Karmele Morales, psicóloga: «Los niños muchas veces lo que más necesitan escuchar es un "sé que puedes, estoy contigo"»
ASTURIAS
La especialista, conocida en redes como @enlamentedelnino, es coautora de un libro que ofrece estrategias para potenciar la motivación interna y guiar el deseo de aprender de los más pequeños de la casa
02 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.A la asturiana Karmele Morales siempre le ha llamado la atención todo lo relacionado con el desarrollo de los niños. Movida por su entusiasmo por acompañar el crecimiento de los menores, estudió psicología y se especializó en infancia y educación. Es además especialista en pegadogías activas y aplica sus principios en el aprendizaje a través del juego y las experiencias sensoriales. Con la colaboración de su compañera de profesión Nerea Taracena, la fundadora de En la mente del niño acaba de lanzar su nuevo libro El cerebro infantil, en el que comparte estrategias para potenciar la motivación interna y guiar el deseo de aprender de los más pequeños. La obra ofrece herramientas para que progenitores, educadores y cuidadores formen individuos «más curiosos, confiados, motivados y resilientes». Está ya en preventa y, a partir del próximo jueves 9 de octubre, estará disponible en librerías y plataformas digitales.
—¿Qué le llevó a escribir este libro?
—Queríamos explicar el desarrollo del cerebro en los primeros años, y especialmente sobre un tema que me apasiona: el aprendizaje y el neuroaprendizaje. Nos interesa reflexionar sobre cómo podemos ayudar a los niños a aprender sin interferir con su motivación natural, esa curiosidad y asombro que tienen, su deseo de descubrir y aprender por sí mismos. Esta reflexión surge de mi experiencia trabajando con niños, observando cómo aprenden, cómo se mueven y cómo sienten curiosidad por su entorno. Queremos que las personas puedan entender un poco cómo funciona este proceso de aprendizaje, que es tan importante, y cómo podemos acompañar al niño de una manera distinta a la que solemos conocer hoy en día.
—¿Cómo fue el proceso de creación y qué desafíos enfrentó?
—Es un libro diferente a lo habitual, porque hoy en día, aunque hay mucho material sobre psicología infantil y desarrollo, muchos temas se repiten. Por eso buscábamos algo distinto. Ha sido un desafío decidir cómo enfocarlo, buscar información y contrastarla. Además, encontrar información actualizada y de calidad no ha sido fácil. También nos resultó muy complicado estructurarlo porque son muchas ideas y darles forma a algo nuevo siempre cuesta un poco más.
—¿Cómo influye el entorno en el desarrollo del cerebro de un niño?
—Como decimos en el libro, el entorno es ese gran arquitecto del cerebro infantil. No es solo la genética la que marca el desarrollo, sino la calidad de las experiencias que obtienen de su entorno. Y lo cierto es que no hacen falta grandes cosas: las rutinas cotidianas, una conversación durante la comida, un paseo al aire libre, un cuento antes de dormir o la seguridad de un abrazo son experiencias que construyen conexiones cerebrales. Un ambiente rico en estímulos (que no sobreestimulado) pero sobre todo en seguridad y afecto, es la base sobre la que después levantarán su manera de pensar, sentir y relacionarse con el mundo. Lo que viven en esos primeros años, de 0 a 6, es lo que va a incluir en su vida futura.
—¿Hay alguna etapa crítica en el desarrollo cerebral?
—Más que hablar de una etapa crítica, prefiero decir que hay momentos especialmente sensibles y muy importantes en el desarrollo del cerebro. En los primeros años se abren ventanas en las que, por ejemplo, el lenguaje o el movimiento, entre otras, se desarrollan con una rapidez extraordinaria. Es como si el cerebro estuviera especialmente preparado para incorporar esas experiencias. Eso no significa que después ya no se pueda aprender, pero sí requerirá un mayor esfuerzo que en esas edades, donde el aprendizaje se adquiere con más facilidad y de manera más natural. Por eso, lo que los niños viven entonces —cómo se les habla, cómo se les acompaña, cómo se les permite explorar— deja una huella muy profunda en su manera de crecer.
—En el libro hablan sobre la motivación interna en los niños. ¿En qué se diferencia de la externa y cómo se puede fomentar desde una edad temprana?
—De forma muy resumida, la motivación externa depende de premios, castigos, presiones o cualquier forma de« control externo». Funciona a corto plazo, pero no siempre genera un aprendizaje duradero. La motivación interna, en cambio, surge del interés genuino, de la curiosidad y del deseo de superarse. Se acompaña desde pequeños cuando los adultos respetamos su ritmo, ofrecemos oportunidades de explorar, enseñamos la importancia del error para aprender, y damos valor al esfuerzo más que al resultado. El aprendizaje es más significativo, no ocurre solo por obtener una recompensa, sino por el propio placer de aprender algo nuevo y sentirse capaces y orgullosos de avanzar en sus logros.
—¿Qué señales indican que al niño le falta motivación?
—Cuando a un niño le falta motivación, suele manifestarse en apatía, desinterés o una frustración constante ante los retos. El niño también es menos activo, no tiene ganas de jugar o de explorar el entorno. Cuando parece que «no quiere», a veces, se le colocan etiquetas como «vago», pero en realidad lo que ocurre muchas veces es que no encuentra sentido a lo que se le pide o no se siente capaz de lograrlo. Detrás de esa falta de motivación suele haber más cosas, como una necesidad no cubierta: confianza, conexión o simplemente que alguien le muestre que lo que hace tiene valor. También decíamos que, por ejemplo, esas etiquetas negativas generan un bucle que afecta a su autoestima y termina entorpeciendo aún más su motivación. Al final, todo influye.
—¿Qué papel juegan las emociones en la motivación infantil?
—Las emociones son cruciales en la vida y tienen impacto en el aprendizaje. Es importante lo que se aprende pero también cómo se aprende. Por eso, cuando algo les entusiasma o les despierta curiosidad, alegría, sorpresa, etc., se implican de manera natural. En cambio, emociones como el miedo, la presión o la ansiedad bloquean el aprendizaje y el deseo de querer aprender más, incluso puede que termine asociando «aprender» a emociones desagradables.
—¿Cómo se puede fomentar la motivación infantil en los centros educativos?
—Dando espacio a la curiosidad y a la exploración, vinculando los contenidos a la vida real y al interés de los niños. Es fundamental un clima emocional seguro, donde equivocarse se entienda como parte del proceso y no como un fracaso. También ayuda mucho que el aprendizaje tenga un componente de juego, de cooperación y de creatividad. Cuando los niños participan de forma activa en las actividad y se les presentan, cada cierto tiempo, estímulos novedosos les llama más la atención y la curiosidad. Esto hace que estén más receptivos y quieran aprender.
—A medida que crecen los niños cambian sus motivaciones internas. ¿Cómo los padres y los educadores pueden adaptarse a estos cambios?
—Lo que cambia con el tiempo es quizás la forma en que esta se expresa. Por ejemplo, un niño pequeño puede estar fascinado con apilar bloques, pero a medida que crece y se desarrolla, su interés puede dirigirse hacia un deporte o aprender un idioma nuevo. Todo aquello que decíamos de la curiosidad, el esfuerzo y las ganas de mejorar en algo sigue estando, solo que se enfocan en cosas distintas. Lo que motiva a un niño pequeño no es lo mismo que lo que mueve a un adolescente. La clave está en escuchar, observar sus intereses cambiantes y ofrecerles retos adecuados a su etapa. Se trata de acompañar estando presentes y atentos, pero sin dirigir todo el camino.
—¿Qué consejo daría a padres que luchan por encontrar la manera de motivar a sus hijos?
—Seguramente lo primero que se nos venga a la cabeza son cosas externas, animando y apoyando con recompensas o elogios. Pero, no se trata tanto de «motivar desde fuera», sino de crear las condiciones para que la motivación surja desde dentro. Eso implica confiar en los niños, escuchar lo que les interesa, valorar sus avances y darles espacio para equivocarse. Muchas veces lo que más necesitan es escuchar un: «sé que puedes, estoy contigo».
—¿Qué espera que los lectores se lleven después de leer el libro?
—Espero que los lectores comprendan que la infancia no necesita recetas rápidas, sino presencia y sensibilidad. Que entiendan también que cada niño es único, y tiene su propia manera de aprender. La motivación interna es un recurso natural con el que todo niño nace y nuestro papel como adultos es cuidarlo, tal y como refleja esta frase: «el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender».
—Además de la publicación de este libro, ¿qué otros proyectos tiene en mente?
—Actualmente estamos trabajando en crear materiales prácticos para familias y educadores que acerquen estos conocimientos de una forma sencilla y aplicable al día a día.