban un papel crucial en los rituales. «La culebra, según la tradición bíblica, es un animal malo y perverso, a menudo asociado con la figura del demonio. Sin embargo, en la sociedad campesina asturiana tenía una imagen positiva. Por eso cuando mudaba la piel o “cambiaba de camisa” se hacían amuletos con ella», explica.

El cuerpo humano también era una fuente de símbolos, «que en ocasiones formaban parte de los ritos». Y es que algunas partes de nuestro organismo para la sociedad antigua representaban la salud, la fuerza, la fertilidad o incluso la protección. «Los ojos, por ejemplo, son los que transmiten el cariño pero también el odio y la envidia», señala el antropólogo, que a su vez destaca el empleo de seres inertes para la realización de rituales. «Había piedras especiales que se pensaba que tenían poderes mágicos», apunta.

En las prácticas rituales no solo se involucran elementos naturales, sino que también se emplean objetos. Aunque pueden variar según la tradición y la cultura, estos son utilizados, principalmente, para facilitar esa conexión espiritual. «Uno de los instrumentos más famosos es el pequeño cuerno de venado. Se llamaba alicornio y se usaba para pasar el agua. Se suponía que de esa manera podían descubrir dónde estaba el origen del mal que se te deseaba», explica.

Bajo la influencia religiosa

A medida que fueron pasando los años, los ritos evolucionaron para adaptarse a las necesidades y creencias sociales de cada momento. Buena parte de ellos se incorporaron a las prácticas religiosas. «Durante su expansión por Asturias, el cristianismo aprovechó para incorporar elementos de las tradiciones anteriores. Por ejemplo, el culto a la Virgen muchas veces se reemplazó o se superpuso al culto que antes se rendía a alguna diosa pagana. Además, los lugares donde se construían las iglesias y pequeños templos, frecuentemente en colinas, probablemente habían sido sitios de prácticas rituales previas», resalta.

Con mayor protagonismo en los pueblos

Los ritos se practican de manera general en toda Asturias, pero cada área tiene a su vez sus propias costumbres. «Al final no es lo mismo la zona de la costa que de la montaña, ni tampoco el oriente que el occidente», asegura el antropólogo. No obstante, estas acciones con significado simbólico donde más se han conservado han sido en las zonas más rurales. «Eso es debido a que estaban menos comunicadas y, por tanto, esas tradiciones se conservaban mejor. Pero no siempre es así, porque lo de pasar el agua también sigue vigente en barrios de grandes ciudades», precisa.

Mientras que en algunos lugares de nuestra comunidad se ha perdido la costumbre de celebrar L'Antroxu o encender la Foguera de San Xuan, en otras localidades estos ritos se han revitalizado. «A veces la cultura popular desaparece, pero luego se recrea y sigue teniendo vigor», señala el experto. En este sentido, explica que el rito es una conducta natural: «Los seres humanos siempre nos expresamos a través de mensajes cargados de símbolos. Muchas de estas acciones son, incluso, necesarias para vivir. Por eso, mientras algunos ritos desaparecen, otros nuevos nacen», concluye.

«Todavía está por estudiar», pero es posible que estén floreciendo ritos en torno a la tercera edad. «En la sociedad asturiana tradicional tenía mucha importancia la gente joven; sobre todo, los matrimonios. Sin embargo, ahora se empiezan a ver celebraciones donde tiene mayor peso la gente anciana», destaca. De la misma manera, surgen otro tipo de festejos, porque las condiciones económicas y sociales no son las mismas que antes. «Antiguamente eran las propias familias las que organizaban y preparaban las comidas mientras que ahora lo hace el sector hostelero», apunta.

«Al fin y al cabo, los rituales repiten el ciclo vital de las personas y de la sociedad, ya que tienen un fuerte componente de socialización: nos reúnen, nos conectan y nos invitan a celebrar juntos. Por eso, cuando surgen ritos con un gran significado colectivo, quien se aleja o se abstrae de ellos puede tener dificultades para integrarse socialmente», deduce. De todas formas, «los ritos solo tienen sentido para la gente que los practica».

Uno de los aspectos más importantes de la cultura asturiana

Aun así, los rituales permiten conocer en profundidad la Asturias más tradicional. «Nos descubren aspectos de esa sociedad muy importantes como los económicos, porque la economía es muy importante en el mundo ritual», dice el experto, quien no solo defiende el estudio de estas prácticas, sino también su preservación. «Los rituales son parte del patrimonio, de nuestro legado histórico, por eso conviene conocerlos y, en la medida de lo posible, cultivarlos», manifiesta.