Las primeras voces empiezan a pedir cazarlos en Asturias mientras en Grecia o Japón se viven experiencias similares
26 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La caza del oso en Asturias es un texto clásico, una carta de Pedro Pidal a Fermín Canella en la que se relata un mundo desaparecido, una Asturias decimonónica en la que se pagaba a los paisanos por entregar cuerpos de osos, a los que se consideraba alimañas y se explicitaban los precios y las hazañas de los más forzudos cazadores (alguno capaz de enfrentarse al plantígrado a navaya). Con la entrada en el siglo XX el panorama cambió por completo, el oso pardo cantábrico pasó a ser una especie protegida, se convirtió también en un animal totémico para una Asturias que hacía gala de la protección de su medioambiente y la feroz belleza salvaje de sus parajes; pero ha habido un giro más de tuerca en los últimos años y el último siglo, y ya hay voces que reclaman abiertamente poder cazar osos de nuevo. Y no sólo en Asturias.
En el Principado lo hizo la semana pasada de forma explícita la formación Vox y lo hizo en la Junta General aunque no en un pleno. Con motivo de una visita del portavoz nacional del Campo de Vox, Rodrigo Alonso, los diputados asturianos del partido de Abascal reclamaron que «la actividad cinegética se utilice también para controlar la población de osos cuando sea necesario, siempre con indemnización por daños». Después de lograr que se puedan cazar lobos el siguiente objetivo en el punto de mira es el oso. Hace más de una década lo pidió en términos similares Francisco Álvarez-Cascos, aficionado a la caza, con el argumento (similar al de la defensa de la tauromaquia) de que permitir la caza del oso es también una garantía de la supervivencia de la especie. Ese es el argumento aunque no hay más razones detrás que esa mera exposición de palabras.
Con la boca más pequeña lo han ido defendiendo asociaciones y colectivos ganaderos en Asturias; de forma reciente, el verano del año pasado, el Secretario de Unión Rural Asturiana, URA, Borja Fernández, aseguró que el oso «ya no está en peligro de extinción» (una afirmación que no se sostiene científicamente) y también reclamó «tomar medidas, bien sea el traslado de ejemplares a otras zonas, la esterilización de los mismos o lo que crean oportuno».
Hay algo que es cierto y que la recuperación de la especie supone más choques con humanos. Hay algunos ataques a ganado, a veces a colmenas (como el que sufrió el propio presidente del PP de Asturias, Álvaro Queipo), y se han incrementado las medidas de protección en áreas en las que un animal podría entrar en zonas habitadas por humanos, en busca de comida en la basura, especialmente desde el primer ataque a una persona registrado en Asturias después de 30 años, el que sufrió una vecina de Sonande, en Cangas del Narcea, en la primavera de 2021 cuando había salido a dar un paseo nocturno. El susto es difícil de describir y la mujer sufrió heridas severas, pero salvó la vida.
Grecia contra los osos
En una historia paralela a la de Asturias, en Grecia en el norte del país se hizo un esfuerzo también para salvar de la extinción al oso pardo, pero ahora hay poblaciones que piden también poder cazarlos después de algunos encontronazos con los animales.
Según un reportaje de Euronews, el número de encuentros entre personas y animales salvajes ha aumentado en los últimos años en Grecia, incluso en zonas residenciales, debido al crecimiento de las poblaciones de osos pardos, lobos y jabalíes. Los osos, que «no son agresivos» salvo si se ven sorprendidos o si alguien interactúa con sus crías, han protagonizado algunos incidentes recientes.
Según la organización ecologista Arcturus, hasta 870 osos pardos deambulan hoy por los bosques del norte de Grecia, multiplicando casi por cuatro su número desde la década de 1990. Los lobos también han incrementado su presencia, favorecidos por factores como la reducción de la caza o inviernos más suaves. Esta expansión ha provocado un aumento de los contactos con la población, que en muchos casos desconoce cómo comportarse ante un encuentro con fauna salvaje. Este año se registraron varios incidentes graves, como «un niño mordido por un lobo», «un anciano herido por un oso en su patio trasero» o un excursionista «atacado por otro oso».
En localidades como Levia o Valtonera, en el norte de Grecia, los vecinos han observado un incremento de jabalíes, zorros, osos y lobos dentro o alrededor de los pueblos. Algunos habitantes reclaman una mayor protección y la ampliación de la temporada de caza. Los expertos señalan que este fenómeno responde no solo al crecimiento de las poblaciones, sino también a factores como los incendios forestales, las molestias sonoras o la despoblación rural. Según Panos Stefanou, de Arcturus, «hay sequía, falta comida en el entorno natural» y «la desertización de los pueblos hace que las zonas residenciales sean más atractivas para los osos».
Japón envía al ejército
Al otro extremos del mundo, en Japón, ha hecho falta recurrir al ejército. Pero es que desde el pasado mes de abril se han registrado hasta 13 muertes relacionadas con ataques de estos animales.
Solo en la prefectura de Akita (también en el norte del país) se han registrado 60 ataques, incluidos cuatro fallecidos, y más de 20.000 avistamientos de osos entre abril y septiembre, unos 7.000 más que en el mismo periodo del año anterior. Las autoridades vinculan esta situación al fuerte aumento de poblaciones de osos negros y pardos, cuyo número ha crecido en las últimas décadas, alcanzando en Hokkaido (la isla más septentrional) unos 11.700 ejemplares, según estimaciones de 2024.
Ante la gravedad del problema, el Gobierno japonés ha desplegado a la Fuerza Terrestre de Autodefensa para colaborar en operaciones de control, limitadas por ahora a apoyo logístico. Unos 15 militares trabajan en la instalación y transporte de trampas, el uso de drones y la asistencia a cazadores, mientras en algunos municipios se pide evitar los bosques, permanecer en casa por la noche y llevar cascabeles para ahuyentar a los animales. Paralelamente, la Agencia Nacional de Policía estudia permitir que sus agentes puedan abatir osos con rifles, y el Gobierno evalúa ampliar la capacidad municipal para autorizar cacerías en zonas pobladas.
Los expertos señalan que la crisis responde a factores como el abandono rural, la pérdida de tierras de cultivo, el envejecimiento de la población o el cambio climático, que afecta a la disponibilidad de alimento. Según un estudio citado por NHK, alrededor del 70 % de los ataques se producen en zonas habitadas.