Una jienense devuelve la vida a La Viliella, en Cangas del Narcea: «No vienes a estar en tu casa, vienes a crear comunidad»
ASTURIAS
Isabel Martínez es una emprendedora andaluza que ha creado Casa Luna para ofrecer alquileres de larga estancia en este pueblo de Cangas del Narcea, ubicado prácticamente en el corazón de la reserva natural integral de Muniellos. «Cuando llegué eran 8 vecinos, pero ahora ya somos 17 de fijo... y contando», explica
02 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Isabel Martínez es una emprendedora jienense que, un buen día, se enamoró del pueblo de La Viliella (Cangas del Narcea), ubicado prácticamente en el corazón de la reserva natural integral de Muniellos. Allí decidió reformar un viejo inmueble dilapidado y convertirlo en Casa Luna, unos apartamentos ideados para ofrecer alquileres de larga estancia.
No solo ha logrado que más vecinos se hayan instalado en la zona, niños incluso, después de 45 años, sino que su impulso ha permitido darle un lavado de cara a caminos, plazas y diferentes emplazamientos del pueblo. También ha logrado dinamizar la vida y el día a día de la zona con diferentes actividades y talleres, además de crear una comunidad y una red de colaboración con sus vecinos. Y, asimismo, ha logrado un «paraíso» en el que vivir con su marido y su hija.
«Todo el mundo me decía que estaba loca, que quién iba a querer ir allí»
Esta andaluza recuerda que, cuando llegó a la Viliella por vez primera, descubrió que «la carretera no llega al pueblo» y «no había ni cartel», un indicador que ella se ha encargado de poner «para que la gente cuando llegara allí supiera para dónde tirar, porque termina la carretera, ves que hay un caminito de asfalto a mano derecha y luego la carretera de tierra al frente y la gente se perdía».
Se decidió a recalar en el pueblo «por un anuncio de Idealista». Esta emprendedora había heredado un terreno de su abuelo, contaba con el dinero de su venta y apostó por «invertirlo en algún sitio». El cambio climático le llevó a descartar la idea de que esa apuesta se llevase a cabo en su tierra, Andalucía, por lo que inmediatamente pensó que «lo bueno sería algo tan verde y bonito como Asturias».
Admite que, antes de dar con la que ahora es su casa, estuvo «mirando en un montón de sitios», con la experiencia previa de haber estado «donde va todo el mundo que no es de Asturias, que es a Cangas de Onís, Picos de Europa y toda esa zona».
Después de un año buscando sitios dio con un anuncio en Internet «que ofertaba una casa en la Viliella, en Muniellos» y pensó «que el precio era bueno, 30.000 euros, por una casa de 300 y pico metros cuadrados con hórreo, 3.000 metros cuadrados de terreno y unas fincas».
Reconoce que no sabía muy bien dónde estaba Muniellos, pero tras una búsqueda breve por la red se quedó «alucinada» con la belleza del entorno de esta reserva natural integral. «Yo compré allí y todo el mundo me decía que estaba loca, que quién iba a querer ir allí», indica.
«En cuanto vi el sitio, pensé que era un paraíso»
Al conocer la historia de la zona comprendió que «estaba totalmente sin explotar». En cuanto las limitaciones de movimiento de la pandemia empezaron a relajarse concertó una cita con los agentes que gestionaron la compra del inmueble. «Nos subimos y estaba nevando aquel año, tuvimos que comprar cadenas, dar la vuelta, tirar por otro sitio... fue una odisea para llegar, pero lo hicimos y yo me enamoré del sitio en cuanto lo vi, pensé que era un paraíso».
Explica que «la gente empezó a marcharse a partir del 69» de la zona, algo que «notas en el paisaje, en la energía, en el sitio...». Comenta que cuando llegó había ocho vecinos viviendo, en un pueblo que había llegado «a tener 274 vecinos, dos bares, cura que daba misas, casa del párroco, cárcel y un montón de historia».
En un principio pensaba destinar la casa a un centro de crecimiento y terapias para retiros, si bien pronto se decantó por los alquileres de larga estancia». Y es que esta jienense ha estado viviendo en las Islas Canarias, «dando clases en una escuela de masaje» y terapias complementarias, contando en la actualidad con su propio centro.
Siempre le había interesado disponer de un espacio para el «retiro de crecimiento personal, para que la gente aprendiera a darse masajes..., por lo que empezó a construir su casa en la Viliella «con esa idea», cambiar la ubicación de su centro a Asturias «y seguir con las formaciones y cursos, pero desde allí».
Sin embargo, cuando llegó pudo ver que en el pueblo «había ocho personas», de las cuales «menos una, que tenía casi 60 años, todas las demás pasaban de 70». No en vano, «el señor mayor, Julio, va a cumplir 90 años ahora». Se percató de que «estaban totalmente abandonados, porque allí la gente iba, como mucho, 20 días o 30 días en el verano, coincidiendo con el mes de las fiestas y desaparecían».
«Yo soy muy sociable y estoy acostumbrada a estar siempre con mucha gente y, sobre todo, me gustan las personas mayores, porque yo he pasado mucho tiempo con mis abuelos y considero que tienen mucha riqueza, mucho que ofrecer».
Una casa «completamente en ruinas, sin nada»
Remarca que su casa «estaba completamente en ruinas, sin nada», antes de la reforma, por lo que pasaba mucho tiempo con sus vecinos, por lo que pudo darse cuenta «de las carencias que allí había» y admite que le daba «mucha pena» ver «tan solos y tan abandonados, hasta por sus propias familias» a sus vecinos.
Esos mismos vecinos le ayudaron «como si fuera su nieta o su hija» y le echaron una muy bienvenida e inestimable ayuda en la reforma de la vivienda. Fue en ese mismo momento en el que pensó que un centro de retiro no era la finalidad más adecuada para los apartamentos, «porque la gente viene, vive la experiencia y se marcha, porque son procesos más cortos».
Luego pensó que «quizá el alquiler vacacional» era buena idea, por «la experiencia de conocer el lugar, las rutas, los molinos de hace 400 años, la central eléctrica, que es una pasada, la ruta del oro...».
No obstante, después de que mucha gente le comentara que «era una lástima el dineral que estaba invirtiendo aquí para nada, porque esto se iba a despoblar», decidió que iba a poner todo lo que estuviera en su mano para que esto no sucediera.
«Voy a ponerlo de larga estancia y a recuperar el pueblo, porque el dinero no es lo fundamental», pensó. En cuanto puso el anuncio de sus apartamentos de alquiler de larga estancia «el primero tardó 20 días» en ocuparse.
«El segundo lo alquilé el mismo día y el tercero a la semana, pero no es porque no me llamara la gente, sino porque, como tengo seguro de alquiler, tienen que aprobármelo y yo pasar el filtro de ver qué tipo de personas son y si se pueden adaptar al pueblo», apunta.
La clave: «Crear comunidad»
Y es que reconoce que «vivir en un pueblo no es fácil, porque mucha gente lo ve como algo idílico y maravilloso, y luego, cuando va allí, dice, 'uf, vaya tela' con lo de tener que coger el coche para cualquier cosa, estar completamente aislado, pensar que te puede pasar algo y no puede subir la ambulancia hasta arriba...».
Entre los requisitos que Isabel Martínez pide a sus inquilinos es que sean «gente que esté dispuesta a involucrarse en el pueblo». «Nosotros tenemos un grupo de vecinos, solo los que vivimos allí de fijo, y nos comunicamos cualquier cosa; si alguien tiene que subir a Cangas le trae los medicamentos a los mayores, si alguien va a Villablino trae comida, pellets o lo que necesitemos; si uno de los vecinos tiene que subir al médico organizamos ese día para que alguno de los vecinos más jóvenes pueda subirlo y aprovechar para hacer las compras, ayudamos con los animales...», explica.
La clave es que «no vienes a estar en tu casa, vienes a crear comunidad». El pueblo en poco tiempo ha pasado de 8 a 18 habitantes, al tiempo que «los vecinos que iban antes los 20 días en las vacaciones ahora, como saben que hay gente, ya van más tiempo» y más regularmente. «Ahora nos juntamos con la gente de Larón y hacemos actividades; por ejemplo, en noviembre en mi casa vamos a organizar un observatorio astronómico, hago talleres para que venga gente de la zona, cenas temáticas, traigo voluntarios de otros países a que me ayuden a reconstruir el pueblo», detalla.
Después de 45 años, vuelven los niños a La Viliella
Una de las cosas de las que se siente más orgullosa es de lograr «tener niños en La Viliella». «Este verano estuve hablando con una señora del pueblo, la abuela de mi yerno, y me dijo que hacía ya casi 45 años que no había niños», apunta.
Entonces puso un anuncio en el que «se ofrecía casa para familia con niños y una familia se ha venido a vivir a uno de los apartamentos, con dos niños pequeños de 10 y 8 años, un niño y una niña, que son la alegría del pueblo».
En este sentido, en los apartamentos viven «una pareja de 30 años ella y 28 años él, que están súper involucrados en el pueblo y con los vecinos que teletrabajan», además de «esta familia con los dos niños, que han sido como agua de mayo para el colegio y para los otros niños».
Además, «en el apartamento de arriba hay un chico que es cocinero, mi marido, mi hija y yo y luego hay unos inquilinos que estuvieron en mi casa, se enamoraron del pueblo y han comprado otra casa allí».
«Luego tengo otros inquilinos, que también estuvieron en la casa de en medio, se enamoraron de La Viliella y han comprado otra casa para irse allí a vivir... unos ya están allí viviendo y los otros se van a ir allí a vivir en breve», asevera. «Cuando llegué a La Viliella eran 8 vecinos, de los cuales ya nos murieron dos, pero ahora ya somos 17 de fijo... y contando», explica.
Esta voluntariosa jienense y su familia ya ha recuperado la fuente del pueblo y está rehabilitando «la plaza antigua, que era donde vivía el cura y la cedió». «Le hemos puesto unas columnas, una barandilla de madera, queremos poner una fuente, aunque sea de mentira, porque no puede llegar el agua, estamos restaurando muros que se han caído y en el verano desbrozamos todos los caminos para que podamos caminar», indica.