El calor y la sequía avivan los incendios en Asturias: «Serán cada vez más frecuentes por el cambio climático»

Nel Oliveira
Nel Oliveira REDACCIÓN

ASTURIAS

Vista del incendio en el Alto del Acebo
Vista del incendio en el Alto del Acebo Paco Paredes | EFE

«La cantidad de biomasa que hay en el monte, y que ya es muy elevada, al llevar tantos días sin llover, tiene un grado de humedad muy pequeño», explica el experto Arturo Colina

14 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Asturias vive estos días un nuevo episodio de incendios forestales marcado por la simultaneidad de focos y la dificultad de extinción. A lo largo de las últimas jornadas, varios fuegos han afectado a concejos como Cangas del Narcea, Allande, Cabrales, Caso, Coaña o Quirós, en su mayoría originados la caída de rayos. La respuesta al avance de las llamas ha requerido la movilización de más de 200 efectivos entre Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado (SEPA), brigadas forestales, empresas auxiliares, guardería forestal y Protección Civil, a los que se ha sumado la Unidad Militar de Emergencias (UME) con 69 militares y 25 vehículos, además de la Brigada de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) y medios aéreos.

La activación del nivel 2 del Plan de Incendios Forestales del Principado de Asturias (Infopa) ha permitido solicitar apoyo estatal, ante la previsión de temperaturas que pueden alcanzar los 40 grados y la presencia de viento sur, que favorece la propagación. La situación recuerda a otros episodios recientes de gran magnitud en la región, aunque con un patrón meteorológico diferente. Para Arturo Colina, miembro de la Cátedra de Cambio Climático de la Universidad de Oviedo y del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot), el factor determinante en esta oleada está claro: «La biomasa está mucho más seca, más fácil y más intensa». Según explica, el prolongado periodo sin lluvias ha reducido al mínimo la humedad del material vegetal, lo que convierte cualquier chispa —sea por rayos o por actividad humana— en un fuego de alta intensidad.

Colina subraya que, aunque la mayoría de los incendios registrados estos días tienen origen meteorológico, el escenario de partida es especialmente propicio para su expansión. «La cantidad de biomasa que hay en el monte, y que ya es muy elevada, al llevar tantos días sin llover, tiene un grado de humedad muy pequeño», señala. Este contexto no solo favorece que el fuego prenda con facilidad, sino que también complica de forma notable las labores de extinción: «Muchísimo», responde sin dudar cuando se le pregunta si la sequedad actual agrava el trabajo de los equipos sobre el terreno.

Más peligrosos en verano

El experto de la Univesidad de Oviedo remarca que los incendios en verano «son bastante más peligrosos para los dispositivos de extinción» que los registrados en otras épocas del año, como la primavera o el otoño. La razón está en la combinación de altas temperaturas, vegetación seca y, en el caso de Asturias, un poblamiento disperso que hace más probable que las llamas se acerquen a zonas habitadas. «Es fácil que afecte a las zonas habitadas», advierte. Una situación que añade un factor de riesgo para la población y para los propios equipos.

Varias personas en la zona quemada en las proximidades del Santuario de la Virgen del Acebo, en Asturias
Varias personas en la zona quemada en las proximidades del Santuario de la Virgen del Acebo, en Asturias Paco Paredes | EFE

En este sentido, Colina llama la atención sobre las imágenes que a menudo circulan en redes sociales en este tipo de episodios, con vecinos intentando apagar el fuego por su cuenta. «Claro, están sin equipos y llevados por la desesperación», apunta, dejando entrever el peligro de estas acciones en contraposición al trabajo coordinado de bomberos y brigadas. Preguntado por si la actual situación puede compararse a la gran oleada de incendios de hace un par de años, Colina apunta a un factor de fondo: «Básicamente se debe a los cambios de los patrones meteorológicos a los que vamos a tener que hacer frente». En su opinión, Asturias tendrá que acostumbrarse a ver incendios más frecuentes y repartidos a lo largo del año, no solo concentrados en un momento concreto. «Vamos a estar un poco más acostumbrados a ver incendios en Asturias localizados, pero en diferentes zonas del año, en diferentes estaciones», señala.

El investigador vincula directamente esta nueva realidad al cambio climático. Preguntado por el impacto que pueden tener los incendios en las restricciones de agua que ya han aprobado varios municipios, Colina descarta que el uso de agua en extinción agrave por sí mismo la sequía, pero recuerda que el problema es estructural: «Dependen de acuíferos normalmente y eso afecta desde hace ya muchos años». En este sentido, la reducción de nieve en invierno es, según él, un factor clave en la disminución de reservas: «Este invierno casi no nevó, por lo tanto la nieve, que es un embalse natural que almacena agua hasta que viene la primavera y el deshielo y rellena los acuíferos, este año no lo ha hecho».

El episodio que vive Asturias estos días, por tanto, no seríaun hecho aislado, sino parte de una tendencia que, según Colina, se repetirá con mayor frecuencia y en condiciones cada vez más adversas. La combinación de un monte con abundante biomasa seca, temperaturas extremas, ausencia de lluvias prolongada y cambios en la distribución de las precipitaciones genera un caldo de cultivo para fuegos más rápidos, intensos y peligrosos, especialmente en zonas con núcleos habitados próximos.