Las principales amenazas a las que se enfrenta el sector de la faba asturiana: relevo generacional y profesionalización

Marcos Gutiérrez REDACCIÓN

ASTURIAS

Faba Asturiana IGP

La producción anual en el Principado «da para menos de 2 millones de raciones de fabada», afirma Sergio Suárez, presidente de la IGP

29 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Falta de relevo generacional y profesionalización. Estos son dos de los principales retos que tiene que asumir el sector de la producción de faba asturiana con Indicación Geográfica Protegida (IGP).

Los profesionales asumen que la presencia de alubia de importación es una realidad instaurada en el Principado desde hace «muchísimos años». Para combatir esto piden una apuesta por el contraetiquetado de la producción autóctona, algo así como el Documento Nacional de Identidad de la legumbre, así como por una mejora de los métodos por parte de los agricultores.

Características de la IGP Faba Asturiana

La Indicación Geográfica Protegida ampara aquellas fabas, separadas de la vaina, de la especie Phaseolus Vulgaris (variedad tradicional «Granja Asturiana»), que estén «sanas, enteras, limpias, destinadas al consumo humano». Su zona de producción, elaboración y envasado, comprende terrenos y empresas ubicadas en el territorio del Principado.

Se trata de una faba de vaina verde, «lisa y perfil alargado», maduración tardía y grano oblongo, largo y aplanado de fondo blanco, con una longitud mínima de 18 milímetros, anchura máxima de 11,5 y grosor máximo de 8,5.

Las fabas secas amparadas, de acuerdo con la IGP, «deberán pertenecer a las categorías comerciales Extra y Primera, según orden de 16 de noviembre de 1983, presentando las características mínimas de calidad de estas categorías comerciales», es decir, que estén enteras, sanas, exentas de moho, podredumbres e insectos y con un contenido en humedad máximo del 15%.

Las fabas secas de la variedad autorizada proceden de las plantaciones inscritas y las técnicas de cultivo son las tradicionales «que tiendan a conseguir la mejor calidad». Asimismo, la recolección «ha de realizarse con esmero, en la época en que el Consejo Regulador determine, a fin de garantizar la madurez del grano». Del mismo modo, la separación del grano de la vaina se lleva a cabo «cuando el grano está seco y maduro, pudiendo ser manual o mecánico», con la limpieza mediante aire y vibración.

Las judías secas adquiridas por las empresas envasadoras a los productores inscritos, «deberán ser envasadas en los envases de marcas autorizadas por el Consejo Regulador, para los cuales, y tras los correspondientes controles se expedirán las correspondientes contraetiquetas».

Únicamente se ampararan las judías secas de la especie Phaseolus Vulgaris, L., de la variedad tradicional «Granja Asturiana», cuya zona de producción, elaboración y envasado, sean terrenos y empresas ubicadas en el territorio de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias.

«¿Aguanta una empresa solamente con la faba? Pues es muy difícil»

Sergio Suárez López (Coaña, 1980), es el presidente de la IGP Faba Asturiana desde el año 2020, actualmente en funciones. Explica que lleva «20 años y pico en el sector». Comenta que la alubia, que no faba, de importación «lleva instaurada aquí muchísimos años».

En este sentido, puede afirmar «como productor, embajador y conocedor del sector que no es un problema que venga de ahora». «Hace doce años ya estaba y sigue estando», añade. ¿Y por qué, entre otras razones, se da este fenómeno? Pues «porque Asturias produce lo que produce y no se sustenta» la demanda con la oferta regional.

A su juicio, «siempre se buscan excusas» para justificar esta presencia de producción de fuera, cuando «quien tiene que estar concienciado es el agricultor, en primer lugar, y también las empresas, que son las que compran».

Sergio Suárez indica que «la contraetiqueta distingue la faba asturiana de la de importación, porque la faba asturiana es la que va envasada y contra etiquetada», Recuerda, en este sentido, que «en Asturias en 2022, el año que más se certificó, fueron 150 toneladas envasadas y certificadas».

Apunta, como ejemplo para dar idea del escenario actual, que «este año quedó un 30 o 40 por ciento de grano que pusieron los agricultores fuera de la certificación». En este sentido, «desde la IGP siempre se hizo el llamamiento a certificar toda la producción».

«Es verdad que llevamos dos o tres años malos», apunta el presidente en funciones de la IGP. Asevera que «la faba era y es un cultivo rentable cuando las producciones acompañan, pero hay que pensar que, como en cualquier actividad, años malos van a llegar».

«Venimos de un último año seco, el pasado con exceso de humedad y el precedente marcado por la sequía, con lo cual en los últimos 3 años tuvimos dos afectados por defecto y uno por exceso de agua», matiza.

A su juicio, uno de los objetivos pasa por «profesionalizar el sector». al tiempo que explica que «faltan productores» y «relevo generacional». En este sentido, indica que «el 30 o 40% de la de los agricultores que están dentro de la IGP tienen menos de 1 hectárea, con lo cual es un cultivo que es y siempre fue un complemento de otra actividad agraria o de otro trabajo».

Sergio Suárez se cuestiona si «¿se puede aguantar una estructura empresarial solamente con la faba? Pues es muy difícil». Este productor y embajador del sector remarca que «hay un coste de producción muy alto en la faba y tienes que tener otros recursos para tener ingresos».

Una producción anual que da «para menos de 2 millones de raciones de fabada»

A su juicio, atendiendo a aquel productor «que saca todo envasado y certificado desde su casa, desde su instalación, es muy fácil saber» la procedencia de la faba. Suárez apunta que «el año pasado había 217 hectáreas sembradas y este año hay 200», mientras que, en lo que respecta a los agricultores, «se ha pasado de 127 a 111».

Desde su punto de vista, esto demuestra que «el sector está en menos manos, pero de gente que viene a apostar, a quedarse y a vivir de lo que es la faba y la verdina, donde pasamos de 52 a 62 hectáreas».

El presidente de la IGP abunda que «el año pasado hubo 90 toneladas producidas susceptibles de certificar y se certificaron y envasaron 44», por lo que «queda un 40 y pico por ciento fuera». «Somos 111 agricultores para un total, en un año bueno, de 200 toneladas», aclara.

Con esto quiere decir que la producción anual en Asturias «da para menos de 2 millones de raciones de fabada». Es decir, «si cada asturiano comiera una ración de fabas, poco quedaría ya para el turista».